10.3.08

Diane Arbus (II): La belleza, como el dolor, hace sufrir

Diane Arbus (II): La belleza, como el dolor, hace sufrir






A photograph is a secret about a secret. The more it tells you the less you know.
Diane Arbus
Las fotografías de Arbus todavía repelen las miradas sostenidas. En una exposición celebrada en el MOMA bajo el título Recent Acquisitions (1965), con fotografías de Winogrand y Friedlander entre otros, la bibliotecaria debía ir temprano cada día para limpiar los escupitajos de las tres fotos expuestas de Diane Arbus. Primitivas y despojadas de todo artificio, las fotografías de Diane Arbus amenazaban al público. Desagradaban e inquietaban. "Para mi, el tema de la fotografía será siempre más importante que la imagen", sentenciaba Diane Arbus. Años más tarde la mítica exposición “New Documents”, punto de inflexión en la fotografía, la daría a conocer al mundo entero. Aún así, sus imágenes provocaban una enorme atracción acompañada de un enorme rechazo. Para el legendario comisario John Szarkowski las imágenes de Diane Arbus “nos recordaban que podíamos fracasar”.

Antes que Diane Arbus otros fotógrafos coquetearon con lo perverso. Ernest James Bellocq fotografío los prostíbulos de Nueva Orleáns, instantáneas que intranquilizaban por el mundo que se sospechaba más allá del encuadre. Por su parte, Brassaï se adentró en los burdeles de Paris retratando a las prostitutas en su bidet, además de fotografiar a los mendigos parisinos. Weegee, fotógrafo del crimen del Nueva York, registraba escenas callejeras: victimas de reyertas, asesinatos, accidentes de tráfico, altercados domésticos, etc.

El humanismo de Diane Arbus quedó eclipsado por la leyenda tras su muerte. El 26 de Junio de 1971 Arbus se intoxicó de barbitúricos y al mismo tiempo se cortó las venas de las muñecas. Un suicidio que para muchos representaba la idealización romántica del genio atormentado. Pesaba 45 kilos y medía un metro setenta centímetros. Corrió el rumor de que había montado un trípode y una cámara para tomar fotos de su muerte. “Lo peor es que estoy literalmente aterrada de deprimirme. A veces me falta confianza hasta para cruzar la calle”, escribió en una de sus últimas cartas. “Ya no me basta con mi trabajo”. Diane Arbus, frágil persona y feroz como artista, dejaba atrás años de obsesiva exploración antropológica de la condición humana, una búsqueda de conocimiento entre lo que somos, lo que queremos proyectar y lo que realmente proyectamos en realidad. “Es imposible dejar de ser uno mismo y convertirse en otro, y en ello se basa la fotografía”, opinaba una Diane Arbus que confrontaba la discrepancia entre los mundos imaginados y la violencia de la realidad. Influenciada por Alicia de Lewis Carroll, la fotógrafa estadounidense cuestionó el paradigma de belleza y fealdad, a través de la excentricidad de unos personajes que podrían brotar de la película de Tod Browning. La belleza de una fotografía reside en aquello que insinúa, pues lo que vemos no es más que un residuo parcial de la realidad. Una realidad que Diane Arbus absorbió hasta sus últimas consecuencias: el abismo. Richard Avedon bisbiseó durante su funeral “¡Cómo me gustaría ser una artista como Diane!” y Frederick Eberstadt le susurró: “No, no te gustaría”.


Diane Arbus, cazadora de la belleza compulsiva
Shangri-la. Diane Arbus

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Sobre “Fur: An Imaginary Portrait of Diane Arbus”. Dir: Steven Shainberg

Ejercicio de manipulación (imaginary) que muta el descubrimiento de la sexualidad en represión, el espíritu depredador en victimismo y la búsqueda en acoso. Decía Victor Amela que "todo entrevistado acaba reducido a los limites mentales de su entrevistador". A Diane Arbus la han liposuccionado, Steven Shainberg y Nicole Kidman, a la algarabía del binomio Arbus y los Freaks. Nada más cierto que hay tantas verdades como cabezas, pero ¿qué pasaría si mañana hiciesen un film que tergiversa el Holocausto judío bajo un manto de ficción? Con Diane Arbus y las figuras artísticas hay menos escrúpulos. Quizás no podamos conocer las evidencias, pero si delimitar la mentira mediante la honestidad. Una desvirtualización más, a la orden del último artista trastornado del cual el mundo del espectáculo absorbe sus rasgos más comerciales, de impacto, y excluye reflexiones más incisivas. Una manipulación tan ideológica como artística. La divulgación contra la recaudación. Obviamente hablamos de una película y no de un documental, lo que supone un margen mucho más amplio donde el entretenimiento gana terreno a la veracidad y sin que a nadie le urja edificar muros de contención para evitar una degradación total.

8 comentarios:

Andreu dijo...

Qui no admeti emmirallar-se en quelcom, que s'ho faci mirar. <<[...]“¡Cómo me gustaría ser una artista como Diane!” y Frederick Eberstadt le susurró: “No, no te gustaría”>>. Y a ti, ¿te gustaría?

Fraentic dijo...

Joder Ramon, pedazo article, força entretingut jejej

Diane Arbus, potser em mates pero nose, no li trobo el que... era la que tenia l'obsessio amb la gent peluda?

Enfi, si tens l'oportunitat de fer una foto, per què fer-la a algo horrible, per fer sentir malament la gent? Crec que el fet de tenir una càmara de fotos es una oportunitat de fer veure la gent que hi ha un món més maco del que ells veuen, i també crec que aquí resideix la dificultat de fer una foto: poder plasmar la bellesa del que estás veient en un paper per poder compartir-ho amb una altra persona o persones.

Aixi que fer una foto a una puta mentre es renta el papo a un bidet... pues nose... llámame raro, pero prefiero una foto a una vaca en un prado verde

=P

illa dijo...

"Las fotografías de Arbus todavía repelen las miradas sostenidas", buen post. Hace poco vi la película de casualidad y me atrapó la libertad del concepto de retrato imaginario. Pourquoi pas? Arbus, una intensa reflexión sobre El Otro.

Carlos Martín Rio dijo...

M'ha agradat molt la sèrie sobre Arbus. Això és un blog cultural!!!

Alter ego dijo...

ei desconeixia aquest blog. M'ha molat, ja m'hi pasaré. Arbus es molt interessant. Una salutació!

Killer dijo...

Aquest realisme cru, grotesc, lleig, sembla la branca més interessant de la fotografia. Trobar la bellesa (estètica, formal) en allò més desagradable és un bon repte que segurament només els millors fotògrafs poden dur a terme de forma eficaç.

Alba dijo...

Hola!! El caso es que he leído tu comentario y me he quedado con la curiosidad. Me encantaría que me explicaras las consecuencias del Método d'Hondt y quien es Gregorio Morán. Seguro que algo aprendo.

Por cierto tu cita "las fotografías de Arbus todavía repelen miradas sostenidas" me sugiere mucho.

Angela dijo...

Hola Tomás
Raramente me comenta alguien que no conozco. Te conozco?
Bueno, el método d'Hondt sólo se entiende si te lo explican con un ejemplo en papel y números que cuadren. Aún así esto no garantiza que entiendas para qué se aplica si no es para favorecer oligarquias partidistas.
Vi a expo de esta Arbus en el Caixa Forum, pero creo que no le sostuve mucho la mirada, ea.
Me gusta mucho el Kin of Blue.
Tu blog cuesta de leer: blanco sobre negro y justificado a ambos lados. Fatal. Me van a aumentar las dioptrias! Aún así creo que me iré pasando...