24.2.08

¿Un mundo cultural y feliz?




¿Un mundo cultural y feliz?








Nada más obvio que inaugurar un pretendido blog cultural pincelando algunas ideas, propias y ajenas, sobre la cultura. ¿Qué es la cultura? ¿Aquello que sobrevive cuando lo hemos olvidado todo? ¿Un adorno a la prosperidad y refugio de la adversidad? ¿Un nuevo diseño del opio? No hay relación social de producción sin reglas de conducta ni discursos de legitimación de un orden establecido. En otras palabras, nos encontramos en un sistema de adoctrinamiento (léase también cultura de masas o industria cultural) con la misión de conformar patrones de pensamiento y estilos de vida no aleatorios. Las palabras claves de dicha industria son: uniformización, especialización y concentración. Todo ello sobrevuela los conceptos de cultura popular y de masas, siempre tan ambiguos (Madame Bovary). Y ni rastro de la fuerza, una dominación arraigada en la inconsciencia de sus garras o su relativismo. Se trata de una cultura que invierte el proceso creativo, pues parte de una necesidad comercial que conlleva el cosido del disfraz de un autor o una moda.

Una cultura mansa, masificada y especializada; sazonada hipócritamente con su condición de progre que no progresista, por medio de artículos de denuncia de pandereta desde un dirigismo excluyente. Un ensayo de posturas como muecas subastadas: críticas y otros géneros de dudosa vigencia periodística. ¿Les suena esa crítica que arremete contra todo, pero sin que nadie pueda darse por aludido, pues a nadie nombran? ¿Acaso no leemos, por ejemplo en El País, artículos condenatorios del modelo pseudocultural que busca el beneficio económico antes que el cultural, para los viernes comprobar que Babelia se construye primordialmente base de publicidad y efemérides? ¿Es casualidad que el suplemento cultural ABCD sea el mas valorado en la prensa estatal debido al valor añadido de la ecuanimidad? Respiramos un periodismo cultural de novedades, donde parece que las novelas las escriban los editores, las críticas las hagan los escritores y la distribución los críticos. Que se lo pregunten a Ignacio Echeverría que como crítico literario pretendió ejercer de crítico literario. ¡Qué osadía! Y para más inri con una novela editada dentro del conglomerado de intereses del grupo que le daba de comer. La lógica empresarial procedió y el plato de amargo alpiste le fue retirado al crítico irresponsable.

Sin embargo, no me interesa ahora entrar cínicamente de lleno en la industria cultural y los daños colaterales en la elaboración de productos, lejos del calvario de Osip Mandelstam o Bulgakov, de la exigencia moral y estética que les privó de ver impresa su obra. Aquello realmente interesante es reflexionar sobre el significado que le damos, consciente o inconscientemente, a ese consumo. En la política, como en el uso de la cultura, el exceso de fe es el peor socio. La fe ciega desemboca en el ad absurdum. Una línea que el perfil cultural por antonomasia de la década, ejemplificado en el inefable gafapasta, no traspasa nunca en su exhibicionismo poco divulgativo. Este personaje, a modo del mandatario de marras y abanderado de la política cultural de la cuantificación como adalid de la felicidad y nobleza, no se toma jamás en serio su doctrina. Sus réditos y metas se agazapan tras sus sofismas, aquellos mismos que los cándidos aceptan antes de rebelarse o marchitarse como herejes. Eso es lo de menos, la cultura como el negocio y la muerte arrampla con todo. Su principal delito: convertir los resultados de un proceso creativo en objetos de cambio y no de uso. Aunque, existe en este esparcimiento una disculpa compartida, establecida de común acuerdo, que conlleva el sosiego del consumidor. Un camino por el que avanzar y progresar en algún sentido. Un pasajero soplo de felicidad quizás. Muy probablemente ser engañado es una desgracia; pero no serlo es una desgracia extrema.





5 comentarios:

Sergi dijo...

La estética gafapastil y esa disculpa compartida me han recordado el libro "Afterpop". Un ensayo deslavazado y, en mi opinión, con un exceso referencial que llevó a olvidar ciertas nociones básicas sobre las características y necesidades de un texto argumentativo.

Evidentemente, el libro fue celebrado con religioso proceder en los reducidos círculos de beatos.

Fraentic dijo...

Si no fos xq odio a mort Woody Allen, em cauria be i tot!

Que viva Kevin Smith!

Carlos Martín Rio dijo...

Tots plegats estem cansats de crítics que volen justificar i acreditar les seves opinions demostrant el seu coneixement a través de citar altres obres (buscant unes relacions amb la obra analitzada que es poden agafar amb pinces, certament)i acabant per fer una enumeració gairebé aleatoria.

Eva Rexach dijo...

"La cultura es lo que queda cuando se olvida todo lo que se ha aprendido", me dijo alguien una vez. Creo que la frase es de Schiller. Y creo que es muy acertada.

Faroni dijo...

Este blog debe ser leído con el tiempo y la tranquilidad que requiere. Empezaré por el principio para llegar a no sé dónde.
Aquí está escrito:
Aquello realmente interesante es reflexionar sobre el significado que le damos, consciente o inconscientemente, a ese consumo.
Hasta cuendo termine aunque presiento que no se puede terminar.