17.3.09

Diagnóstico del fotoperiodismo I

Extracto del artículo titulado "Diagnòstic del fotoperiodisme" publicado en ONGC. Revista de pensament polític, solidaritat, cooperació i relacions internacionals (Núm. 33-34)


Diagnóstico del fotoperiodismo I



Rutinas periodísticas de la seudorealidad


El fotoperiodismo a diferencia del documentalismo, que trata temas con amplios márgenes de tiempo y reflexión, se ve sometido en la actualidad a unas orientaciones austeras, justificadas por su infundado valor noticia y una sistematizada agenda-setting que presiona a los periodistas a producir sobre determinados temas con independencia de si el gato es blanco o negro. Incluso los mismos fotoperiodistas han substituido mentalmente la realidad por la búsqueda de imágenes icónicas de buena facturación en la mesa del editor y rápida clasificación en el imaginario del lector.

Las rutinas periodísticas se imbrican con el control de la cobertura gráfica mundial que implica el gobierno de la realidad, existente únicamente si ha sido fotografiada y los filtros la establecen como valores-noticia. En este entramado la fotografía actúa como certificado de la noticia en la creación de una seudorealidad, o una realidad narcotizante, en donde las noticias son preparadas mediante representaciones mediáticas que hacen bailar a la prensa. Un círculo vicioso en el que participan activamente los gatekeepers, termino acuñado por Kurt Lewin y que se refiere a los seleccionadores de noticias o porteros de la información. Globalmente los niveles de cobertura internacional han descendido, con el poder repartido en muy pocas manos (AP, Reuters), al tiempo que la censura ha ido increscendo en la percepción del público. Desde Vietnam, con un sinnúmero de fotógrafos freelance operando, a los herméticos conflictos actuales, los controles se han intensificado de varias formas. Desde la imposibilidad de actuar en determinadas zonas, el riesgo a ser víctima de “errores bélicos” hasta el más sutil, pero efectivo, menosprecio por parte de los gerifaltes de los medios. Evidencia irrefutable de cómo el poder premia la fotografía que les conviene, curiosamente concentrado todo su dinero en la inocua fotografía people mucho más mansa y rentable, sin olvidar sazonar hipócritamente su condición de progres, que no progresistas, por medio de artículos denuncia o bien publicitando el fotoperiodismo de galería anualmente.

En la concepción del fotoperiodismo encontramos dos vías de acción. La fotonoticia que recoge acontecimientos o personajes y actúa de forma generalmente ilustrativa. Y en segundo lugar, el reportaje fotográfico con margen para la autoría y la reflexión. Por desgracia, ajenas a casualidades, el tratamiento reporteril es una cuestión de extremos: a un lado AP y comitiva, al otro Salgado y otras vacas sagradas. En medio,,el vacío. El fotoperiodista actual se encuentra asfixiado con 5-6 noticias al día, sin tiempo para cogitar. La posibilidad que 1 o 2 fotógrafos de plantilla puedan trabajar rotativamente en un tema concreto, alejado de la vorágine del periodismo oficialista (del Parlament a Can Barça) y la publicity, es una quimera. De hecho, las plantillas se reducen, aumentan los colaboradores y la precariedad laboral, y se dejan cada vez más las fotografías a merced de lo que quieran enviar el puñado de agencias: Associated Press, Reuters, EPA dominada por France Press, o los bancos de imagen de los grandes grupos empresariales como Corbis o el emporio Getty que producen imágenes-cliché bajo criterios de venta máxima y que dominan el mercado después de un sinfín de absorciones (Sigma, Píxel Images, Image Bank…).



Crisis ¿Intrínseca o inducida?

Hay que enfatizar que al hablar de crisis del fotoperiodismo los designios del capitalismo son mucho más tangibles que los azotes de estetas postmodernos. La parálisis actual es modificable mediante un nuevo discurso de empresa. No hay una crisis de fotoperiodistas, pero no se puede obviar que las bases del concurso para resultar premiados en sociedad, junto con la miseria y el titánico esfuerzo para sacar adelante un fotoperiodismo de contenido, influyen en las percepciones y rumbos de las nuevas generaciones, así como en el comportamiento de las asentadas.

En la actualidad los tipos de imagen (asépticas) están sujetas a las estructuras de propiedad de la prensa, con voraz querencia a la concentración en las últimas décadas, y a las fuentes de publicidad que han dinamitado los espacios para los criterios profesionales. La publicidad condiciona sigilosamente los contenidos y, sobretodo, estrangula económicamente, alejando del perímetro de la financiación, a los modelos de prensa ajenos a su idiosincrasia. La prensa disidente es trabada constantemente, inducida a dispersarse, mientras la prensa-producto que representa la oligarquía es donde se concentra el dinero de la publicidad. Los anunciantes son seducidos por la tirada, pero en particular por los contenidos que consideran idóneos a sus intereses e ideología, y lo que queda fuera no existe.

En una línea más polarizada y en auge se encuentran las revistas especializadas financiadas por los anunciantes para acceder a un público específico sin más distracciones. Asimismo, la concentración mediática facilita paquetes publicitarios a mejor coste y, en especial, permite el secuestro de la critica. Ello se adereza con el modelo people, de contenidos sinérgicos a la publicidad y que favorece el mantenimiento del status quo. El modelo people basa su fuerza en nuestra necesidad constante de definir y redefinir nuestra identidad posmoderna, al mismo tiempo que modela nuestro comportamiento social inculcándonos los conocimientos para competir y hacernos valer pasando por caja. Seguramente las necrológicas del people, imitadas como papanatas por todas las redacciones pretendidamente culturales, sean la descomposición más viva de la pulsación mitomaníaca y un signo del harakiri del conjunto de la prensa.

Al atrevimiento e innovación constante en el campo de la publicidad hay que añadir su voluntad de buscar el contrapeso en canales de difusión encorsetados, donde la publicidad no sea contrarrestada ni estética ni temáticamente. Así la fotografía de prensa debe diluir su impacto visual y la agudeza de su mensaje para no contrariar.
Estos factores, las inercias del marketing y la publicidad, han llevado a truncar la corriente fotoperiodística en una regresión programada. Frente a esta intrusión se contempla una gran desidia crítica del comprador, la desproporción de nuestra identidad individual.

Ante la penuria informativa, la gratuidad se impone como la forma extrema para que los ciudadanos sigan contemplando publicidad, hasta el punto que ahora la publicidad envolvente ya es portada ocasional de la prensa “seria”. En ese juego también participa el mecanismo de las promociones que buscan retener al lector en el escaparate en que se ha convertido el quiosco. A favor del papel y en contra de los agoreros que contemplan su desaparición está la mayor efectividad de la publicidad en formato papel. Una solución de contrarresto podría ser la prensa pública y gratuita, subvencionada con nuestros impuestos, con publicidad subsidiaria y regulada. El principal temor es la incertidumbre que la oligarquía de partidos marque su propia agenda. El principal pro la urgencia de contrarrestar la inercia actual.



“La información es demasiado importante 
para dejarla en manos del periodismo”.
Henry Kissinger



2 comentarios:

DANIEL VILOSA dijo...

si una imatge diu més que 1.000 paraules, però la imatge no es valora ni es respecta...què ens queda?

Anàlisi digne de ser publicat a una revista o diari, estigui o no lliure de les amenaces publicitàries i els continguts basats en la inèrcia.

Felicitats.

gafapasta dijo...

Hola,

¿Qué piensas del reportaje del Reboredo que incluyes? Para mi, es evidente que la colocación del drogadicto delante del muro es impostada, una recreación. Y le quita toda la verdad a la imagen. Es como cuando los reporteros colocan peluches en las casas palestinas para que el "efecto niño" nos toque la fibra sensible.

Saludos y gracias por pasarte. ¿Te gustaría compartir una tarde un café o una cerveza?