15.4.08

Tender is Gatsby


Tender is Gatsby




The Great Gatsby, además de un retrato más a cuenta de Fitzgerald de la Jazz Age, simboliza la nostalgia de una época de fantasías perdidas y personifica el empantanamiento de los sueños en la espiral del dinero y la ambición. Gatsby, como alter ego de Fitzgerald, es un adolescente lleno de talento y ensoñaciones, rechazado por no ser aquello que él desea ser y otros quieren que sea. En la realidad, Fitzgerald, de carne y hueso, sí que consiguió dar caza a la chica con “la voz llena de dinero”. Sin embargo, Zelda, y a pesar de la armonización evanescente con la que se desplazaban por la sala de baile al conocerse, no estaba dispuesta a entregarse mientras no fuera algo más que un escritor de relatos y anuncios de jabón. El novelista estadounidense hizo algo más que eso, al igual que Jay Gatsby. El mismo año que publicaba su primera novela This Side of Paradise, con ciertos atisbos de fama resultantes, se casó con Zelda, su belleza sureña, el prototipo de flapper en boga: medias de nylon, desdeñosa, cigarrillo en mano, peinado bob cut, aniñada y atrevida, amante de los licores fuertes, el jazz, las minifaldas, los tacones altos…espejismos que alguien convirtió en el paradigma de la mujer independiente y emancipada. “Me he casado con la heroína de mis novelas”, diría Fitzgerald, aunque Zelda ya existía. Y así iniciaron una vida de desfreno, esclavos de su estética, de sus pasiones, de sus celos literarios, de los martinis…dispuestos a beberse el mundo. Consumarlo. Respirando a pleno pulmón una realidad de pura fantasía. Zelda excitaba su imaginación y también lo atormentaba. Ganaban dinero y lo dilapidaban. Así Fitzgerald se veía forzado a escribir breves historias comerciales, a trabajar en la segunda mitad de los años 30 escribiendo guiones para la Metro-Goldwyn-Mayer. Fitzgerald y Zelda se devoraron y destruyeron con furia en esa pompa de jabón de los extravagantes años 20, entre París y Nueva York. Él, alcoholizado, cayó fulminado por un ataque cardíaco y ella, esquizofrénica, acabó falleciendo años después durante un incendio en el psiquiátrico que la acogía. Zelda pintaba y escribía, pero a nadie entusiasmo. A diferencia de Dora Maar, ella no trazó el “sin”.

Muy probablemente The Great Gatsby no pase de ser un buen libro para muchos, una tierna historia de amor, la crónica de una época fastuosa, la lucha social de un hombre por alcanzar su primer amor desligándose de las ataduras sociales. Un amor imposible al uso: romanticismo sutil y estéril aderezado de trágica rebeldía. No obstante, The Great Gatsby va más allá. Es una novela soñada y vivida por un soñador que confunde sus deseos con la realidad hasta acabar consiguiendo desterrar a todos los ricos de viejos apellidos que lo desprecian, pero que finalmente acaba sumergido sin respiración por el fatal destino y un amor cobarde, especulador. Ajusticiado por su crack particular antes de saborear una gloria que le cuesta todo y que no vale nada. “Es lo que siempre fui: un joven pobre en una ciudad de ricos, un joven pobre en una escuela de ricos, un muchacho pobre en un club de estudiantes ricos, en Princeton. Nunca pude perdonarles a los ricos el ser ricos, lo que ha ensombrecido mi vida y todas mis obras. Todo el sentido de Gatsby es la injusticia que impide a un joven casarse con una muchacha que tiene dinero. Este tema se repite en mi obra porque yo lo viví”, escribió Fitzgerald en un texto autobiográfico. El portavoz de la “Generación Perdida” se asoma al fondo del alma sin hipocresías. La trivialidad e insinceridad de una mujer ataviada en sus sueños de adolescente, Daisy, arrastra a Gatsby a la perdición arrollado por una vida que es forma, superficie y juego. Y donde los medios de la ascensión de Gatsby son completamente relativos, engalanados de provisionalidad.

Jay Gatsby se proclama “nacido de su platónica concepción de sí mismo”. Y así vivimos todos, con un recorrido más o menos largo, más o menos fatuo. Intentando progresar para alcanzar esa quimera, ambigua y vacía. Creciendo y renaciendo fruto del rechazo, de nuestra incapacidad para conquistar eternamente. Subyugándonos paulatinamente en las ambiciones y pautas de un mal entendido amor. Dueño de su sueño, Fitzgerald no consiguió serlo de su vida y su carrera se vio truncada demasiado prematuramente. Otro héroe más vencido por sus sueños, sin más esperanza que la derrota y más aire que la promesa que lo ahoga. La obra de Fitzgergald, y The Great Gatsby es su enseña, está cimentada en una necesidad angustiosa de incorporar sus sueños a la literatura, un intento por hacer la vida más real y a medida, repleta de nostalgia y amargura. Vida misma transformada en imaginación en busca de una salida que contempla la luz verde de casa de Daisy, “el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros….Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más de prisa, abriremos los brazos, y…un buen día…Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”.

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Cartas de Fitzergald a Zelda

15 comentarios:

MBI dijo...

Me ha gustado la entrada...
Ella y él algo más que vida ¡desesperación por vivirla!

Fetish femina dijo...

¡Que delicia de jazz y años 20!

Alice Liddell dijo...

Los felices años 20, F. Scott Fitzgerald y El gran Gatsby... ¿paraísos artificiales a ritmo de jazz?

Sé que no tiene mucho que ver, pero me ha hecho pensar en el revuelo que organizó el estreno de la película protagonizada por Robert Redford en el mundo del pret-à-porter debido a la influencia del vestuario y la estética de la película... en fin, recuerdos...

P.D. Gracias por el enlace.

Patricil dijo...

Cada vez que te leo me siento más inculta...

No seas tan duro con Arús, a pesar de su estilismo y su tez carbonizada yo le respeto como líder de opinión que ha sido y en cierto modo, sigue siendo. Su mujer sin embargo sí me sobra, aunque no tanto como algunos de sus contertulianos.

Un abrazo!

Andreä dijo...

Un säludo a tí y gracias!

:)

Kitty Wu dijo...

Por lo menos tus textos son de cosecha propia, y la verdad es que es un gusto leerlos. Supongo que es muy fácil sentirse afín a los escritos de Faulkner y compañia; mejor usarlos a ellos y aceptar mi síndrome Bartleby permanente, aunque al final eso sólo sea otra excusa para no hacer algo, pero bueno, también creo que cualquier pretexto es bueno para utilizar sus letras.
Perdona, es temprano y no sé lo que me digo. Enhorabuena por tu post, como siempre.

¡Un saludo!

Marta dijo...

Otro buen libro de Fitzgerald es "A este lado del paraíso"
Seguiré tus anotaciones sobre libros y películas... ¡puedes ser el Babelia de entre semana!

Laia dijo...

Sólo a veces y sólo a veces conscientemente.
(Me pasaré luego con más tiempo a leer algunas cosas con detenimiento :D)

Imagina dijo...

Nene!!! No et queixaràs, eh?! Que t'he deixat la mar de bé a les recomanacions del meu blog!

Realment, aquest blog s'ho val, de debò.

Salut!

Fraentic dijo...

estimat RT,

en sóc conscient de les teves victories vermelles i de la teva passió pel cinema chustero de Kaurismäki, Bergman i companyia.

Certament et passeges sobre la finíssima linea que separa el món del món indie amb un equilibri sorprenent.

Et salva Michael Jordan, que se que no et treu ull allà on és.

=)

ESTHER dijo...

Pienso en lo que ocurría realmente en esa época con el jazz. Cómo vivían los grandes músicos de jazz negros, el gran King Oliver, Louis Armstrong, James Johnson, Jelly Roll Morton, Fletcher Henderson...

Bix Beiderbecke (1903-1931) que fue el primer músico blanco de jazz de gran categoría, amó el jazz por encima de todo. En una entrevista dijo a un peridista: “El humor del jazz es rico y está lleno de esfumaturas. Hay un tipo de jazz que es tan banal que hasta hace reír a los pollos. El otro jazz, en cambio, es sutil, irónico y amargo. Algunas veces puede ser grotesco y estar lleno de angustia. Incluso en manos de algunos compositores blancos refleja los casi olvidados sufrimientos del negro. El jazz tiene elementos negros y elementos blancos, y cada uno de ellos ha influido sobre los otros. En sus formas más recientes parece que la satisfacción de la raza blanca haya arrojado un poco de luz sobre la angustia del negro”. Bix murió a los veintiocho años, de neumonía, alcoholismo, desilusión y equivocaciones...

Un abrazo Tomás! Al leer tu post, muy bueno como siempre, se me ha ocurrido esto. No sé si me he alejado mucho... uf uf a todos ellos me hubiera gustado fotografiar.

Venus dijo...

Pasa, pesa, pero hay que saber vivirla.

gran duc dijo...

No hem cal res més. Adivino la teva personalitat. Podem tancar el ulls i traslladar-nos a aquells anys que eren com un miracle. Has creat un nou univers en el qual tu ets el sol i tots nosaltres els planetes que girem al teu voltant.

Segueix sempre igual "Tender is Gatsby"

la convidada d'honor dijo...

gracies per la recomanació. sempre va bé tenir referències per ampliar els nosres coneixements.
encara estic malalta, aixi que amb més temps em passare pel teu blog per llegir-lo amb calma.
una abraçada!

LILITH dijo...

Página interesante, comparto tu afición por el jazz aunque discrepo respecto a Fitzgerald, quien se me hace terriblemente cansino (sólo me he acabado un libro suyo), supongo que porque aquella alta sociedad blanca que retrata me produce nauseas...

yo creo que el buen jazz estaba en otra parte más marginal, agridulce y negra...