19.11.11

Alberto Caraco . Inmolarse en el recuerdo




BREVIARO DEL CAOS




Inmolarse en el recuerdo


 
 


A veces parece
que estamos en el centro de la fiesta.
Sin embargo
en el centro de la fiesta no hay nadie,
en el centro de la fiesta está el vacío.

Pero en el centro del vacío hay otra fiesta.

Roberto Juarroz

 
“Nuestras revoluciones son puramente verbales y cambiamos las palabras para darnos la ilusión de estar reformando las cosas, tenemos miedo de todo y de nosotros mismos, encontramos la manera de eliminar la audacia yendo más allá de la audacia y tener ocupada la locura exagerando la locura”.

Alberto Caraco



Albert Caraco (Constantinopla, 1919 – Paris, 1971) es un provocador incendiario con las heridas abiertas que zigzaguea entre la delgada línea que separa la locura de la lucidez más incómoda, la más lacerante, aunque no menos que el actual orden y sus simulacros de revoluciones y conflictos. Una mezcolanza que no priva de sufrimiento a muchos, si bien estos se debaten camino del matadero y de siglos (felizmente) pretéritos entre los dos polos opuestos de la cobardía: el optimismo y la autocompasión. Mientras, la razón sufre desde la distancia de la vida misma, allí donde un fatalismo superlativo e irreversible se instala, y donde los razonamientos acaban cediendo terreno a un lamento seco que a nadie busca ya seducir. Caraco es una voz crepuscular sin la profundidad ni matices, ni la inteligencia ni la ironía, de Emile Cioran (aquella que Octavio Paz creía que “nos ayudaba paradójicamente a vivir”), pero que también acusa al hombre de ser el único responsable de su precaria condición y lo hace desde prismas más peligrosos, desde púlpitos que ignoran la complejidad del mundo y todo lo reducen a una ecuación matemática. En parte también desde el odio mal disimulado que llevaba dentro y que se convirtió en el peor enemigo de sí mismo. Desde la derrota. Con su desprecio al mundo se enterró a sí mismo: su suicidio, horas después de la muerte de su padre, reveló su obra póstuma y le libró de más escarnio público. El miedo a existir en un mundo donde todo parece tan gratuito que acontece insoportable y la pérdida del último de sus progenitores, que lo condenaba a enfrentarse sólo a la vida, pesaron demasiado sobre él. Las profecías apocalípticas de sus escritos no se han cumplido, y, sin embargo, la cuerda sigue tensándose y el caos se agazapa enmascarado en las ficciones de las gacetillas, cada vez más amenazadoras e incomprensibles en su origen y devenir, siempre tan mitigadoras. Quizás Caraco subestimó la insondable capacidad de sufrimiento del hombre o su resignada esperanza, quizás olvidó la larga tradición de explotación del hombre por el hombre. Mucha poesía se ha escrito después de Auschwitz, muchas páginas se escriben cada día después de cada día. Las denuncias y las tropelías que deberían prender la mecha se repiten y caen en saco roto, en frívolas entrevistas y otros masajes mediáticos: la información no es un problema, la nula conciencia sí, las imágenes que nos adiestran para la vida, y, sobre todo, la corrupción de todos los discursos, la cobardía a dar la cara cuando importa y, en cambio, empalabrar la realidad a nuestro antojo.

They Live (1988) de John Carpenter
En 2006, aquí en España, la editorial mexicano-española Sexto Piso se atrevió con Breviario del Caos. Es decir, el holocausto demográfico de la ley de Malthus, la superpoblación y los excesos que conducen a la progresiva pauperización, a la esclavitud como elección desde la libertad sin conciencia de las ataduras. “Se me reprochará que edifique sobre la catástrofe y la considere la condición previa al reordenamiento del universo… Reconozco mis errores, quiero declararme culpable. Hay que redefinir al hombre y repensar el mundo, pero ya es demasiado tarde, incluso para soñar con ello. Los salvadores pasan al igual que las generaciones y el orden permanece”, sentenciaba. Tan sólo nihilistas y anarquistas gozaban de su simpatía por “ser los únicos clarividentes”, por, intuyo, bajarse de la noria y no actuar como figurantes ni apostar por secundarios de la misma historia. Caraco es un maldito, no un escritor que incorpora el malditismo como etiqueta para vender más e insuflar rebeldía impostada a sus lectores, sino un maldito que no tiene lugar en las estanterías y que ha sido deportado de las librerías. Todo con el inusual mérito de que sus libros agrandan su lista de enemigos, reduce el número de posibles lectores y alargan su condena como proscrito. Su perfil biográfico no exige menos, aunque alguien podría argumentar que el talento no siempre cae del lado de la bondad. Hay bastardos que lo tienen a raudales, auténticos psicópatas que dejan caer de vez en cuando alguna verdad. Caraco, como muchos vocingleros que demandan demasiada atención, se revela de la peor calaña y el sueño de cualquier psicoanalista, como da fe en sus diversas obras y diarios (Ma confession, Le semainier de l'agonie, L'homme de lettres, etc). Algunas notas . Aprueba la pena de muerte (“I approve of the death penalty”); se define como un lobo solitario (“I witness, alone in my room, as an isolated man, a man walled up, a man who chokes and who will die in the dark. My audience is the walls of my room”); posee aires de grandeza (“My book will blow up like a bomb over Europe”); no deja lugar a los equívocos (“I am a racist and a colonialist”); no reparte los mejores deseos a nadie (“I would be pleased indeed, if the universe were full of blazing ovens, and crowded concentration camps, and starving people deported”); ensalza a la raza judía (“We are the backbone of the white race”) y al rato la desprecia (“God! The Jews are ugly!”); aborrece el deseo (“Desire has nothing honourable about it, pleasure has nothing sublime”); es un misógino de campeonato que prefiere “their own hands to the legs of the ladies” y cuyas relaciones evidencian no pocos trastornos afectivos (“I have had very few relations of experience with women, usually poor street women. Those rare creatures whom I payed to overpower didn’t heat up my blood”); profesa admiración por la monarquía (“The sooner we reestablish monarchy, the better”) y la nostalgia por tiempos imperiales; admira a Céline a quien considera a “true born writer, a “possessed man”, más bajo el influjo de la persona política que de su obra literaria y no panfletaria. Con todo, en Breviario del caos se agolpan sin ambages los peores reflejos de nosotros mismos en todos sus excesos: mirar al abismo forja el carácter si uno consigue alzar la mirada después. Y, como se suele decir en estos casos y ante tanto timorato, más en los tiempos que se avecinan, no me hago responsable de sus opiniones citadas (“”), ni el hecho de que las reproduzca es sinónimo de avenencia.
 
Slavoj Zizek: The Reality of the Virtual (2004) de Ben Wright
De súbito, dice Caraco, nos preguntamos el porqué de aquello que nos pasa, nuestra confianza en un progreso sin límites se desvanece tras años de ensueño girando en círculo y el mundo, transformado por el hombre, escapa de su sombra: nuestras obras nos superan y se vuelven en nuestra contra. Debemos nuestro entendimiento a nuestra violencia y apenas recordamos ya las lecciones del pasado, pues la única lección que enseña la historia es a olvidar los avisos. Ahí está, por ejemplo, el capitalismo y sus crisis cíclicas (cada vez más abisales) y sus respuestas cínicas (cada vez más desvergonzadas y públicas). Un naufragio en jerga tecnocrática y opaca que arroja impunidad para sus responsables y ahoga a millones de homo videns que, sí, un día tras otro también soñaron con ser contramaestres. Demasiado ocupados en aparentar ser felices como para sentirse solos y observar el engaño, tan deseosos de participar en las emociones generales y el way of life. Jean Baudrillard se preguntaba en El abismo del sentido (1978): “¿Podemos preguntarnos sobre ese hecho extraño de que después de varias revoluciones y un siglo o dos de aprendizaje político, a pesar de los periódicos, de los sindicatos, de los partidos, de los intelectuales y de todas las energías puestas para educar y para movilizar al pueblo, se encuentren aún (y se encontrarán exactamente igual dentro de diez o dentro de veinte años) mil personas para levantarse y veinte millones para permanecer “pasivas” y no solamente pasivas, sino para preferir francamente, con toda la buena fe y con alegría y sin siquiera preguntarse por qué, un partido de fútbol a un drama humano y político?”. La ecuación es la misma: They live. We sleep. El tan manoseado "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie", de Lampedusa. Y es que si uno se queda quieto está muerto y nadie le va a tender una mano. La norma es perseguir una miseria estable, real y lo mejor disimulada posible, una burbuja inflada que otorga exiguos derechos siempre a la baja a personas tan ocupadas trabajando por sobrevivir que jamás podrán pensar en cómo vivir.
 
Stalker (1979) de Andrei Tarkovsky
Según Alberto Caraco, “las ciudades que habitamos son las escuelas de la muerte porque son inhumanas”, allí nos “apilamos por millones perdiendo nuestras razones de vivir” y de las que “no saldremos salvo muertos, pues nuestro destino es siempre multiplicarnos con el único fin de parecer innumerables”. “Los hombres están a la vez libres y atados, más libres de lo que desean, más atados de lo que notan, compuesta de sonámbulos la muchedumbre de mortales, y el orden que no tiene interés en que ellos salgan del sueño porque se volverían ingobernables”, añade. El hombre que se niega a conocerse prefiere inmolarse, imaginando que es más sublime morir, morir innumerable y en manada por una causa común, que reconsiderar finalmente el mundo que habita y donde la juventud padece más que goza el hecho de ser joven. Nada hay más insensato que detenerse en los aspectos más negativos del carácter de uno, nada hay más común que criticar con hipocresía esos mismos rasgos en el sistema donde uno se cobija. “Nuestros padres, ellos tenían la elección de morir o sobrevivir, mientras nosotros sobrevivimos ya. El mundo está lleno de gente que sueña con morir. En el caos donde nos hundimos hay más lógica que en el orden, el orden de muerte en el que permanecimos tantos siglos y que se desarma bajo nuestros pasos automáticos. Los hombres más puros no tendrán más que el recurso de matarse los unos a los otros para no despreciarse a sí mismos”, afirma en las páginas Breviario del caos. 
 
“La cuestión principal es encontrar ese motivo antes de la noche, porque si a la mañana siguiente no tienes una buena mentira en el cajón de la mesilla, las vas a pasar putas para levantarte”.

“Engáñales, apréndete la música de la canción, sílbala, tararéala, pero nunca aprendas la letra, diles que tienes mala memoria, cualquier mentira vale; pero no aprendas la letra”.

A bordo del naufragio. Alberto Olmos
En el universo pesimista de Caraco el orden y la guerra – el exterminio- avanzan inseparables de la mano y no basta con declararle la paz al mundo pues cree que nadie escucha, nadie se escucha. Su visión apocalíptica, de constante redoble, se extiende página tras página sin propuesta alguna de enmienda: “Pronto el mundo no será más que un astillero donde, igual que las termitas, miles de ciegos, afanados por perder el aliento, se afanarán, en el rumor y en el hedor, como autómatas, antes que despertarse, un día, presas de la demencia y que degollarse unos a otros sin cansancio”. Sostiene que la locura se enraíza bajo nuestros edificios y es nuestra muerte lo que reclama. No hay diálogo posible, y Caraco sólo contempla en el caos una nueva oportunidad al más puro estilo de Wall Street, al tiempo que pregona nuestra culpabilidad con un orden que nos aboca a un sólo destino. Preferimos, dice, la catástrofe a la reforma, antes elegimos inmolarnos que repensar el mundo y no lo repensaremos más que en medio de las ruinas con dioses hechos a nuestra imagen, nuevos hologramas corporativos y figuras del entretenimiento que nos apacigüen, pues el espectáculo, como apuntaba Guy Debord, “es el guardián del sueño” de una sociedad que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. La fe, dice el escritor, no es más que una vanidad más entre las vanidades y el arte de engañar al hombre sobre la naturaleza de este mundo, que es de absoluta indiferencia, como cuando te cortan la entrada del cine o te cobran sin mirarte. De poco sirven para Caraco las páginas de la historia, los errores del pasado. “Ofrecemos un caos de migajas a la generación que viene y negamos las lecciones de la historia, queremos siempre innovar, para estar a la moda”, ironiza. Y en la moda todo vale para llamar la atención. No obstante, no inventamos nada nuevo. ¿Y la palabra? ¿El diálogo? “Entre nuestros medios y nosotros no existe ya un lenguaje común, y por ello la palabra comunicación está de moda”. ¿Y el llamado progreso, hoy convertido en capitalismo cool en el que los objetos nos transfieren nuestra forma de ser y nuestro espíritu, por encima de nuestras acciones? “No le guardo rencor al hombre común, cada vez más indiferente y que se estima satisfecho porque la industrialización le procura las apariencias de la felicidad, aunque sea de manera provisional”, asegura. 
 
La Société Du Spectacle (1973) de Guy Debord. Y La precesión de los simulacros (1978) de Jean Baudrillard


Ulrike Marie Meinhof (1994) de Timon Koulmasis.
Afirma Caraco que la masa se consuela engendrando hasta perder el aliento con el fin de ser innumerable y de abastecer, sin cansancio, a una legión de víctimas. “El número es el instrumento del mal, el mal quiere que los hombres se multipliquen, pues mientras más supearbunden los hombres, menos vale el hombre, para ser humano el hombre no será nunca lo suficientemente escaso”, escribe. Ataca con furor al orden y a las estructuras de poder, al tiempo que avisa que el tiempo de las plegarias ha caducado. “Nuestras religiones nos engañan sobre nuestra evidencia y los creyentes no repensarán el mundo. Nuestros intelectuales no saben más que actuar y nuestros religiosos no saben más que mentir, ninguno sueña con repensar el mundo. Un hombre digno de este nombre en este siglo no cree en nada y de ello se vanagloria”, vocifera. Las religiones son fácilmente substituibles por los gobiernos, y hoy en día los gobiernos por aquellos más a la sombra, que como los verdaderos burgueses, y no aquellos que hacen ostentación estirando en el imaginario su clase media a base de la contracción de deudas, anteponen la discreción a sus vicios. La confrontación no falta, entre gobierno, religión y el poder, pero en el fondo se utilizan los unos a los otros sin jamás herir las conveniencias. Pura escenificación entre tanto ajetreo por vivir con el entusiasmo que ponen las chicas que no son demasiado guapas. Y aquí Caraco denuncia el simulacro en que se ha convertido, tanto la felicidad como el dolor, y, sobre todo, el cambio en el que muchos creen. “Nuestras revoluciones son puramente verbales y cambiamos las palabras para darnos la ilusión de estar reformando las cosas, tenemos miedo de todo y de nosotros mismos, encontramos la manera de eliminar la audacia yendo más allá de la audacia y tener ocupada la locura exagerando la locura”. Puramente verbales, como la contracultura que diseccionan Joseph Heath y Andrew Potter en Rebelarse vende. Una contracultura que se ha zambullido a la izquierda a cambio de un nadie nos representa tan seductor como estéril. Gritos sin dirección que claman un autoindulto inmerecido, como si nos acabáramos de despertar y nada de esto tuviera que ver con nosotros. Gritos, para más inri, encallados en el apoliticismo, en las ilusiones y en dar lecciones de las que nadie toma nota y que rápidamente se tergiversan ya que la insatisfacción hacía lo existente se ha convertido en una mercancía para una prensa alienada que les olvidará mañana y rescatará cuando les convenga. Sólo después de olvidar eres inocente, y por eso culpable. Alberto Olmos (A bordo del naufragio) carga en su último libro Ejército enemigo, una de las novedades editoriales más sobrevaloradas y descuidadas en su forma por este genial autor, en esa desaparición de un enemigo a batir: "La revolución no va a llegar. Nuestros soldados son todos traidores. La batalla no se está librando. La guerra no se ha declarado. No hay bandos suficientes para contender. Sólo hay un bando, que se ejercita luchando contra sí mismo en un espejo mediático. Que no existía nada parecido a 'acción colectiva', a 'movimiento social', ni siquiera a 'trabajo en equipo'. Aquí cada cual salvaba su propio culo, abonaba su propia felicidad, detectaba un beneficio adecuado a su carácter y a sus deseos y lo extraía de la máquina: del trabajo, de la gente, de las desgracias ajenas, del escaparate. Pensé que nadie nunca había hecho nada por los demás. Pensé que nadie nunca haría nada por los demás. Porque nadie ignora el significado de la palabra 'recompensa'. Me compensa. Me conviene. Te compensa. No es hipocresía. Es esquizofrenia. Un pie en el barro y el otro en el cuento de hadas. El ciudadano se ignora a sí mismo". Y no acaba ahí su visión desoladora, oportuna y oportunista que encuentra en tanta hipocresía razones de más para desear un auténtico reseteo. “Saber la verdad no nos impide actuar como si no la supiéramos. La verdad es inútil. Lo único útil es otra realidad. Ya no se hacen cosas para que cambie la realidad, sino para que se sepa que se hacen cosas. ¿Durante cuánto tiempo nos seguiremos engañando con esta mierda? [...] ¿No sería mejor dejarlo todo al albur del caos, cesar en las ayudas puramente amansadoras, y permitir un sufrimiento tal que, al cabo, hiciera a millones de personas tomar las armas y devolvernos la calderilla? La solidaridad no sólo ha fracasado, sino que ha evitado la reacción. Ha abierto sucursales de esperanza en el espacio reservado a las franquicias de la revolución. [...]. Ha puesto diques al dolor y ha dado a las empresas multinacionales un argumento de marketing: basta con poner un logo solidario en su etiqueta. La solidaridad se volvió superficial, se alejó del terreno íntimo para ser incorporada al simulacro.... Es muy fácil arreglar el mundo a distancia: parece que hasta funciona. Pero no funciona, lo siento mucho. Todo eran campañas simbólicas, simulaciones a medio camino entre el sentimiento de culpa y el sentimiento de distinción que no aportaban nada a la labor de mejorar el mundo. Los abajofirmantes eran los abajojodientes". Un discurso de ideas con ganas de agradar e incendiar, pero muy en sintonía con las tesis de Caraco, eso sí, desde el terreno de la ficción y no con la implicación excesiva que llevan al escritor nacido en Constantinopla a caer en el influjo de la eugenesia y el nazismo.


Saturday Night and Sunday Morning (1960) de Karel Reisz
La moral, el orden, la fe y el interés material - dice Caraco- “se unen para condenarnos a ser tribu”. Unos necesitan fieles, las naciones defensores (un concepto bélico algo anticuado hoy en día donde las guerras son televisadas y los gobiernos no pueden diezmar a sus poblaciones enviando a sus ciudadanos a las trincheras) y los industriales consumidores. “A los amos les son necesarios los esclavos, el despoblamiento sería su ruina, prefieren que el universo estalle. El paro del movimiento – que salvaría al mundo- sería en perjuicio suyo. Cuando creemos obedecer a Dios, obedecemos al hombre. Nuestras autoridades no saben nada, no se ponen de acuerdo más que para arrullarnos con embustes, con el sólo fin de mantener los privilegios adquiridos y perpetuar su establecimiento. Nuestra fidelidad nos condena y nuestra obediencia nos sentencia. Nos predican la sumisión y la confusión. Nuestras religiones son los cánceres de la especie. Traicionan como respiran, son pesos amarrados a nuestros pies. Han preferido su propio poder a la felicidad de la especie humana”, afirma en un discurso con más virulencia que muchos en la órbita del tan educado 15M. Y se pregunta: “¿Se castiga a los falsificadores de dinero y se perdonaría a aquellos que no viven más que acreditando falsas?”. Y de entre todas las falsas hoy, la más dañina es el pensamiento positivo, o el optimismo, el pecado más criminal para Caraco. Michela Marzano, por ejemplo, cree que el orden se sirve de “la ilusión de libertad individual para perpetuar la explotación de unas personas por otras”. “Esa es la trampa – envuelta en toda esa palabrería de autoayuda- de la felicidad por el trabajo. Sostiene que el trabajo es el único camino de la realización personal hacia la felicidad. De esta forma sólo puedes ser feliz haciendo ricos a los amos. Y ya no te queda ser el pobre e inocente desgraciado, de antaño, ahora si no eres feliz, encima eres un indolente culpable de tu desgracia”, explica. La esperanza de una felicidad futura en un sistema injusto es el gran éxito del orden que todos siguen a pies puntillas. Hay que sonreír siempre y anularse para conseguir un puesto de trabajo, dar a entender a todo el mundo que tienes un sueño, el de todos, que trabajas más duro que nadie pavoneándote la mitad del tiempo que dices trabajar… “La esperanza y la fe sólo incrementan sus males”, resume Caraco. 


Drink up with me now and forget all
about the pressure of days
Do what I say and I'll make you okay and drive them away
the images stuck in your head

Between the bars | Elliott Smith


"Nun, o Unsterblichkeit, bist du ganz mein".

Heinrich von Kleist.
El nacionalismo también es achacado como uno de los principales males e instigadores del caos. “Por cada país que hace la Historia, más de veinte la sufren”, sintetiza. “El nacionalismo es una enfermedad universal cuya curación será la muerte de los frenéticos. Es un pretexto noble para morir. La enfermedad no perdona ya a ninguna nación y todos los países se parecen hasta en el tipo de furor que los opone y los anima a degollarse unos a otros. El nacionalismo es el arte de consolar a la masa de no ser más que una masa”, opina. Nacionalismos o estadios llenos, banderas o escudos, primas de riesgo e intereses, todo vale. En un ángulo más íntimo propugna “renunciar a nuestros recuerdos en el momento en que nos enorgullecen, y a nuestras ilusiones cuando toman demasiado sitio”. Para este pensador el nacionalismo es un obstáculo que provoca que haya que cuidar a aquellos “hombres de poco valor quienes, en su delirio, piensan que tienen derechos, a pesar de su impotencia”. Y de ahí que Caraco manifieste que “desde el instante que sangramos por una causa, le damos crédito sin mirar lo que ésta encierra”. "Il est l'eure de s'enivrer!"
 

Wall Street (1987) de Oliver Stone.
Catastrofista hasta la médula, Caraco no tiene fe en la capacidad de reforma del ser humano, en los logros conseguidos. “La catástrofe es necesaria, la catástrofe es deseable, la catástrofe es legítima, la catástrofe es providencial, el mundo no se renueva por menos”, dice. Según él, resultará más sencillo construir desde cero que intentar pulir durante décadas. Ya estamos demasiado enfangados, nuestras deudas difícilmente las podremos devolver asistidos con la respiración artificial como lo estaremos el resto de nuestras vidas. El crimen que adjudica a la humanidad es el de innumerabilidad que convierte al hombre en mercancía y los condena al peor de todos los vicios, la pobreza. “No hay otro vicio en este mundo que el de ser pobre, ya que todo pobre se vuelve un criminal a partir del momento en que, al suscitar un pobre, le entrega a la miseria una nueva prenda”, atiza sin espacio para el equilibrio y la justicia social en un mundo donde cada ciudadano se ha convertido en empresario de sí mismo, enfrascado en la misión de reinventarse cada día y gestionar con eficacia sus relaciones personales. Ataca el estatuto familiar tradicional que pregona familias más o menos numerosas, con independencia del poder adquisitivo de las mismas. “El optimismo criminal, la vergüenza de estos tiempos. Cuando se vuelva criminal la fecundidad, castigaremos un día el crimen. Con 100 millones de humanos la Tierra sería el Paraíso. Sin la esperanza y sin la incredulidad los hombres no consentirán nunca volverse estériles, las mujeres menos todavía, es el optimismo quien nos mata y el optimismo es el pecado por excelencia. La negativa a confiar y la negativa a creer acarrean indefectiblemente la negativa a engendrar”, resume. ¿Su propuesta? Menos es más, una resta para supuestamente sumar con unas consecuencias tan poco disimuladas como aterradoras. “El único remedio para la miseria es la esterilidad de los miserables, pero el orden para la muerte, el orden de los comerciantes y de los sacerdotes, nos prohíbe incluso hablar de ello. No podremos cambiar nuestras ciudades más que aniquilándolas, aunque sea con los hombres que las pueblan. Así castigaremos a aquellos que han nacido indeseables y que se jactan de multiplicarse aún, les enseñaremos que vivir es un abuso, jamás un derecho, y que merecen perecer porque ocupan demasiado espacio aumentando la fealdad del mundo, abrumado por un excedente de hombres”. Y remata en sus delirios que juegan su baza al hecho de que cada vez vivimos menos como hombres: “El precio de nuestras virtudes no habrá sido nunca más que un holocausto. Podremos reconstruir el universo cuando sea destruido y cuando los hombres se hayan vuelto más escasos que las cosas”. Un terror a la muchedumbre, como sinónimo de la tumba de lo humano, que no sintoniza con la ceguera cristiana sobre el placer. “Es la fecundidad, no la fornicación, la que destruye el universo, es el deber y no el placer. Deseamos que la carne tenga derecho al placer”. 
 
Bruce Nauman
Los hombres están demasiado ocupados en proyectarse como algo atractivo en el mercado que, en sus años de tránsito, soportan todo tipo de injusticias: sus ansias de placer no dejan tiempo al nacimiento del deseo. Caraco asegura que la prosperidad de los ricos no durará eternamente “en el seno de un mundo que se une en la miseria absoluta” y que por ello no tendrán más opción “que exterminar a los pobres o ser pobres a su vez”. Hay poca generosidad con el hecho de que esos pobres han pagado con su sudor las fiestas del vecino rico, ese supuesto 1% que hace y deshace a placer. Todo ello mucho antes de la eclosión de la globalización, el querer lo mejor y más barato a costa de los demás para después poner el grito en el cielo cuando las condiciones laborales de aquellos contaminan nuestros logros sociales. Él lanza los dardos a los individuos, a los que acusa de “autómatas espermáticos” por el hecho de no ser conscientes de su condición de pobres y consumistas, y no dejar de creer que sus vástagos pueden abandonar esa condición: unas excepciones que son eso, excepciones en un modelo que mantiene al supuesto 99% a pan y agua, e ilusiones, las de los sorteos millonarios.“El imperativo categórico de estos tiempos es el optimismo y aunque sea en los bordes del abismo, hemos vuelto a la magia verbal, conjuramos y exorcizamos”, apunta. Y las almas bien intencionadas, concienciadas, de buena voluntad o mala conciencia, sobre todo mala conciencia, en su afán de ayudar, opina Caraco, sólo perpetúan el problema dando un sentido a sus vidas. “La caridad no más que un engaño y los que me la enseñan son mis adversarios”, dice. La solidaridad no ha fracasado, pues no intenta solucionar problema alguno sino ocuparnos en un problema tan embrollado que exige borrón y cuenta nueva, distraernos con el enunciado. Todo barruntado con alguna pincelada de la marea verde: “Los paganismos consideraban divina la naturaleza y no la hubieran violentado”. 
La dolce vita (1960) de Federico Fellini
Y es entonces, hacía el final, cuando el escritor judío se despeña por las páginas más negras de la historia avisando que no habrá piedad. “Debemos golpear hoy a aquellos que mañana golpearían, tal es la regla del juego y esos que nos imploran nos castigarían pronto por haber olvidado. Debemos armarnos de su barbarie para estar a la medida de su desmesura”, advierte. Asimismo, hay espacio para un atisbo de culpabilidad: “No sabemos más que barbarizar a aquellos que pretendemos instruir y los desarmamos frente a la vida, aparentando prepararles para ella”. Es un espejismo y sus deseos de exterminio vuelven con fuerza en las últimas páginas donde en un discurso sin ambages y frases lapidarias dilapida sus reflexiones incómodas para convertirlas en peligrosas a los ojos de cualquier editor, su visión de un futuro sin enfermedades, sin hambre, sin trabajo molesto ni terror. “El futuro es de la simplicidad. Las ideas claras y precisas ya no están de moda. El deber del rico es ser más fuerte que el pobre o esperarse lo peor. Estoy convencido de que el racismo tiene futuro. Un día nos volveremos racistas para comer, seremos hombres de necesidad en el peor sentido de la palabra, seremos materialistas y racistas, los dos principios van a unirse como se unen en nuestros días el nacionalismo y el socialismo”, sostiene. Como se unen la banca y el poder sin grandes proclamas ni líderes, como muchos ciudadanos de a pie, verdaderos arribistas a pequeña escala que dan validez moral al expolio a cambio de unas vacaciones y un abrigo nuevo cada invierno. Y no acaba ahí, Caraco sigue en caída libre por el populismo más rancio y, sobre todo, en la diana equivocada que él mismo ha desplazado del poder del capital, religión y nuestros propios actos a otras culturas, tal y como hacen casi la totalidad de los mediocres. “¿Qué vamos a oponer a estos bárbaros? ¿La tolerancia y el laxismo? Nos aplastarían, riéndose de nosotros. Nos volveremos sus siervos o sus víctimas, nuestras mujeres sus prostitutas y nuestros bienes su botín. Ellos no nos perdonarán haberlos humillados sin haberlos exterminado enseguida. La tolerancia es un mito y el respeto no es más que un delirio. ¡Dichosos los muertos!”. Y la pregunta se repite. “Qué vamos a oponer a estos bárbaros de las finanzas que juegan a hacer realidad los deseos de Caraco? ¿Qué vamos a oponer a nosotros mismos? 
 
Fight Club (1999) de David Fincher


16.11.11

El futur de la premsa

Reportatge escrit a l'agost del 2011 pel diari ARA.

EL FUTUR DE LA PREMSA


A ningú no li agrada morir…

La premsa digital nadiu, una aposta de futur i present 



Tallar arbres, processar la fusta, transportar el paper a una rotativa en un gran magatzem, imprimir milers d’exemplars i repartir-los a nombrosos i allunyats punts de venda. O escriure i fer clic. És una síntesi reduccionista, ben cert, però amb un pòsit d’axioma que esgarrifa a molts capitosts de la premsa tradicional que, malgrat la irrefutabilitat del futur digital, encara no veuen una finestra de negoci oberta de bat a bat, més aviat un precipici on perdre tots els privilegis i tomballar a la despietada jungla on Google és el rei. “A ningú no li agradar morir... La premsa no té més futur ja que Internet”, sentencia Vicent Partal, director de Wilaweb. És per això que molts emprenedors, des d’antics periodistes amb una dilatada trajectòria a imberbes sortits de la facultat que s’hi troben les portes d’entrada als mitjans segellades i les de sortida obertes pel temporal econòmic, s’han arriscat a crear diaris digitals nadius, exclusivament disponibles al web. “Saben que el paper passarà a ser un article de luxe molt ràpidament, però els fa pànic donar el pas perquè les estructures que el paper permet no poden existir a Internet –afegeix Partal–. Els diaris seran molt més xicotets. Redaccions de, per exemple, més de cinquanta persones seran impossibles de sostenir”. “Les diferències són enormes, tant en filosofia, recursos, estructura com models de negoci”, diu Juan Varela, periodista i consultor de mitjans. 

La paradoxa és que “vivim a la millor època possible pel periodisme i la pitjor imaginable per a la indústria periodística”. “Els periodistes joves tenen una gran sort perquè poden generar projectes propis amb una facilitat que esborrona”, anima el director de Vilaweb. “Hi ha bons periodistes i més lectors que mai. El que falla són les empreses que fan d’intermediàries”, apunta Salvador Cot, director de Nació Digital. Aquest mes de juliol han doblat respecte l’any passat: 237.000 usuaris únics. “El model d’empresa periodística ha canviat. Quan més triguin a donar-se compte els grans mitjans, pitjor per ells”, assegura Nacho Cardero, director d’El Confidencial, diari electrònic que bufa 10 espelmes aquest any amb “4,5 milions d’usuaris únics al mes”.

El temps canvien: Verba volant...

Les paraules romanen, però també volen, com els temps. “El mecanisme de prova i error és obligat en un moment on tot canvia a una velocitat a la que és impossible adaptar-se”, opina Varela. Al 2009 The Seattle Post-Intelligencer va aturar les seves màquines després de 146 anys de vida als carrers. El seu planter d’uns 170 periodistes s’ha reduït a un grupuscle d’uns 20 que d’ençà capitanegen la versió digital. Més a tocar, el Xornal de Galicia, diari nascut a internet al 1998, ha durat dos anys i mig als quioscos. Ara tornen a bolcar esforços a la xarxa. “La crisis específica dels mitjans, la crisis econòmica global i la falta de suport institucional”, van ser el factors apuntats pel Xornal al seu comiat. Gairebé tota la premsa depèn dels ajuts institucionals i la compra en bloc d’exemplars, una pràctica molt tocada amb les retallades. Mentrestant, les edicions dels 25 diaris digitals més importants dels Estats Units han experimentat un increment del 20% en subscripcions des del passat maig. Aquí alguns diaris nacionals han vist com el nombre de visitants diaris a les seves versions digitals ja supera amb escreix el nombre de lectors de la seva edició en paper, com és el cas d’El Mundo. El paper ha perdut gairebé 400.000 lectors la darrera dècada. Encara així, “els grans diaris no saben que fer amb les seves edicions digitals. I a les comarques la desorientació és més greu”, assereix Cot.

Per a acabar-ho d’adobar, el descens asfixiant de la publicitat: el 40% de la publicitat, uns 770 milions d’euros, s’han esfumat del paper des de 2007. Aquí radica un dels grans inconvenients de la transició, malgrat cert vessament dels anunciants a la xarxa, un univers atomitzat on la capacitat per rendibilitzar espais publicitaris és molt inferior. A afegir la presència de gegants com Google o Facebook. “La rendibilitat tradicional de continguts només per pagament i publicitat és insuficient. Els mitjans del futur han de ser innovadors tant en el contingut com en el negoci”, recorda Varela.

Com sustentar aleshores l’engranatge més abrinat de la premsa digital nadiu? “Vilaweb sempre s’ha finançat per la publicitat i les aportacions de l’empresa editorial. El passat mes de juliol vam posar en marxa una comunitat de lectors, +VilaWeb, que paguen de forma voluntària per sostenir la independència del diari”, comenta Partal. “És cert que la publicitat es desplaça a Internet, però no necessàriament a les empreses que produeixen continguts, sinó a les que els ordenen, com Google, Youtube o les xarxes socials. Una possible solució és la segmentació sigui territorial o temàtica, que faci més interessants els mitjans digitals als anunciants”, aposta en Cot. “Hi ha espai per mitjans gratuïts i de pagament. Molta gent pagarà sobretot si té els continguts que desitja de la forma més accessible possible, en els seus dispositius favorits, però la competència redueix els preus i rebaixa el públic disposat a pagar per la informació. La taxa de conversió d’usuaris gratuïts a pagament és molt baixa i dubto que augmenti tot allò que els editors esperen”, albira Varela.

¿Viure sense subscripcions?

La resposta dels mitjans tradicionals al nou escenari és fer passar als lectors per caixa. “Els grans mitjans en el seu afany per sobreviure, i capejar les rèmores de les seves plantilles sobredimensionades i elevats deutes, estan sostraient recursos informatius per destinar-los a nous sistemes de pagament de futur incert”, lamenta Cardero. I afegeix: “La premsa online pot viure sense subscripcions. Els usuaris, això sí, poden pagar per determinats serveis especialitzats. Els serveis premium són un error excepte quan es tracti de serveis útils pels lectors. Qualsevol exclusiva informativa a la xarxa deixa de ser-ho al instant. Paga un sol usuari per aquella informació i als dos segons està circulant per la meitat del planeta”. “No pots aspirar a que tots els lectors paguin i l’alternativa dels serveis premium em sembla que no funciona ni funcionarà. Però si volem ser forts el nucli de lectors que s’identifica més amb el projecte ha de pagar. La comunitat de lectors ha de ser la base i el motor informatiu del diari. El tema no és només si paguen o no”, creu Partal. “Internet és de franc, i no hi ha símptomes que això hagi de canviar enlloc del món. Així que més val adaptar-s’hi. Dubto que la informació a la xarxa passi a ser de pagament. La ràdio sempre ha estat gratuïta i no està en qüestió, així que cal adaptar-se al que hi ha, no al que ens agradaria que fos”, diu Cot.

“Els diaris en paper tendeixen a fer valer que tenen una dimensió més gran. Intenten apartar els digitals oferint més continguts. Què això a la llarga els acabarà matant a ells és un altre tema...”, avisa Partal. Amb tot, allò rellevant no haurien de ser els suports i les estructures, sinó un periodisme com eina de transformació vers una societat més justa. “El futur serà dels mitjans que facin periodisme de qualitat, que siguin oberts i participatius i desenvolupin el model comercial adequat”, vaticina Varela.

Més carrega política que periodisme a la xarxa?

“Ambdós, paper i web, tenen dependències econòmiques, però més el primer que el segon degut a l’actual crisi que travessem”, afirma Cardero. Molt sovint s’acusa a alguns portals de ser més polítics que periodístics contaminats pel fenomen dels confidencials. “És usual que el paper intenti denigrar els diaris exclusivament web discorrent que som simples pamflets. No és veritat, els hi pot la por. Contrastem la informació igual o més que qualsevol diari en paper”, s’hi defensa. “Alguns estan enquadrats en estratègies de partit com ja passa al paper”, reconeix Cot.


26.9.11

Arsenal ressorgeix a la xarxa

 Reportatge publicat al diari ARA (3-09-11).



CULTURA AUDIOVISUAL




Arsenal  ressorgeix a la xarxa


La web del realitzador Manuel Huerga recupera el programa de culte. 
“Ens passàvem la vida a la sala de muntatge, no vèiem la llum”.

Dans la ville blanche (1983) de Alain Tanner


Fa més de 25 anys un programa marcava el ritme de la modernitat al país a tota mena d’artistes i agitadors culturals. Aquell programa de culte ara ressorgeix per a les noves generacions i els nostàlgics a la web del seu creador, el realitzador Manuel Huerga, on s’estan bolcant els 44 programes que els dilluns a mitjanit va emetre TV3 entre el 1985 i el 1987. “Era un programa que pretenia estimular els cinc sentits. Intentàvem tocar temes de moda, però també era un laboratori experimental del llenguatge d’una manera molt intuïtiva. La seva principal característica era que es basava en l’art del muntatge, associar sons, músiques i referents al voltant d’un tema que apel·lava a l’imaginari i als records”, recorda Huerga. Arsenal explotava la tècnica del collage imposant un torrent d’imatges iconoclastes i poètiques, sense presentador i poca paraula. El primer episodi, Souvenir, era tota una “declaració de principis” que rendia homenatge a les home movies, el vídeo familiar i íntim, a través de fragments de films de Jean Vigo, Iván Zulueta o Antoni Padrós. I també alguna peça d’encàrrec d’on va sorgir Souvenir, curtmetratge domèstic de José Luis Guerín. La idea de fons era: “Amb la suma de moltes pel·lícules podem fer una nova pel·lícula”.

L’antecedent d’Arsenal, més que embrió, és Estoc de pop, magazín de cultura emès entre el 1983 i el 1985, també realitzat per Huerga conjuntament amb Elena Posa. “Tenia una estructura de programa molt encotillada i nosaltres ens sentíem una mica incòmodes, teníem moltes idees i poc espai”, rememora Huerga. Al capdavant d’un equip (Juan Bufill i Jordi Beltrán) que provenia de l’escola experimental, Huerga es va reunir amb la direcció de TV3 amb una nova proposta. “Vam proposar un full en blanc, un programa sense contingut ni duració fixa, vam demanar que ens posessin a la cua de la graella perquè de vegades duraria 30 minuts i de vegades una hora. Sorprenentment ens ho van acceptar”, s’exclama encara.

Calidoscopi cultural

The Smiths, Mink De Ville, Nico i Philippe Garrel, Joy Division, Marcel Duchamp... La llista de referents apareguts al programa és enciclopèdica. “Va ser un esforç vital. Ens passàvem la vida a la sala de muntatge, no vèiem la llum”, comenta Huerga. En el sisè programa, que posava a prova la resistència de l’espectador, van reivindicar el dramatisme i la musicalitat del crit, un intent de convertir la histèria en música. TV3 els va exigir escurçar el metratge i el capítol es va quedar en 32 minuts: “Posava a prova els nervis als espectadors”. “Se’ns ha volgut comparar amb La edad de oro, però els plantejaments eren molt diferents. Nosaltres teníem la voluntat de fer una obra de creació que no fos una cosa passatgera, que quedés a la retina de l’espectador, que no fos un programa de consum”, reivindica Huerga.

L’hereu més clar d’aquell programa audiovisual d'apropiació que proposava una nova cultura audiovisual potser va ser Boing Boing Buddha a BTV, laboratori de Huerga, Andrés Hispano i Félix Pérez-Hita. En perspectiva, reflexiona Huerga, “Arsenal és la història d’un fracàs, la televisió està feta per a un llenguatge planer i entenedor que no demani esforços dels espectadors. Nosaltres no apostàvem per competir, sinó per ser diferents” 

Arsenal
 

El boom de les websèries


 Reportatge publicat al diari ARA (26-09-11).



FENOMEN A LA XARXA


El boom de les websèries



Molts joves talents troben a la xarxa un trampolí a la televisió 
o un espai de llibertat sense clixés 


40 euros. Aquest va ser el preu del primer capítol de Malviviendo. A dia d'avui més de 16 milions d'espectadors han passat per la seva web i ja coneixen a El Negro, El Kaki, El Zurdo i El Postilla. Les websèries -sèries creades per ser emeses a la xarxa- no entenen de contraprogramació, ni de blocs publicitaris, ni d'horaris, ni de padrins. No acostumen a durar més de 10 minuts, malgrat hi ha agosarades excepcions. Si fa dècades els curtmetratges eren el laboratori on nous talents es donaven a conèixer i s'educaven, ara les websèries són una plataforma equivalent. L'aparició de Youtube, la caiguda dels preus de les càmeres i la crisi de la indústria audiovisual ha fet esclatar un fenomen que ja ha estat segrestat amb oportunisme per algunes televisions, un camí que va obrir Qué vida más triste al 2008 a La Sexta. N'hi ha que s'emmirallen a la televisió al final del túnel, d'altres s'hi troben més còmodes a la xarxa i no volen saber res de trampolins, d'altres apunten més alt. “Fer pel·lícules és allò amb el que hem fantasiejat tots, i tot el que fem, dia rere dia, és per arribar-hi”, admet David Sáinz, director i guionista de Malviviendo, la sèrie online més popular, creada al 2008 per una colla d'amics a l'atur de Sevilla.

“No està molt lluny el dia en que les cadenes de televisió hauran de competir per guanyar-se l'audiència en condicions similars al que succeeix a la xarxa. La irrupció de la televisió connectada convertirà la graella de programació en una cosa del passat: cada vegada hi ha més consumidors que es configuren i personalitzen la seva programació audiovisual. La frontera entre sèrie i websèrie començarà a difuminar-se”, avisa l'Albert Garcia Pujadas, director del WebSeries Festival. A la primera edició s'hi van presentar 220 episodis pilots de websèries. “Sortosament la gent no està disposada a esperar pacientment a quarts de deu de la nit a que comenci la seva sèrie. Ni tampoc vol veure la programació massiva, políticament correcte i els clixés del mainstream que li serveixen, sí o sí, els canals convencionals. Vols escollir el què, el quan i el com. I si a més li permeten interactuar amb el contingut i establir una relació molt propera... és un vincle molt difícil d'aconseguir per la televisió de sempre”, resumeix Garcia, soci de Nikodemo, empresa creadora de Cálico Electrónico (2004-2010), websèrie pionera que va arreplegar 5 milions de visites mensuals. Ara, dins l’univers transmèdia i quan la convergència de mitjans fa possible un flux de continguts a través de múltiples canals, “les websèries representen una opció real a l’hora d'estendre una història a altres formats, però amb sentit per si soles i sense necessitat d'experimentar el conjunt per comprendre-les. Per tant, les websèries són i seran fonamentals dins d'aquesta constel·lació de dispositius, llenguatges i canals. Una peça essencial en la creació d’aquests univers d'experiències més o menys interactives amb l'usuari”.

“Els nanos no estan per ximpleries. No els hi expliquis que la seva sèrie la fan els dimarts a la nit perquè el dimarts a la nit potser el que volen és anar a fer un tomb”, sosté Jair Domínguez, creador de Cubicles, la primera websèrie en català i, segons diu, “no corrompuda per la televisió”. “Volíem fer la primera websèrie d’humor en català, volíem obrir una porta, encara que fos petita, per esperonar a altres realitzadors, actors o guionistes a fer el mateix. Demostrar que sense pressupost poden fer-se coses”, comenta Domínguez,  guionista de ràdio i televisió que ha publicat un llibre de títol provocador: Jesucrist era marica. El gènere rei és l'humor, el més econòmic, però tampoc falten apostes com la gironina Crònicas Drakonianas, websèrie fantàstica i medieval inspirada en l'univers de Tolkien, Conan o Lady Falcó, “un símptoma que es va madurant”. “Les coreografies de combat són el nostre fort i tot i que no podem muntar grans infraestructures sabem aprofitar el que tenim. Per què crear una nevada artificial quan podem rodar en plena tempesta?”, opina la Mireia Blasco, corealitzadora amb Cesc Martinell, que afegeix: “Som prou conscients de no incloure als guions escenes impossibles pels nostres mitjans com batalles multitudinàries o personatges en 3D, però a la vegada ens hem encarregat que la història sigui atractiva sense necessitat de grans escenes”.

Menys mans i menys despatxos
A banda de la llibertat d'horari i “la llibertat de dir i mostrar sense que ningú ho censuri”, la xarxa democratitza l'exhibició i trenca el bloqueig. “Abans el que volia dedicar-se a això depenia que el seu treball passes per moltes mans i molts despatxos fins arribar a l'espectador. Avui en dia tenim la sort de recolzar-nos en una xarxa amb la que arribem al públic de manera directa. Les websèries són una forma més de mostrar-se, no són substitutes del curtmetratge, sinó una altra alternativa, un trampolí”, assevera Sáinz. L'èxit de Malviviendo va provocar diversos flirteigs amb cadenes i productores, i el salt a la televisió semblava inevitable, però “les ofertes que van arribar mai van ser suficientment importants com per abandonar internet i censurar tota la filosofia i l'univers de Malviviendo. Seguim intentant fer una websèrie que sigui rentable des de la xarxa”. “La nostra websèrie té molta acceptació fora d'Espanya, sobretot a Llatinoamèrica, i és d'allà d’on ens han arribat les ofertes de cadenes de televisió. I aquí a Espanya? Ens dóna la sensació que el pastís ja està repartit i encara que facis bons productes, sinó te'n ha tocat una part...”, lamenta Martinell, corealitzador de Crónicas Drakonianas. “A la xarxa sense una idea no vas enlloc, però sense padrins no aniràs gaire lluny. A les televisions les idees no importen un cul”, es queixa Domínguez. Tanmateix, Internet per se és una finestra més, però no és garantia de res. “L'error és pensar que és infal·lible, ja que Internet també està ple de frustracions i de projectes que no arriben enlloc, això és una possibilitat que s'ha d'acceptar des del principi, i no perquè sigui online la patacada serà menys dolorosa. És a dir, entrar al món de les websèries pensant que és bufar i fer ampolles pel fet de ser internet pot ser molt perillós”, matisen Xavier Daura i Esteban Navarro, responsables de Venga Monjas, “el nostre laboratori”, on s'hi poden trobar websèries com Doctor Beirut o Coneix la teva ciutat, entre d'altres.

Les motivacions a l'hora de llançar-se a la piscina són diverses. “Per alguns les websèries serveixen per poder donar el salt a la professionalització, per altres és pura diversió o una forma més interessant de mantenir-se ocupat mentre busquen feina. Per alguns, un grup cada cop més nombrós, són ganes de provar coses noves”, sintetitza Garcia. “Nosaltres no perseguíem la idea d'una websèrie, ni molt menys. Cadascú estava amb la seva carrera i Venga Monjas va començar com una forma de matar l'estona, una conya marinera amb la que sortir-nos de la rutina. Però, com moltes vegades passa, el que fas per matar l'estona mentre intentes arribar al teu objectiu acaba convertint-se en la teva autèntica professió. Com al film de Woody Allen [Small Time Crooks] en el que munten una pastisseria com a tapadora per cometre el robatori d'una joieria, i finalment descobreixen que els pastissos donen molta més fama i riquesa”, recorden la parella de Venga Monjas, Daura i Navarro. Aquests dos amics, especialitzats en sketchs surrealistes, avui en dia treballen com a guionistes a la televisió. Aquest passat estiu ho han fet amb el Terrat en la realització de la sèrie de televisió Galactic Gym, emesa per TNT. “Que un director novell entri al món del cinema és impossible i el circuit de curtmetratges, que abans era una opció barata i atractiva, ja no té sortida. L'opció més assenyada és tenir una idea, agafar una càmera i endavant. La xarxa és imprevisible”, apunta Domínguez.

L’escull del finançament: “Buscar la diversió i no esperar res”.
“Fins fa poc temps s’hi guanyaven molts diners, especialment els que pertanyien a l’establishment”, recorda Garcia, però, ara “el sector audiovisual està fent la seva reconversió industrial”. “Si muntes una websèrie amb la idea de treure beneficis immediats et pots acabar suïcidant als quatre dies. És millor no capficar-se amb el tema del finançament per començar perquè pot ser precisament aquesta preocupació el que acabi matant el projecte. La millor actitud és la de buscar la diversió per sobre de tot i no esperar res”, compendien Daura i Navarro. Per ells Venga Monjas és un “projecte personal i desinteressat” que “mai hauríem de deixar encara que arribéssim a cobrar quantitats milionàries per guió”. “És l'escull insalvable. La bona gent de Moritz ens van donar cervesa. Aquest és el nostre benefici. Ningú n'ha tret ni un duro, només n'hem perdut”, comenta Domínguez. La conseqüència és que, malgrat apareixen moltes websèries, poques superen la primera temporada o bé es queden aturades després d'un grapat de capítols. La gran majoria de productes són amateurs i intermitents. I encara que estan més basats en la comunitat i en els visionats acumulats, també necessiten d'una audiència a concentrar a fi de monetitzar esforços. “Malgrat Malviviendo mai ha donat diners suficients per viure d'ella, si és cert que ens ha donat nom i treball alternatiu remunerat a videoclips o anuncis”, reconeix Sáinz. Amb tot, admet que “fer alguna cosa sense rebre res a canvi és bastant dur. La falta de mitjans t'obliga a buscar-te la vida, però no és allò ideal. És pràcticament impossible viure de l'audiovisual a la xarxa”. Una situació que inclou demanar a tècnics o actors treballar de franc en un treball comunitari altruista. El joc de la publicitat també és molt diferent respecte al món hertzià. “El punt fort dels continguts broadcast és concentrar audiència, interrompre-la amb publicitat i explotar-la – explica Garcia-. Quan la gent fa zàping o està connectada amb l’ordinador, el tablet o el mòbil, aquest model broadcast, trontolla. Les websèries no funcionen igual perquè el seu origen i la seva essència són diferents”.

“Produir websèries és difícil, però convertir-les en negoci encara ho és més. El finançament de websèries és inexistent i no apareixerà fins que es demostri que pot ser un bon negoci. És un peix que es mossega la cua. Els models de negoci han d'evolucionar, però de moment ningú ha trobat la solució màgica”, recorda Garcia. Ell va viure de prop l'enfonsament de Cálico Electrónico amb mig peu a la televisió: “Abans les teles podien coproduir una sèrie, ara és molt més difícil. Els hi has de portar la sèrie acabada. Nosaltres [a Nikodemo] ens vam quedar sense recursos a mitjà travessia i la manca de finançament va fer la resta”. Una possible solució és el crowfunding. “El gran avantatge és que et permet ajudar des d'un mínim totalment assequible a qualsevol butxaca”, comenta Blasco. La seva websèrie, de cara a la segona temporada, va arreplegar 3500€ dels seus seguidors per filmar un capítol pilot de 40 minuts. La recompensa pels donants eren cursos gratuïts de lluita escènica o dir alguna frase en algun capítol. “Encara que tinguem molta col·laboració altruista necessitem donar de menjar i traslladar a tot el personal. Tot i que n'érem conscients, monetàriament parlant només hem obtingut despeses, però això no és un impediment per seguir endavant”, diu Martinell engrescat. “Tot i que el camí no es fàcil, si ho és trobar la manera de fer realitat un somni si un té clares les seves idees. Nosaltres ho estem fent i ens hem trobat amb missatges de seguidors que ens animaven a seguir perquè els hi semblava veure part dels seus somnis reflectits en el nostre. Res no és impossible del tot, però cal lluitar cada dia”, afegeix Blasco, la seva companya en la realització i la interpretació a Crónicas Drakonianas. A la primera temporada la seva websèrie proposava al final de cada capítol dos possibles camins, i eren els seguidors qui decidien per on continuava la història. També Malviviendo bescanvia samarretes exclusives, DVD's amb extres o una xamosia digital personalitzada als seus seguidors a canvi de donacions des d'un mínim de 5€. “Els pocs recursos econòmics fan que es puguin produir webseries amb costos quasi bé simbòlics, però això és un miratge. Es poden produir perquè la industria està ociosa, o sigui, a l’atur, o manquen oportunitats per als joves talents. Cal trencar l’esquema. És necessari fer productes de qualitat, atractius per als usuaris, només llavors hi ha possibilitats que arribin els diners...”, conclou Garcia. 

A l’entrada del diccionari de les websèries figura que el públic d'aquest producte és jove, malgrat realitzadors com Sáinz opinen “que hi ha de tot com al sofà davant del televisor”. “Encara queda molt camí per descobrir, i, com ha passat amb els videojocs, el públic pot acabar obrint-se a límits que avui en dia ens semblaria increïbles”.  La duració? No més de 10 minuts per norma, un marge que s’anirà ampliant. “És veritat que els vídeos sempre va millor que siguin curts que no pas llargs, hi ha menys paciència. Però també és veritat que, si la peça està ben feta, tant se val el que duri. L'exemple més clar és que la websèrie amb més èxit d'Espanya és Malviviendo, amb capítols de quasi mitja hora. O que dels nostres vídeos, el que ha tingut més èxit entre tots sigui Llamadme Claudia, de 28 minuts”, diuen Daura i Navarro. Un altre dels tòpics (o no) és que expliquen històries que mai veuríem a la televisió. “L'autenticitat de les websèries és molt difícil trobar-la a la televisió”, afirma Garcia. Amb tot, també hi ha calcomania. “Fer una sèrie per internet imitant el model televisiu és tristíssim, és com tenir una novia ximple i lletja només per dir que tens parella. I la idea d'explicar històries que mai veuríem a la televisió també és una bestiesa. Tant les sèries online com les sèries de televisió haurien de ser productes sorgits de la inquietud de voler explicar una història, no com a imitació ni resposta a alguna cosa superior”, defensen els creadors de Venga Monjas. I Domínguez brama: “Hi ha una manca d'imaginació alarmant. Ara que tothom té una càmera i que els iPhone graven a 5 megapíxels, què frena als nanos a fer grans coses? Sembla que els futurs directors estan més ocupats gravant gilipollades i penjant-les que creant”.