31.12.08

Sólo Monk, No Chaser


Sólo Monk, No Chaser



Monk Know, Monk Know


A Andreu Artes, ¡Now!


«Sentimos el vacío de Thelonious apartado del borde del piano, el interminable diástole de un solo inmenso corazón donde laten todas nuestras sangres, y del piano, el oso se balancea amablemente y regresa nube a nube hacia el teclado, lo mira como por primera vez, pasea por el aire los dedos indecisos, los deja caer y estamos salvados, hay Thelonious capitán, hay rumbo por un rato».
 La vuelta al día en ochenta mundos. Julio Cortázar

Thelonious Sphere Monk, genuino pianista de jazz más idolatrado que imitado, comenzó su carrera en los circuitos eclesiásticos de las iglesias baptistas del Sur y el Medio Oeste, escuchando las salvas de palmas y los cantos espirituales de la congregación entre la que se encontraba su devota madre. Indiferente al simplón libreto de himnos baptistas, Monk practicaba cuando y donde podía, ansiando escapar del negocio del gospel y tocar jazz, siempre en sus exigentes y autónomos términos. “I say, play your own way. Don’t play what the public want — you play what you want and let the public pick up on what you doing — even if it does take them fifteen, twenty years”, contestó Monk en una ocasión.

Una integridad plasmada en una técnica personal poco ortodoxa, a pesar de su paso por la prestigiosa academia Juilliard. Su manera de aplastar las teclas con los dedos planos y achatados en prolongación de la palma de la mano, lejos de virtuosismo de Peterson o Tatum, constituía el epicentro de un estilo desmañado. Justamente sus manos larguísimas le permitían cubrir largos intervalos de teclas, a la caza perpetua de intangibles y desconocidos intervalos entre las notas. Un heterodoxo estilo aderezado con su ilusorio pedaleo bajo el piano, legado de la costumbre de tocar con pedales en sus tiempos de organista, cuando se encargaba de los interludios a las prédicas del apóstol ambulante: “Ella predicaba y curaba, y nosotros tocábamos”. Con Monk, y tal como expresó un crítico con tan acertado símil, uno tiene la impresión de escuchar la música prensada del instrumento, como el vino de las uvas. Una técnica extraescolar tan estrictamente personal que desafía cualquier imitación, respaldada por un talento célico que le permitía reproducir una melodía con sola oírla.


Autodidacta desde los seis años, Monk tenía en su pequeño piano Steinway un instrumento adecuado para componer y practicar, durante años sin formación musical y únicamente influenciado por los grandes jazzmen de la época: Fats Waller, Art Tatum Duke Elligton y, en especial, James P. Johnson, maestro del stride de Harlem. En la privacidad del desván de su casa Monk se pasaba horas y horas practicando a cualquier hora del día y de la noche, probando infinitas combinaciones de nuevos sonidos, tanteando nuevas estructuras plagadas de disonancias e intervalos, mirando a través de sus gafas oscuras el espejo ubicado en el techo sobre su cabeza... Una imagen narcisista combinada con la arquitectura del sonido y su alma: vasto reflejo de las teclas y sus movimientos, la mirada erguida y sus ojos perdidos en las sombras. Un yo especular como lugar de ilusión que todo refleja y nada revela. Por entonces, el pianista de los gorros chistosos ya había creado algunas composiciones de formidable belleza como Blue Monk, Epistrophy o ‘Round About Midnight.

Unos inicios algo atípicos para uno de los instigadores de la revolución del bebop, justo cuando Teddy Hill, director musical del Minton’s Playhouse, lo contrató a comienzos de la IIGM par dar pie, junto a Kenny “Klook” Clarke, a las batallas que servirían de caldo de cultivo para nuevos horizontes. Charlie Parker y Dizzy Gillespie todavía no habían pisado con fuerza el Minton’s y a Monk tenían que rogarle que se marchara para poder cerrar. Adoraba la atmósfera de capilla del Minton’s.



Sin arribismo y con grandes dosis de férrea voluntad, Monk fue víctima de la incomprensión del público y más tarde beneficiario. Inconformista y enigmática figura de culto, sus discos apenas gozaron de popularidad durante años. Duramente criticado en las páginas de Down beat y otras revistas, Monk fue despreciado por unos críticos que imploraban singularidad, pero que a la vez la repelían cuando la tenían entre manos, molestos por no poder catalogarla en sus rígidos esquemas. No obstante, Monk representaba para muchos un ejemplo de independencia y orgullo en el contexto de una revolución musical negra que no intentaba ganarse el favor del público, y con un estilo repudiado por el establishment del jazz. Rara vez tocaba música de otros con el objetivo de avivar la demanda de su propia obra.

Abocado a Une Saison en Enfer cuando fue arrestado junto con Bud Powell por consumo de estupefacientes, a Monk le fue retirado el permiso de trabajo para tocar en Nueva York durante 6 años hasta que la baronesa Pannonica "Nica" de Koenigswarter, una Rothschild también patrona de Charlie Parker y gran entusiasta del bebop, intercedió en su favor además de aliviarlo económicamente. La droga era de Bud Powell, pero él se negó a testificar en su contra y quedar libre. Durante esos años de postergación Monk se negó a abandonar Nueva York, recluido en su apartamento y las 88 teclas. Su regreso en el recién inaugurado Five Spot con Coltrane fue un rotundo éxito y en poco tiempo Monk se encontraba de gira por Europa y Japón, agasajado como nunca.


Unas verdades al por menor que no aliviaron los descalabros mentales que sufría ni tampoco frenaron las dispares interpretaciones que su extravagancia suscitaba. “Sometimes it's to your advantage for people to think you're crazy”, se defendía Monk. Una alocada imagen quizás representada y que lo acabó absorbiendo en su papel: sus bailoteos giratorios y catárticos, sus comentarios incongruentes, sus paseos arriba y abajo por una habitación durante horas, su insomnio durante días para después dormitar 48 horas seguidas… “Todo lo que le hacían lo interiorizaba, y luego esto se manifestaba en accesos terriblemente violentos de depresión y de euforia. Algo muy esquizofrénico. Cuando esto pasaba, a veces, sí, tuvimos que hospitalizarlo”, relató su hijo Thelonious Monk Jr. Incomprendido demasiado tiempo Monk se recluía progresivamente y con amargura, a la deriva como un barco sin ancla. En ocasiones abandonaba su mutismo para decir “Monk Know, Monk Know” y volver rápidamente a sumergirse en un silencio en el que muchos vieron un reflejo de la economía de su música. Arropado siempre por su mujer Nellie, la figura que le permitía avanzar al tiempo que se ocupaba de todo y lo llenaba de amor, Monk agudizaba su historial clínico (hebefrenia) sin dejar de salpicar de formas y colores melódicos las secciones rítmicas e imprimiendo ese ritmo dentado tan característico.


“Dicen que estoy loco. No es verdad, porque he estado en un manicomio y me han dejado salir”, solía decir el compositor de Straight, no chaser, una frase hecha que se usa para describir ese trago de una bebida potente que no se suaviza con otra posterior (chaser) de menor graduación. Una poética profecía del artista extenuado cuyo arte ya no le sostiene y ha empinado el cáliz de la muerte. Monk decidió callar definitivamente: ya no tenía nada más que decir o bien no tenía ninguna fe en ser comprendido. Quizás tuvo un sueño donde lloraba, se despertó y seguía llorando. Ya no llamó a nadie. “Algo le pasó... y no tuvo más ganas de tocar. Le planteé la cuestión en varias ocasiones, pero jamás me dio una explicación. Dijo: "No tengo ganas de tocar más". Cuando la enfermedad lo invadió, se encerró en sí mismo. No creo que fuese ira... ni por la música. No tenía nada que ver con la música, sino consigo mismo”, dijo el músico y amigo Charlie Rouse. Fue en 1972 cuando se confinó extenuado en su casa hasta su muerte en 1982. Diez años de olvido sin volver a aparecer en público. En el silencio más absoluto.


"presionando las teclas, sin sonido, durante tantísimo tiempo que, al final, sus adláteres abandonaron el escenario. Estaba oyendo algo que ellos no oían".
Contrapunto. Don DeLillo


11 comentarios:

David Flórez dijo...

Aunque no tenga nada que ver, me encanta ese El apartamento en cinco segundos que se ha montado en la cabecera...

La asesina ilustrada dijo...

"Las olas rompían en la playa". Si llences un objecte al mar, les onades te l retornaran. Tomàs, Tomàs. Què faràs quan jo despareixi de la teva blogosfera?

Andreu dijo...

"Its nine oclock on a saturday
The regular crowd shuffles in
Theres an old man sitting next to me
Makin love to his tonic and gin

He says, son, can you play me a memory?
Im not really sure how it goes
But its sad and its sweet and I knew it complete
When I wore a younger mans clothes"

Gràcies

WORKROOMFILMS dijo...

And the waitress is practicing politics /As the businessmen slowly get stoned /Yes, theyre sharing a drink they call loneliness /
But its better than drinkin alone

Esther* dijo...

Tomáaaas!

hacía mucho que no pasaba a visitarte y te dejaba un comentario. Me gusta volver a leerte textos de música, de jazz...

Espero que todo te vaya bién,
Muuuuak*

Gwynette dijo...

..y yo que lo entiendo.


Aunque no sabía que habia estado en un manicomio, quizás eso influya más su aislamiento, aunque no necesariamente :)

Petonets

ESTHER dijo...

Tomás, me ha gustado mucho la entrada de Monk. Qué persona, qué personaje y qué músico. Pero, así somos las personas, no? Muy humanas.

En el libro de Pannonica de Koenigswarter "Les musiciens de jazz et leurs trois voeux", el pianista Monk contesta sobre sus tres deseos:

1. Que ma musique ait du succès.
2. Que ma famille soit heureuse.
3. Qu ' on me donne une amie géniale comme toi!

En este mismo libro hay fotos muy curiosas de Monk, son fotos personales.

Un beso.

misteriosoobjetoalmediodía dijo...

Muy bueno el texto. Precisamente vi la película hace unos días.

b. dijo...

straight, no chaser... gran frase, de las que no se encojen como pupilas!

Elena dijo...

"Dicen que estoy loco. No es verdad, porque he estado en un manicomio y me han dejado salir”

verdaderamente, visto así, la sociedad ya no tiene nada que decir al respecto jaja.


Un bonito lugar, con una gran cantidad de buena música, buen cine y reflexiones interesantes.

Rocío Ovalle dijo...

Veig que coneixes al Andreu... però jo no sé qui ets! Si em dones una pista tho agraeixo :) Prenc nota per això de l'ETC...

Salutacions!