19.11.08

ALZHEIMER: El reto del siglo 21 (2/2)

Extracto del reportaje titulado "ALZHEIMER: El reto del siglo 21" publicado en El Triangle y Magazin Alzheimer, publicación mensual de la Fundación ACE.



ALZHEIMER: El reto del siglo 21 (2/2)






Impacto en la sociedad
El Alzheimer es una enfermedad que plantea un triple desafío en estas vertientes: atención al enfermo, su familia y la comunidad. Una coyuntura que tiene un significativo impacto sobre la integración laboral y social de las mujeres en nuestra sociedad. Se trata además del tercer problema sanitario en los países desarrollados (tras los accidentes cardiovasculares y el cáncer) y supone un coste sociosanitario en el mundo de unos 200 mil millones de euros. Su futuro crecimiento representa una prueba de fuego en el desarrollo de unos estados del bienestar lejos de su mejor momento, pues el envejecimiento demográfico es un factor de gran influencia en el progreso del gasto publico. “La futura bancarrota de los sistemas de salud está sólidamente argumentada. Si cada enfermo requiere un cuidador, la disminución de mano de obra será una fatal consecuencia con drásticas pérdidas de productividad”, afirma el Dr. Martínez Lage.

¿Son los políticos conscientes de la dimensión del problema y actúan en consecuencia? “En general, los políticos son poco sensibles a los problemas de salud. En primer lugar porque los desconocen y en segundo, porque para prevenirlos o solventarlos hay que hacer planificaciones e inversiones que dan únicamente fruto a largo plazo. Sólo cuando la Sanidad sea un asunto de Estado que nunca se utilice para la lucha política veremos actuaciones importantes”, responde el Dr. de la Serna. En dictamen del Dr. Martínez Lage, “tanto en EEUU como en Europa y los países asiáticos hay conciencia política sobre el posible cataclismo que se avecina. Pero lo acallan porque no encuentran la solución ni el modo de actuar. Silenciando públicamente el drama, por efecto de un inconsciente colectivo, lo anulan. Es inconcebible que el presidente Bush haya reducido los presupuestos federales para descubrir tratamientos curativos”. Se estima que en Estados Unidos en el año 2050, si la ciencia no pone remedio, podrían tener entre 13 y 16 millones de enfermos. En cualquier caso, “la sociedad civil debe implicarse más. Cuando la sociedad se preocupe en serio de la sanidad, la salud y la ciencia, las cosas empezarán a mejorar de una forma muy clara. No siempre se puede echar la culpa de todo al papá Estado”, concluye el Dr. de la Serna.

 

De igual modo, los cambios en el modelo de familia y la incorporación progresiva de las mujeres al mercado laboral, son nuevos factores que exhortan a un fortalecimiento de los pilares del sistema de atención sanitaria. Los costes del Alzheimer son de dos tipos. En primer lugar los costes directos son aquellos que incluyen conceptos como la hospitalización, centros de día, residencias geriátricas, visitas médicas, exploraciones, tratamiento farmacológico, atención domiciliaria…En España, estos gastos representan un 22,6% del coste global. Por otro lado, los costes indirectos (llamados también invisibles) son aquellos servicios cuidadores, no retribuidos, cubiertos por las familias. En cifras, los costes indirectos de los pacientes más graves ascienden al 76,8%, en los moderados al 77% y en los leves al 81,6%. A todo ello debe sumarse como coste indirecto la pérdida de productividad y horas de trabajo, con la derivada disminución de ingresos. Los costes que cubren la atención domiciliaria son los más elevados entre los costes directos y los derivados del tratamiento farmacológico ocupan el segundo lugar. Ahora bien, el coste directo sanitario es bajo en comparación con los sociales, asumidos principalmente por la familia. Un estudio realizado reveló que los costes informales – atención del paciente por familiares- representaban el 88,4% del total de los gastos sociales.

Además, existen intangibles como la pérdida de calidad de vida en la familia y entornos más cercanos, el elevado coste emocional y psicológico resultante, o el deterioro de las expectativas laborales y en el ámbito relacional de algunos allegados. Asimismo, los conflictos en la dinámica familiar
provocan un aumento de los divorcios y las problemáticas intergeneracionales. Se estima que la dedicación al paciente supera las 73 horas semanales, variando en función de la gravedad de la demencia. Con este grado de dedicación el estrés y el sufrimiento de los familiares crece al ver a su ser querido deteriorarse. En síntesis, los servicios actuales son insuficientes y el estado se aprovecha en cierto grado de la generosidad de las familias españolas en tareas de asistencias sociosanitarias.

El deterioro de un ser querido es una circunstancia difícilmente comprensible y, mucho menos, aceptable. Las familias necesitan incesante aliento, tanto para atender a su enfermo como para no tirar la toalla. “El único consejo, creo que el mejor, que puedo dar a un familiar es que pida ayuda. Ayuda a sus parientes más cercanos, a sus amigos, a su médico….que no esté solo. Es importante que sepa que hay otras muchas personas en su misma situación”, aconseja Marmaneu. Aprender de las experiencias compartidas obligando al familiar a salir de casa y reencontrase con algo parecido a la vida social es un paso hacia adelante. A todo esto, es importante que la sociedad civil sea más solidaria con los enfermos de Alzheimer y con sus familiares. Y ello no tan sólo desde una perspectiva económica como moral. “El papel de la familia, como fuente de apoyo incondicional, no puede ser sustituido, pero también sabemos que la atención a la dependencia es un problema de todos, un problema al que entre todos debemos dar respuesta”, enfatiza la consellera Figueras. Al fin y al cabo, nadie está libre de padecer Alzheimer. En palabras de John Hardy, “si Auguste D. estuviera viva hoy en día, su pronóstico medico sería el mismo que en 1906”.



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Si recuerdo quien fui, otro me veo, y el pasado es el presente en el recuerdo. Quien fui es alguien que amo aunque solamente en sueños. Y la nostalgia que me aflige la mente no es de mí ni del pasado visto, sino de quien habito por detrás de los ojos ciegos. Nada, sino el instante, me conoce. Mi misma memoria es nada, y siento que quien soy y quien fui son sueños diferentes.


Fernando Pessoa



8 comentarios:

Jin dijo...

estremecedor, Tomás. creo que lo sabemos todos, pero quieras que no te tapas un poco los ojos de la conciencia para no dejar de vivir a tope (que es lo que está de moda, creo recordar)

hace unos años me conmovió un reportaje hecho en EEUU, documentando con pelos y señales la vida cotidiana de una mujer de 50 años, diagnosticada de Alzheimer, preparándose a sí misma, su casa y a su vecindario inmediato para el día en que ya hubiera perdido el control sobre sí misma...

y podemos creer, sinceramente, que la sanidad pública dejará de ser, ALGÚN DÍA, un tema político?

Patricil dijo...

Léete este artículo del New York Times, te gustará:
http://www.nytimes.com/2008/10/21/nyregion/21jane.html?pagewanted=all

Nota aclaratoria del titular del artículo: "Jane Doe" es el nombre que se le da a una persona cuyo nommbre o identidad se desconoce.

gran duc dijo...

Interesante esta nueva entrada que ya había tenido la oportunidad de leer. Siempre en tu estilo oscuro.
De todas maneras, los verdaderos retos del siglo XXI siguen siendo el hambre y la pobreza.

La asesina ilustrada dijo...

Acabà la màgia. Z´Djalun cobrà el seu triomf. És dur ser una ombra. És dur saber que ja no ets la més bella del ball. Els que adoraven a un idol d´or han fugit. Qué et queda? les ombres d´una ombra. Et quedo jo.

ANA HIMES dijo...

Harás más entradas de este tema, verdad? Dime que sí... Yo creo, sinceramente que este recorrido multidisciplinar de referencias al Alzheimer que estás haciendo tiene muchísimo mérito, sólo tú sabes tocar este tema con esa delicadeza tan esepcial...
Me encanta!

Un besito!

PD: Hoy hago un añito de mi blog!

Esther dijo...

Precioso poema el de Pessoa...

:-)

David Flórez dijo...

Teniendo en cuenta que todos mis mayores por parte de madre han ido cayendo en las garras de esa enfermedad, uno no puede dejar de pensar que sabe la respuesta a esa pregunta tan incómoda de ¿Cómo moriré?

Eso sí, todo antes que ingresar en esos campos de concentración para ancianos que llaman residencias. Descubrir lo que son, por las razones arriba apuntadas, es algo que basta para convertir en pesimista a cualquiera.

Sintagma in Blue dijo...

Qué inmenso es Pessoa.