2.4.08

Crónica de una realidad no electoral



 Crónica de una realidad no electoral



Vidas minadas es el proyecto de vida de Gervasio Sánchez, como The Americans lo fue para Robert Frank, Hombres del Siglo XX para August Sander o el reportaje social sobre el trabajo infantil lo fue para Lewis.W.Hine. Vidas minadas, proyecto presentado oficialmente en 1995, tiene como diáfano objetivo denunciar el impacto humanitario de las minas antipersonas. 

El fotoperiodista Gervasio Sánchez (Córdova, 1959) recupera, en ciertos aspectos, el mesianismo gráfico de principios de siglo XX: fotografía sociológica de denuncia con vocación transformadora, de reajuste social y metódico contexto. Una época en la que Lewis W.Hine, padre del documentalismo social a la estela de John Thomson y Jacob Riis, hizo hablar a la cámara despertando conciencias, a la par que sensibilizaba e informaba a la población hasta el punto que fueron promulgadas nuevas regulaciones respecto al trabajo infantil. Eran tiempos de la Photo-League y la exploración de los conceptos de fotografía social y documental.

Un siglo después fotoperiodistas como Gervasio Sánchez siguen estimando la fotografía como una herramienta de corrección social capaz de impulsar regulaciones más ecuánimes.En el discurso de Gervasio Sánchez, fotógrafo de cercanías, el estilo abdica frente al mensaje, sin renunciar a una
subjetividad comprometida en contraposición a la noticia aséptica y el periodismo descafeinado. A contracorriente de la renovación estilística de los años 50, cuando fotógrafos como Robert Frank y William Klein provocaron una reflexión sobre la estética documental al remarcar la autoría de las imágenes, Gervasio Sánchez tiene como ideal conocer y reformar la vida, sin dejarse embriagar por la irrealidad de las imágenes y aplicando un plano de contexto más fiscalizador. La fotografía de denuncia tiene en Gervasio Sánchez una punta de lanza en pugna con voluntades puramente ópticas como la del apolítico Friedlander, cultura de la banalidad que diluye cualquier toma de conciencia. Los retazos de vida apuntados por Gervasio transmiten una significación humana e histórica fuera de toda duda. Asimismo, permiten extraer la función de información y la de activación, a la vez sus imágenes abren vías socialmente más responsables en contra de la fragmentación y desmovilización que impulsan los centros de poder económico.

Gervasio Sánchez es un claro exponente de un periodismo q
ue actúa de intermediario para dar voz a los que no pueden ni quieren ser escuchados. Y lo hace volviendo sobre sus pasos, retomando sus personajes y evidenciando que las medidas de corrección, aplicadas pomposamente en sus albores, todavía tienen mucho camino por recorrer. Sólo es necesario no apartar la vista de las próstatas construidas con materiales diversos, como envases de refresco y carcasas metálicas, que Gervasio nos muestra, en un claro alegato contra el cinismo y la desidia de la clase política. Tal como explica Gervasio: “Mi intención no es sólo ilustrar e informar sino provocar incluso remordimiento”. A Gervasio le concierne la vida. Sus instantáneas destilan confinidad con las víctimas, pero también cólera contra a los responsables políticos, los fabricantes, los agentes internacionales y los oficiales al mando de los ejércitos. Pesadumbre con la indiferencia y la anestesia visual. Los momentos sólo le interesan en la medida en que hablan de esas vidas. Es por ello que vemos los rostros y aprendemos los nombres, lejos de la fotografía de impacto, anónima y sin guión. Un forma de denunciar el papanatismo de los medios occidentales que ponderan el valor de la muerte según la zona geográfica.

Su narrativa visual maneja el clasismo de los planos frontales, honestos y palpables, en boga con la manera de
acercarse a la realidad de Diane Arbus y August Sander, dos maestros del enfoque frontal que captan lo particular para acercarse a lo general. Una pauta estética, conceptual e ideológica que acrecienta el valor de la empatía con el sujeto y el compromiso del fotógrafo con la realidad. No en vano, Gervasio Sánchez, alejado de la fotonoticia y el periodismo oficialista que asfixia la reflexión, trabaja sin prisa, infiltrándose como un elemento más del paisaje para capturar aquellos momentos mágicos. Siempre con dignidad y nobleza, evidenciando la tenacidad e ilusiones cotidianas de los supervivientes. Gervasio no se recrea en la dureza, sino que muestra el drama como punto de partida necesario para denunciar la tragedia y afrontarla con el optimismo derivado de la soberanía popular. Elevando la voz con descaro a los responsables en cuyas manos está la posibilidad de poner fin a este drama y removiendo las entrañas de los que hacen girar la rueda, periódicamente y sin cavilaciones.

Significativo el retrato de Mónica Paola Ojeda, ciega y manca tras la explosión de una mina que pisó al regresar del colegio. Desgraciadamente, la distancia que la separa del interruptor es, en esencia, tan grande como la incuria política y el desinterés mediático en las pasadas elecciones, a pesar de la implicación de España como uno de los principales países exportadores de minas antipersonas (Bressel, Explosivos Alaveses, Explosivos de Burgos, Fabricaciones Extremeñas y Unión Española de Explosivos). “Estamos en la Champion League de venta de armas y esto hay que denunciarlo”, sentencia Gervasio Sánchez.

7 comentarios:

Andrea_Bueno dijo...

Saludos vespertinos, Tomás...
Todo bien en tu vida? Espero que sí. Nos vemos pronto!

sylvia dijo...

Gracias por descubrírmelo :)

Elenita dijo...

Cuando he empezado a leer pensaba que estaba delante del libro de fotoperiodismo, pero me he quedado corta. Recuerdo Lewis Hine y poco más. Ya ves... más delaparticismo.
Un blog muy trabajado, ¡te pongo un 10!

Ann dijo...

Interesante...


Tu blog es distinto al mio..

yo hago mis rabietas en ese pequeño espacio negro..

Saludos!

Clara dijo...

Divendres a la tarda vaig conèixer les vides minades que va fotografiar Gervasio Sánchez, però també totes aquelles que no i l’essència de les quals hi és igualment present. Dissabte al matí, El País publica en portada una de les fotos a Sofía i la seva filla: “Los Ortega y Gasset, con el periodismo comprometido. Galardonados los periodistas Sanjuana Martínez, Gervasio Sánchez y Yoani Sánchez y la revista Zeta”. Felicitats a Gervasio i al periodisme amb raó de ser.

Que, segons la ONU, caldrien més de mil anys per desactivar els 167 milions de mines antipersona que hi ha activades en diferents països fa pensar molt. Però encara fa pensar més el conèixer el drama no com una xifra sinó com una persona, amb un nom i una cara. Amb un gest o una mirada.

A mesura que anava descobrint les diferents històries que presenta Gervasio, em fixava en les dates en què allò havia passat i les relacionava amb mi mateixa. Quan llegia que el febrer del 2003 la Mónica Paola Ojeda havia quedat cega i manca, pensava què feia jo aquell febrer. I, entre d’altres coses, recordava les manifestacions contra la guerra, quan el món es va fixar en EUA-Iraq, ignorant que a Colòmbia una nena acabava de quedar mutilada de per vida i que a mils de llocs més hi havia desgràcies de les quals mai en seríem realment conscients. El 2003, ara i demà.

També em va commoure la història d’Adis i allò que Gervasio observava d’ell al vídeo. De com aprenia a relacionar-se amb Naida i intentava recuperar els anys que la mina li havia robat. Igualment reflexiu era allò que Adis explicava d’ell mateix: que havia estat lluitant durant molts anys i que creia que havia estat un bon lluitador. ¡Esclar que ell és un lluitador i no els telepersonatges que omplen hores i hores de telebasura pregonant les seves duríssimes vides (“he luchado mucho para sacar este disco/llegar a Eurovisión/ganar este concurso/conseguir mi sueño”)! Resulta increïble veure com cada vegada, amb més mitjans que ens poden acostar a les realitats més llunyanes i dures per saber de què va el món, no es fa més que tirar enrere...

A tot això, la vida minada d’Adis suposo que em va colpir especialment perquè durant la guerra als Balcans, quan des d’aquí es van fer campanyes per enviar material als nens d’allà, des de l’escola vam enviar llibretes i colors on hi vam escriure la nostra adreça. A mi, el noi que va rebre la meva llibreta em va escriure i ens vam cartejar durant un temps. Es deia Nermin, m’explicava que el seu pare havia mort a la guerra, que ell aleshores vivia en una escola perquè ja no tenia casa, em parlava de la seva família... Va arribar un dia en què ja no vaig tornar a rebre cap carta d’ell i moltes vegades he pensat què deu haver estat de la seva vida. Per això, davant d’històries humanes dramàtiques i “anònimes amb nom” com les que fa conèixer Gervasio Sánchez em fan pensar en tot allò que massa sovint només és una xifra però que si fem un zoom ens trobem amb milions de persones concretes. En el cas de la Guerra dels Balcans hi va haver moltes víctimes, però és amb noms i vides concretes com la d’Adis o Nermin que hi posen cara i ulls, quan a un la tragèdia li travessa realment l’ànima.

El periodisme té molt camí per fer i cal que s’emmiralli en persones periodistes com Gervasio Sánchez...

Silvia Fernández de Arriba dijo...

Aún no he podido ir a ver la exposición, pero acaba el domingo que viene, así que esta semana hago un hueco seguro.
Ya tenía ganas de verla, pero la pasión con que hablas de 'Vidas Minadas' hace que aún tenga más ganas de ir.

Fetish femina dijo...

Pude ver la exposición y no pude más que sentir vergüenza al salir de ella ya que en mi imposibilidad de poder actuar constructivamente al respecto no hace más que alimentar estas desgracias. Para una ciudadana de a pie como yo, convencida de que tales atrocidades no tendrían que existir no es más que una exposición dolorosa, me dejó impotente.
Pese a eso valoro el gran trabajo de Gervasio que con su esfuerzo ha dado luz tanto a este tema tan incómodo.

Por cierto... las próstatas me hicieron sonrojar.