21.4.08

The Last Tycoon, The Last Fitzgerald



The Last Tycoon, The Last Fitzgerald



The Last Tycoon es una novela inconclusa de Fitzgerald, quizás la que hubiera destronado a The Great Gatsby como el faro que ilumina toda su obra. Un retrato nostálgico y amargo de la industria del cine, análogo al que hiciera Billy Wilder en Sunset Boulevard, un desolador retablo del mundo del cine y la dramática transición entre el cine silente y el sonoro. Si Sunset Boulevard tocaba de refilón el papel del guionista como asalariado de las estrellas, olvidando de la ecuación a los productores, en The Last Tycoon el autor de Tender Is The Night deshilacha a toda la industria de pies a cabeza, en especial el papel del productor. Y lo hace de la mano de Stahr, personaje sleeper de la literatura, agazapado en los esquemas, notas y conversas informales que legó Fitzgerald antes de su repentina muerte. Una introspección cuyo punch debe en parte a su propia experiencia como guionista en Hollywood (1935-1940), donde acudió para resarcirse de sus aprietos financieros producto del derrumbe psíquico de su esposa y sus problemas con el alcohol. Un Hollywood jerarquizado mediante la exclusión desde reductos confortables y donde el encasillamiento, producto del menosprecio a posiciones de complementariedad en la cadena de producción, ha potenciado la serialización de fórmulas. En ese escenario, en el que los directores son llamados operadores, vaga Stahr, un magnate comprometido con la industria a través de su canon particular, negando la silla en el festín a los que siembran el grano, tal es la concepción divina que se arroga en los designios del negocio. Sin embargo, Fitzgerald se llevó a la tumba la concreción del último giro de la novela.


- Se trata de buenos escritores – explicó Starh al príncipe Agge-, y aquí no tenemos buenos escritores.
- ¡ Pero si usted puede contratar a quien desee! – exclamó, sorprendido, el visitante.
- Lo hacemos; sólo que cuando llegan aquí dejan de ser buenos escritores y entonces trabajamos con lo que tenemos.
- ¿Y cuáles son ésos?
- Los que aceptan el sistema y consiguen mantenerse más o menos sobrios. Tenemos toda clase de gente: poetas frustrados, dramaturgos de un solo éxito, chicas universitarias…Los ponemos a trabajar en una idea; si no funcionan, ponemos a otra pareja a trabajar en lo mismo. He llegado a tener tres parejas trabajando de forma independiente en una misma idea.



- Nunca creí – aseguró- que tuviera más cerebro que un escritor. Pero siempre creí que el cerebro de ellos me pertenecía porque yo lo sabía utilizar. Como los romanos; he oído decir que nunca inventaron nada y, sin embargo, sabían utilizarlo todo. ¿Comprende? No digo que eso sea correcto. Pero es lo que sentí desde que era un niño.



[…] Sabía que era escritora, pero me había acostumbrado a creer que escritor y secretario eran sinónimos, con la única diferencia que un escritor solía oler a alcohol y venía con más frecuencia a comer a casa. Cuando no estaban presentes, nos referíamos a unos y otros en iguales términos, con excepción de los llamados autores teatrales, que procedían del Este. Si permanecían aquí por poco tiempo eran tratados con respeto; si se quedaban, se hundían junto con los demás y pasaban a la categoría de oficinistas.

The Last Tycoon. Francis Scott Fitzgerald

3 comentarios:

Clara dijo...

Tomàs,

la casualitat em fascina sovint. Avui m’és inevitable comentar aquest post tenint tant recent "El crepúsculo de los dioses". Tant recent com que l’he acabat de veure aquesta tarda. I, ¿saps? Acabo pensant que el teu blog és més que això perquè, més enllà d’entrar-hi a llegir, em sembla passar-hi a fer tertúlia, gairebé a tall de cinefòrum. I això m’agrada i em crida a comentar-te.

No puc dir res de Fitzgerald perquè encara no l’he llegit, però, atreta pel que n’expliques, no crec que trigui gaire. Del que sí que puc parlar és de "Sunset Boulevard", la que he trobat una molt interessant lectura negra de la indústria del cinema que ajuda a entendre una de les etapes de transició més importants en la història del setè art. De quan encara el cinema mut tenia actors vius als que ja es començava a escombrar, i de quan la factoria hollywoodiana començava a fabricar el que avui encara perdura. I Billy Wilder ens n’ofereix una visió crítica en el moment oportú: quan encara els mateixos protagonistes reals poden encarnar els protagonistes del film.

Després de veure la pel·lícula, llegir els crèdits i curiosejar per Internet he entès més clarament la significació dels personatges de Norma Desmond i Max. D’ella, Gloria Swanson, per haver estat ja una actriu de cinema mut; fet que plasma perfectament en el seu expressiu paper de Norma (acompanyada per l’altra "figura de cera" com és Buster Keaton [!] o la referència a Chaplin). I d’ell, perquè si una vegada em vas parlar d’un tal Erich von Stroheim, figura força marginada en la història del cinema, ara ja sé ubicar-lo. De fet, quan al film Max explica la seva història vaig tenir un principi d’intuïció pensant que potser podria ser un personatge inspirat en ell... I als crèdits jo mateixa m’he sorprès al confirmar que Stroheim és el mateix actor.

Del fragment que cites, "dramaturgos de un solo éxito" i "chicas universitarias" poden quallar fàcilment amb Joe i Betty, ¿és així?

En fi, tot el que comento caòticament no aporta res de l’altre món però és el que ara em passa pel cap havent començat a superar el meu procés de silenci postvisionat. I amb l’entusiasme d’aprendre de cinema i, lligat a ell, de literatura.

Per cert, "Sing sing sing with a swing" m’ha recordat les tardes de dissabte de fa anys en què TV3 havia passat "Rebels del swing", que no van ser poques.

¡Swing heil, swing heil!


Incapaç d'escriure curt,
Clara.

Ithilme dijo...

Hola q tal! tengo curiosidad como llegaste a mi blog y tal, no te conozco me temo xD Tu blog está muy currado!

Por cierto tb te gusta Manlo García?

Un saludo!

Ann dijo...

Triste pero valido curriculo



Creo que te crees Tomas