14.12.08

El triste juego: geopolítica petrolera norteamericana


Extractos fortuitos de un extenso artículo titulado "El triste juego: geopolítica petrolera norteamericana", publicado en la revista Sistema (núm 196) y en OMAL (Observatorio de Multinacionales de América Latina). Una ojeada a la coyuntura en el Golfo Pérsico, Mar Caspio, África Occidental y América Latina. 



El triste juego: geopolítica petrolera norteamericana
  



Los expertos debaten acaloradamente sobre el punto final de la era energética del petróleo. Son muchas las voces que advierten que hemos sobrepasado el cenit de Hubbert e incontables los riesgos derivados. Las políticas exteriores corren el riesgo de volverse más agresivas debido a las exigencias cada vez más notorias de importar crudo a unas sociedades más insaciables y ávidas. Todo ello se traduciría en un incremento de “sangre por petróleo”, como ya vislumbró en su día Georges Clemenceau. También quedarán entonces visibles los esfuerzos planificadores de las diferentes comunidades. ¿Cuál es el papel de la nación militar y económicamente más poderosa del tablero petrolero?

¿Hemos alcanzado el cenit?. Una de las enormes dificultades para responder dicha pregunta reside en que no existen datos fidedignos sobre el verdadero volumen de las reservas probadas. El juego político, la incertidumbre técnica y la opacidad son vértices de la inexactitud. Los barriles de papel, embustes de los gobiernos para obtener una mejor posición frente a la concesión de un crédito o una mejor consideración económica, han sido consuetudinarios. Un paradigma del aumento deliberado del volumen de reservas se ejemplifica en 5 países de la OPEP que en los años 80 aumentaron de golpe y porrazo un 27% sus reservas. Al respecto de los precios hay que hacer un inciso. La tesis extendida es que las crisis económicas, con la intrínseca subida de precios del petróleo y sus derivados, constituyen un factor recesivo muy temido por los gobiernos occidentales. Cierto para la mayoría de países, tiene su mayor excepción en EEUU (y Gran Bretaña). Durante la crisis del Yom Kippur, los Estados Unidos hicieron valer sus ventajas comparativas (un petróleo subvencionado y hasta un 40% más barato que en Europa) minimizando su impacto con un doble sistema de precios (el gobierno impuso un techo sobre el petróleo doméstico). Debido a la política del doble sistema de precios, indirectamente la crisis de 1973 permitió a EEUU consolidar la hegemonía del dólar, tras una fuerte devaluación entre 1971 y 1973 con la que buscaban recuperar cierta capacidad exportadora, al tiempo que encubría una crisis sistémica más profunda de superproducción. El fortalecimiento de cualquier divisa ($) permite atraer a sus redes financieras los nuevos excedentes de capital de los países exportadores de petróleo y expandir ventajosamente la inversión directa de sus empresas multinacionales. Como señala Eduardo Giordano la subida de precios fue ventajosa para EEUU por tres razones: “Mejoro la competitividad interna de extracción de petróleo, consolido la hegemonía de sus compañías petroleras en el mercado mundial y tuvo un efecto catalizador en la imposición del sistema monetario internacional basado en el patrón-dólar”.

La realidad, según informa la Agencia Internacional de la Energía (AIE), es que se descubre un nuevo barril por cada cuatro que se consumen. En los últimos 30 años el mundo ha encontrado menos petróleo del que ha consumido. Se estima que en 1964 el descubrimiento de nuevos yacimientos alcanzó su pico y que actualmente casi 50 países han alcanzado su cenit extrayendo cada vez menos petróleo, entre ellos EEUU . En opinión de las petroleras, en los próximos 25 años el descubrimiento de campos petrolíferos en condiciones extremas (aguas marinas y regiones árticas) marcará la pauta. Históricamente la acentuación en las exploraciones marinas tuvo su origen en las políticas de nacionalización de países como México, Irán, Kuwait o Arabia Saudí. El marco del crudo en condiciones extremas implica unos costes de tres a cinco veces superior que en regiones más templadas. Además, implica una restricción de las inversiones a los más prolíficos y accesibles. Por añadidura, se prevé que China, el segundo país del mundo en consumo de petróleo, incrementé su demanda energética en un 150% antes de 2020. El gobierno de Hu Jintao importa la mitad del crudo, lo que hace vislumbrar una fuerte actividad geopolítica, pues se predice que en 2020 importará unos 250 millones de toneladas de petróleo. La aceleración de los consumos en los países desarrollados, los derroches energéticos, la incorporación de nuevos países con la etiqueta de consumidores de peso y el aumento de los desequilibrios energéticos forman un cóctel de alto voltaje.




Irán merece atención especial. No en vano, es señalado por el documento “Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU de América”, revisado en marzo del 2006, como el mayor reto para su seguridad y way of life. Ello se debe a que los iraníes poseen las segundas reservas más profusas de petróleo y gas del planeta. El persistente flujo de noticias sobre Irán es uno de los mayores factores en la fluctuación del precio del barril. Son pluralidad los medios que centran su atención en las ambiciones nucleares, siempre más allá de reflexiones morales múltiples y soslayando la historia reciente (Israel, Pakistán o la India). Frente a posibles sanciones, Irán, el cuarto productor mundial, opone los 4 millones de barriles diarios que produce y de los que exporta 2,7 millones. Tras dicha cortina un posible desvelo de Washington reside en la Iranian Oil Bourse (IOB), la bolsa iraní de petróleo, en la isla de Kish, basada en la comercialización petróleo-euro y que competirá con el Mercado Internacional de Nueva York (NYMEX) y el International Petroleum Exhcange (ICE), propietaria desde 2001 del IPE, consorcio anglosajón que incluye a BP y los bancos de inversión norteamericanos Goldman Sachs y Morgan Stanley. Ambos (NYMEX en NY y ICE en Londres) son los principales mercados del petróleo y gas bursátil con el dólar como abanderado. La apertura de la bolsa iraní, aplazada constantemente, permitiría que cualquiera dispuesto a comprar o vender petróleo tendrá la alternativa de realizar las transacciones en la divisa europea.

Una experiencia similar intentó Sadam Hussein cuando implantó el euro como nueva moneda para las transacciones petroleras en noviembre de 2000. La trascendencia del cambio reside en que Irán tiene sentido para Europa, que compra el 70% de su crudo, mientras Rusia, un importante país productor, vende el 66% de su petróleo a Europa. Además, del conocido apoyo de Venezuela a la conversión buscando debilitar la influencia de los bancos de inversión y los fondos de cobertura estadounidenses, también China y la India se muestran interesados en la futura Bolsa Petrolera Iraní. En primer lugar, los europeos no tendrán que comprar y tener dólares para asegurar su pago de petróleo; a los chinos y japoneses les permitiría diversificar con euros sus enormes reservas en dólares; para Rusia los intereses son evidentes debido a que el grueso de su comercio se realiza con Europa y detestan simbólicamente el dólar; y las mismas razones podrían ser validas para los países exportadores árabes. Más de las cuatro quintas partes de las transacciones en moneda extranjera y la mitad de todas las exportaciones mundiales se realizan en dólares. Es más, el 70% de las reservas internacionales se guardan en esa moneda. En síntesis, si la Iranian Oil Bourse toma impulso podría ser abrazada por diversas regiones decantando la balanza hacia el euro.

La consecuencia lógica seria que el dólar perdiese el monopolio, un resorte de impredecibles consecuencias. Un dólar al galope de la deuda llevó al FMI a subrayar el déficit comercial que estrangula a los EEUU. Empero, si a la balanza comercial se suman los beneficios de las compañías petroleras del país en el exterior (representan el doble de todas las exportaciones), el déficit se convierte en un amplio superávit. Sin embargo, la mayor parte de estos ingresos no se dirigen al sistema productivo del país, sino a los bolsillos de una minoría. Y es que las compañías multinacionales (con hegemonía anglosajona) conforman un cartel con más poder de mercado que la mismísima OPEP debido a su capacidad de refinación, transporte y distribución de la que carecen los países de la organización. Casi la totalidad de los países productores deben vincularse ineludiblemente con las compañías petroleras para dar salida a su producción al mercado internacional. Y son precisamente las multinacionales las que presionan a los países productores, para gestionar la producción y su aprovisionamiento, con tal de obtener un precio conveniente en el mercado para sus intereses. La fase de concentración a finales de 1990, iniciada cuando el precio del petróleo descendió a sus mínimos en 1998, aumentó la capacidad de presión, al mismo tiempo que su margen de beneficios al cerrar refinerías y desmantelar líneas de producción provocando el alza de los precios.


En Sudán la política es de “divide y vencerás”. China adquiere aproximadamente las dos terceras partes del petróleo del Sudán con una vasta inversión en infraestructuras. La estatal China, National Petroleum Corporation, es la principal explotadora del crudo sudanés con un participación del 40% en la compañía estatal sudanesa. Además, China, junto con sus homologas de India y Malasia, pusieron dinero para la construcción de un oleoducto con destino final en el Puerto de Sudán. Asimismo, el mercado está dominado por GCPN, un consorcio integrado por la Corporación Nacional China del Petróleo, PETRONAS de Malasia y la Compañía Nacional Sudanesa del Petróleo, que realiza una importante inversión, especialmente en el desarrollo de los campos de prospección. Con China y Rusia (intereses en la venta de armamento) de por medio el crudo parece fuera del alcance de EE.UU y por ello aboga por un cambio de régimen. Con unas razones dadivosas, pero con un trasfondo interesado, insta a una intervención militar de Naciones Unidas al tiempo que China y Rusia, con derecho de veto, tienen una opinión contraria, pues supondría una pérdida de su influencia. Sudán, el séptimo país productor africano, produce alrededor de 450.000 barriles/día con una reservas de entre 600 y 1.200 millones de barriles, además de gas. Aun así hay medios, como la BBC, que apuntan que podría llegarse incluso a los 2 mbd en plena producción y otros que vislumbran en Sudán los campos petrolíferos inexplorados más grandes de África.

Más allá de resueltos vaticinios, la modestia de las reservas de Sudan refleja explícitamente la desesperación de las naciones industrializadas en pos de fuentes de petróleo alternativas. En suma, Sudán represen
ta una lucha por el petróleo en medio de una crisis humanitaria. La guerra y los crimines se suceden y a pesar del Acuerdo de Paz de Darfur la situación está lejos de la concordia. Recientemente Al Bashir, presidente del Sudán, ha manifestado que luchará contra cualquier fuerza de la ONU que se envíe a Darfur, cuya población sufre una de las peores crisis humanitarias del mundo. Un embargo supondría que China, Rusia y la India perderían su influencia sobra las reservas y un cambio de régimen podría abrir el mercado a los EEUU. Por ello Washington y Londres intentan impulsar sanciones, mientras que los países asiáticos se muestran escépticos y preocupados por las verdaderas intenciones de bloque angloamericano.


3 comentarios:

La asesina ilustrada dijo...

L'ansietat dóna lloc al fracàs, el fracàs provoca frustració, la frustració provoca ansietat, aquest es l´efecte de la bola de neu. No em provoquis ansietat i no et provoquis tu mateix ni ansietat ni frustració. Estem d ´acord estimat Tomàs?

purpleshoes dijo...

ei, no había reparado en tus comentarios, esque tengo esto tan abandonado y ando tan falta de inspiración...


gracias y ahora en adelante te seguiré las pista :)

ELIOT dijo...

Apreciado Tomás, nada es nuevo en este antiguo mundo las intrigas y conspiraciones son tan antiguas como la humanidad, encuentro interesante sus reflexiones sobre la conspiración geopolítica petrolera, especialmente en lo expuesto en la parte por debajo del mapa (lástima que no sea en color y apuntes aclaratorios del simbolismo. Como apunte histórico me permito recordarle la Guerra de los Seis Días en 1967 y que posteriormente e inducida por Los EE.UU. comportó el primero boicot de los países productores árabes de petróleo. Castigó duramente Europa y desmanteló la cruzada que el general C.De Gaulle había iniciado en contra de la hegemonía del dólar. Ya ve apreciado Tomás nada nuevo bajo el sol.
P.D. Que enigmático y profundo a la vez el escrito de "La Asesina" que poder el suyo querido Tomás que le provoca "ANSIEDAD”. Un saludo "Asesina”, espero que my escrito no la provoque ansiedades.