3.6.08

I’m a flâneur



I’m a flâneur





Lee Friedlander (Aberdeen, 1934)

Lee Friedlander se autodefine a sí mismo como “retratista del paisaje social estadounidense” y nadie puede rebatírselo. Ya en 1966 compartió escenario en la exposición “Toward A Social Landscape” junto con Bruce Davidson o Danny Lyon, uno de los máximos representantes del documentalismo independiente norteamericano. Condiscípulo de Walker Evans, como tantos otros, Friedlander fotografía la cotidianeidad con ironía y lirismo, lejos del punch de denuncia y la amargura de algunos documentalistas norteamericanos contemporáneos. Sin entrar de pleno en la Street Photography, movimiento iniciado con las cámaras ligeras y que tuvo en Gary Winogrand uno de sus pioneros con más tino en Norteamérica y Brassaï en Francia, Friedlander deja ligeramente de lado el timing y la espontaneidad de los fotógrafos callejeros para construir un universo más reposado, donde un juego de acertijos y travesuras técnicas divierten y entretienen al espectador. Sus imágenes hacen gala de un virtuosismo e ironía desbordantes en las construcciones del espacio, con un amplio abanico de fusiones in & out, entre pasado, presente y futuro. Nada es casual dentro del juego de espejos y reflejos.

A diferencia de otros muchos documentalistas o street photographers como Helen Lewitt, que retrato la vida cotidiana de los barrios de Nueva York y en especial a sus niños, el prolijo Friedlander implanta poderosamente su autoría en gran parte del material expuesto. Tal y como los pintores firman sus obras y algunos fotógrafos colocan una capa de texto en sus imágenes con el Copyright ©, el fotógrafo norteamericano establece un juego con el espectador que escudriña sus imágenes en busca de la firma del fotógrafo en sus más variadas formas. De la misma forma que antaño Alfred Hitchcock realizara con sus esperados cameos, discontinuamente desde The Lodger. Sus autorretratos resultan de lo más estimulantes de su obra, en ocasiones francos y en otras juguetón con el entorno, con rostro sarcástico, maniaco o despreocupado.

Friedlander es un autor con una voluntad puramente óptica. Un apolítico que acepta el status quo desde su posición de observador participante. Produce documentos o falsos documentos, en función de la definición que apliquemos al concepto documento, una caja vacía que admite diversas y variadas propuestas. ¿Pretende Friedlander hacer pasar por documentos algo que no lo son? ¿Nos está engañando con su visión excesivamente particular? Con ese mundo que sólo la cámara es capaz de ver, esa óptica del conocimiento. Friedlander ha desclasificado la noción de paisaje urbano, lo ha vaciado y rellenado de vacío.

Sus formulaciones visuales resultan barrocas, en contraposición a otras tomas de una frialdad conmovedora, de un espacio en apariencia carente de interés, un sobrio lugar de paso. Igualmente convierte los errores técnicos, debido al conocimiento previo de los principios básicos de la fotografía, en hallazgos que forman un uso del lenguaje fotográfico parcialmente renovado, como hiciese Godard en su deconstrucción y posterior construcción de ciertos parámetros cinematográficos, pero sin la improvisación del director francés y sí con su reivindicación de autoría. Es probable: Friedlander ha hecho de la heterodoxia su propia ortodoxia.


Opina Peter Galassi, conservador jefe de fotografía del MOMA, además de portavoz del retraído fotógrafo al más puro estilo de J.D.Salinger, que para Friedlander “la gente son los individuos. Sus retratos son de gente que conoce: de familiares y amigos”. Sin duda parece que el fotógrafo carecía de la empatía de una Diane Arbus para el retrato callejero del desconocido o simplemente no formaba parte de sus intereses. No obstante, al igual que hiciera Sally Mann eliminando fotográficamente la frontera entre el arte y la familia, Friedlander elaboró retratos familiares de gran generosidad y sinceridad.

Una de sus series más interesantes es “The American Monument”, en la que ridiculiza los monumentos de su país, al tiempo que pone de relieve el desorden y el caos de las nuevas y aceleradas formas de vida. Con mordacidad, interrelaciona algunos monumentos con su entorno dándoles vida y expone como los ideales y las personas han cedido su terreno a lo intangible. Nos muestra el afán belicista sobre la población, la ridiculez de las hazañas del pasado y los monumentos erigidos en su recuerdo, la opresión del mundo urbano, el turismo que no distingue más que la roca...

Por el contrario los desnudos rehuyen toda concepción artística, toda sugerencia, y se adentran en el terreno de lo crudamente explícito, de la provocación por ley. Los paisajes montuosos (¿por qué abandonaste la Leica?) huyen de la postal de Ansel Adams, su equilibrio, y elevan a la potencia el caos: el abigarramiento en algunas de sus imágenes donde el ramaje entrecruzado es la predilección del fotógrafo. Unas imágenes, poco deudoras al sistema de zonas de Adams, que muestran un excesivo desequilibrio hacia las altas luces. La impresión de “vista una, vistas todas” se hace muy evidente en esta serie paisajista del Oeste Americano. Asimismo, sus retratos de ese nuevo paisaje antiséptico en que se han convertido algunas nuevas formas de trabajo, en contraposición a las concentraciones fabriles, resultan de valor antropológico siendo su intención, como escribió en su día el propio Friedlander, la tributación de la capacidad de concentración de la gente que fabrica cosas que todos hacemos servir.

Ello ejemplifica mejor que nada la visión generosa de Friedlander. Allí donde Lewis.W.Hine o Leonard Freed disparan la denuncia, Friedlander ofrece la mejilla. Pues Friedlander pertenece a una rama del documentalismo más subjetiva, nacida en los 60, y que no pretende reformar la vida, sino conocerla. Le gusta el mundo real y le fascina que las imágenes sean irreales. Él nada puede hacer por nada ni nadie, en contraposición con el documental de alma social de los años 30 y el arte de agitación social pregonado en los 70 por Allan Sekula y Martha Rosler entre otros.

Uno máximos gozos su obra es el libro “American Musicians” en el cuál se puede contemplar como su pasión melómana, y jazzística en particular, se coaliga con la fotográfica para conformar un legado musical con pocos precedentes. Miles Davis, Count Basie, Steve Lacy, Sara Vaughan….todas ellas tomadas para la Atlantic Records desde la década de los 50 a los 70´s. Un material que sin duda por su propio peso haría aflorar y consagrar a cualquier otro artista. No en vano Friedlander dejó su natal Aberdeen inspirado por un tal Charlie Parker.


En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a escupir y los lirios abrirían un burdel

Cioran


Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?

Demián

16 comentarios:

sylvia dijo...

Ostras...no lo conocía...voy a investigar...

Lo que sí conozco es esta inolvidable música :)

gran duc dijo...

Yo tampoco conocía la obra de este fotógrafo. No obstante, no es el tipo de retratos o fotografías que más me gustan, aunque siempre es interesante conocer diversas tendencias.
Sigue con tu trabajo, porque así todos ampliamos nuestros conocimientos.

ultrarrojo dijo...

prefiero a atget y a brassaï antes que a doisneau, porque me resultan más inquietantes. atget misterioso, brassaï oscuro y a veces sórdido pero siempre poético. últimamente tengo querencia por lo cañero, por lo delirante: no sé, tomás, me parece que vivimos en unos tiempos tan light, todo es light, también aquello que nunca debió serlo, las opiniones políticas, los dilemas éticos. también las películas y la literatura y los aparentes excesos en las historias que se cuentan. hoy supe de esa videoconferencia que la ministra de igualdad tuvo con nicole kidman, y también leí los testimonios de las prostitutas que trabajan en el polígono de vicálvaro. la videoconferencia tiene algo de frívolo y estúpido y lo otro es pura tragedia contemporánea.
a lo mejor la espuma de los días también tiene que ver con esto, a lo mejor este vian le tomó el pulso a algo parecido, y en el fondo esa cita que me escribes es terriblemente pesimista.

bueno... después de brassaï un larguísimo-y-comprometido comentario...

Natsuki dijo...

El 4 d'abril de l'any passat vaig penjar una entrada al meu blog exactament amb aquesta fotografia que has posat al teu ;-)
Vas visitar l'exposició de Caixa Fòrum aleshores?

LILITH dijo...

Me encanta Lee Friedlander, la primera vez que tuve sus obras delante se me hizo un nudo en el estómago.

Gracias por el post y por la cadencia de la música que acompaña su lectura.

Un placer volver a pasar por tu blog,

Un saludo,

lilith

LILITH dijo...

Gracias por tu comentario Tomás, ya me imaginaba algo así, siento haber sido algo borde al principio, me recordabas a mí cuando era joven y el mundo intelectual era toda mi vida; gracias que llegué al fondo del tunel, pude salir y ver la vida real que me estaba perdiendo...

tu blog vale la pena, no lo dejes cuando acabe el curso porque abre puertas...

ah yo tb estuve en aquel concierto de Herbie, había pagado tanto por mi sexta fila que ni siquiera pensé en no emocionarme, tenía la certeza de que era lo más cerca que iba a estar de Miles en toda mi vida, así q lo disfruté como una enana,

un saludo, lilith

La asesina ilustrada dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
La asesina ilustrada dijo...

Estimat Tomás Ramón, també t´agrada en Robert Cray?. Crec que sóm animes bessones. No et tanquis en tu mateix i obre el teu cor. Vas fer fotografies tant interessants com les de Doisneau en el concert? Potser jo vaig ser l ´ objectiu de la teva càmara?. Em robes el cor, podre robar jo el teu?

ESTHER dijo...

Como sabes, Lee Friedlander es uno de mis fotógrafos favoritos de siempre. Para mi es un referente. Disfruto viendo sus fotografías. Tengo un par de catálogos suyos y me has animado a comprarme “American Musicians” a través de Amazon, en dos semanas lo recibo. En principio no me hacía mucha gracia los retratos a color pero puede ser una apreciación rápida y superficial. Cuando tenga el catálogo lo valoraré de nuevo.

Te recomiendo "The jazz people of New Orleans". Un gran libro que vas a disfrutar. Todo en blanco y negro y muy en su línea general y de observación objetiva de la realidad con su toque peculiar. Dicen que se toma muy en serio la selección de las imágenes. Que se pasaba horas y horas a la hora de decidir qué imágenes mostrar. Eso me parece muy sabio.

Un saludo.

alba dijo...

que gran, Friedlander

m'encanta aquella foto amb els turistes mirant el mont Rushmore amb uns binocles i la imatge del monument reflectida en un vidre al seu darrere (http://www.blockiceandpropane.com/artwork_mr/rushmore_lr.jpg)

l'exposició de l'any passat al caixaforum estava realment molt bé... sempre que veig una de les mil postals que l'andreu em va encolomar, me'n recordo d'en pepe baeza, quin home. Dels millors professors que he tingut, sens dubte!

no crec que ens veiem, o sigui que bon estiu!

Fio dijo...

Gracias por la frase y por dejarte caer por mi rinconcito, todo un honor. Diamante de sabiduría, sin duda :)

Ahora me dedicaré a marujear por aquí, con tu permiso...

MBI dijo...

Disfrutando.

Esther* dijo...

Muchas gracias por las fotos. Verlas me ha trasladado de nuevo al concierto y a las sensaciones que allí viví.

Que bien notar que en los días que corren el blues sigue uniendo a tanta gente. Muy chulas las fotos, de verdad.

Muuuuak***
Esther*

Cloe dijo...

Suena interesante. Recuerdo la primera vez que leí Demián...

ESTHER dijo...

Hola Tomás, pues ya tengo el catálogo de fotografía American Musicians de Friedlander. Uhm... muy bueno, vale la pena. Y un disfrute.

Abrazos y O J O S de jazz!!!!!!

raquel dijo...
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