12.3.08

Kitsch: una parodia de la catarsis artística


 Kitsch: una parodia de la catarsis artística

Nos referimos a kitsch, en un sentido libre, para referirnos al arte pretencioso, pasado de moda y de mal gusto. Así como a reproducciones que no alcanzan la calidad del original por diversos pretextos, voluntarios o no. En origen, el término kitsch era manejado para describir objetos baratos y fácilmente comerciables, aunque en la actualidad tanto se aplica a un roto como a un descosido. Sin embargo, la reflexión más sugestiva sobre el concepto kitsch hace referencia al dinamitado de la visión platónica del arte, así como a las estructuras de valores en las que se asienta nuestra sociedad: lo que somos, lo que queremos ser y como nos ven.

El arte kitsch nace en los anhelos de la nueva burguesía alemana del siglo XIX de alcanzar un cierto estatus, a través de la ostentación de calcomanías del arte tradicional exhibido por las élites del momento. Así pues, e indirectamente, la ambición personal lanzaba un órdago a la rigidez del arte, su verdadera función y el pretexto de su exaltación. Al arte, la mentira más bella, una mentira que nos explica una verdad. A la vacuidad de los parámetros de lo bello implícito en lo kitsch.

Tal asociación con un objeto manufacturado, en pos de la identificación social, tiene en los procesos creativos un fiel aguantavelas. Supone un brutal desprecio a toda pretensión creativa nacida de la necesidad de expresión del autor. Más bien implica convertir los resultados de un proceso creativo en objeto de cambio y no de uso. Expresiones nacidas de unas necesidades comerciales y usadas como distintivo. Como la camiseta estampada, la pancarta, el tatuaje o la chapa. Un código no demasiado sutil para-los-que-sepan-ver.

En cierta forma la piratería publicitaria, tan en boga en la contracultura contemporánea, tiene sus raíces en el arte kitsch. Un aprovechamiento de los mecanismos del arte para realizar una metáfora incisiva que neutraliza la solemnidad artística. Un détournement que elimina todo eufemismo.

Asimismo, la germinación del kistch pone de relieve que el gusto no es aleatorio, sino que se forma en función de unas condiciones de vida muy definidas que caracterizan la estructura social de cada etapa. Pensemos en la fotografía, emparentada con el ascenso de la burguesía y en contraposición a la aristocracia, fruto de la voluntad de la burguesía de representarse de forma más económica. El retrato social, privilegio de unos pocos, se somete con el desplazamiento social a una democratización fruto de la invención de la fotografía. El principio de la cámara oscura ya estaba descrito por Aristótil y Leonardo la usaría, pero no seria hasta el siglo XIX cuando alguien dio el paso para registrar y congelar esa imagen. Las substancias químicas también existían (alquimia medieval). Tan sólo había que aunar ambos principios y cuando llegó la necesidad gente más vulgar inventó la fotografía y con ella la complacencia de la burguesía de poder representarse calzada con su nuevo estatus.

Esa confusión de las necesidades, el deseo de aparentar ser, se enlaza con el término marxista de “falsa conciencia” como pilar teórico de la alienación de las masas. Los deseos de la sociedad no responden a una libertad de elección. Están construidos por los gerifaltes del mercado y nuestra falta de información. El kitsch también se encuentra conectado con el concepto de industria cultural, ideado por Adorno y Horkheimer en los años 40. En opinión de Adorno el arte comercializado en serie es impuesto a un público pasivo. Para Adorno el arte debe ser subjetivo y enfocado contra la opresión del poder, mientras cree que el kitsch era una parodia de la catarsis artística. Aquí habría que diferenciar, respecto a los procesos de serialización de la industrial cultural, que no toda imitación tiene la voluntad crítica inherente a lo kitsch. Si es que queda algo de dicho caballo de Troya.

Para Hermann Broch: “El problema del arte se han convertido en un problema ético”. La esencia kitsch crea incertidumbre, provoca confusión entre lo estético y lo ético, toma posición en la encrucijada artística. Kundera es mucho más explicito: “De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch”. ¿Es Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón de Almodóvar puro kitsch? Sin duda Almodóvar siente la necesidad de contemplarse en el espejo, reconocerse y aceptarse con ardor. Dice Umberto Eco: “Una definición del kitsch podría ser comunicación que tiende a la provocación del efecto”. Almodóvar al habla también. ¿Y qué decir de Querelle de Fassbinder?

4 comentarios:

Aventureros del siglo XXI dijo...

Habd Al-Hali Al-Julali

Cierto es que en la actualidad el concepto Kitsch suscita interpretaciones varias que defícilmnete explican la esencia de lo que fue este tipo de arte. No obstante, en el fondo de la cuestión ronda una idea: la democratización del arte en la vida. Hoy día luchamos en contra de la piratería ey la imitación de prestigiosas marcas. Sin embargo, no nos paramos a pensar que más allá de la imitación de unas deportivas y de un prototipo de persona, plantamos cara a las autoridad de las elites culturales. Es lo poco que conservamos de lo que fue el Kitsch.

Paula dijo...

Hola Tomàs!!

Gràcies per deixar un comentari al meu blog, la veritat es que no hi ha massa moviment, i jo no hi escric gaire per falta de temps.
Estic mirant el teu blog i es genial! aniré entrant!
Salutacions! ah! Jo també soc de Barna!

Fraentic dijo...

Kitsch? et refereixes a això?

http://videos.cinemavip.com/informaciondecontenido.php?con=3835

Lo nou dels Wachowski =)

Patricil dijo...

Yo también creo que el concepto Kitsch está marcado por un fuerte componente temporal. Ahora lo tildaría de antimoda, que acaba siendo una moda a otro nivel. De hecho lo nombré en uno de mis posts El resurgimiento de la cama de agua
Un saludo.