22.7.09

Buy the Ticket, Take the Ride III: ¿Gonzo Who? (II)

Serie Gonzo (3/9)



Buy the Ticket, Take the Ride III




Hay que enmascararse para desenmascarar la sociedad,

hay que fingir y engañar para averiguar la verdad.

Günter Wallraff



3. ¿Gonzo Who? (II)


No se puede olvidar que el periodismo gonzo fabrica leyendas. En una cultura exhibicionista, donde everyone will be famous for fifteen minutes, el periodismo gonzo es un altavoz privilegiado y alternativo desde el interior de la profesión. El ansiado estatus de estrella que El Nuevo Periodismo demandaba entre líneas para sus acólitos encaja a la perfección con el estilo de reportear del periodismo gonzo, desde el momento en que el periodista se muestra dispuesto a provocar muchos de los incidentes que describirá y dirá descubrir, así como en lo referente a su actitud: exhibicionista desde el escenario y burlesca con el trabajo del periodista convencional de cualquier redacción, casi siempre en cuclillas detrás de las migas del poder. Con todo, ahora ya nadie se lleva las manos a la cabeza, pues los periodistas también han entrado en el mundo de la publicidad, proyectando imágenes públicas, consciente o inconscientemente, para fomentar su reputación: mediante lecturas al auditorio, cometiendo excesos, respaldados en el formato del magazine, moldeando aspectos de su personalidad y con el objeto de ser consumidos por el público. Ahí queda la contraportada del primer libro de Capote titulado Other Voices, Other Rooms, seductora y polémica, o las tormentosas entrevistas concedidas por HST en la promoción de sus libros.

El periodismo gonzo es un ejercicio de sinceridad en el cual el periodista no intenta actuar como un reflejo de la realidad que transcribe sucesos a palabras. El periodista se mira al espejo, el periodista evidencia y vocifera su presencia, alterando el suceso. Al igual que la fotografía, el periodismo gonzo no tan sólo actúa como testimonio sino que también como desencadenante de determinadas situaciones. Es por ello que en ocasiones el periodista debe camuflarse (Günter Wallraf) con el objetivo de captar la esencia de los hechos y no las poses interesadas de los protagonistas. Wallraff huye de los posados y se convierte en un ladrón de guante blanco, única forma de exponer los desequilibrios de una sociedad usurpada y poco avergonzada. No fue el caso de HST y Hell’s Angels, no en vano el autor fue de frente (up front) con su identidad hasta que los moteros sospecharon que HST se lucraba con los textos y le exigieron un porcentaje. HST recibió una soberana paliza y la indagación concluyó (quizás de la forma que HST quiso). Cabe suponer pues que la presencia de HST influyó cómo detonante de determinadas situaciones sonadas que ayudaban a engrandecer interesadamente la figura de los moteros, proyectando sus sueños épicos, o bien suavizar, a ratos, el retrato de desenfreno y barbarismo que dibujaban de ellos el resto de la prensa, así como mitigar la incomprensión de su estilo de vida. De cualquier forma mantenerse al margen conlleva la peor solución: escatimar elementos de análisis a la realidad.

Y además me desdoblé. El año anterior hacía cine, desempeñaba mi propio papel, me lanzaba sin trabas a lo imaginario y más de una vez hasta pensé en hundirme en él totalmente. Como autor, el héroe seguía siendo yo, y seguía proyectando en él mis sueños épicos. Sin embargo, éramos dos: no tenía mi nombre y sólo hablaba de él en tercera persona. En vez de prestarle mis gestos, le hice con palabras un cuerpo que pretendía ver. Me hubiera podido asustar esta “distinción” repentina, pero me encantó; me alegró ser él sin que fuese yo del todo. Era mi muñeco, lo doblegaba a mis caprichos, podía ponerlo a prueba, darle un lanzazo en el costado y cuidarle después como me cuidaba mi madre, curarle como ella me curaba.


Les Mots. Jean-Paul Sartre.

La presencia del periodista en un primer plano, en carne viva y con un acceso privilegiado a la información, también supone toda una declaración de principios frente al periodismo más burocrático y enclaustrado: de la redacción a casa y de casa a la redacción. Más allá de los juegos pirotécnicos del ego, más allá de las declaraciones oficiales y la recolección mecánica de opiniones, el periodismo gonzo denuncia el apocamiento y sedentarismo de un periodismo demasiado tributario de los teletipos y las llamadas telefónicas. Los periodistas gonzo hacen suyo el lema del fotógrafo Capa: “Si tus fotos no son lo bastante buenas, es que no estabas lo bastante cerca”. Dicho de otro modo, si tu texto no trasmite, informa ni emociona, es que no estabas lo suficientemente implicado. En resumen, el periodismo gonzo aporta luz sobre la validez de las rutinas periodísticas como fórmula para exponer la realidad.


El periodismo gonzo monopolizado por la estela de HST parece sugerir que lo gonzo requiere un rostro canalla y una personalidad indómita. En HST el personaje es vital y es por ello que se ha construido esa caricatura, ese alter ego (Raoul Duke), ese vehículo, en definitiva, en el que uno se sube y no acierta a saber jamás si las experiencias son reales o pura fantasía. Sin embargo, el periodismo gonzo es un camino de doble sentido que debería tener como epicentro el periodismo y no el personaje.

¿Qué fuentes utiliza el buen periodismo gonzo? Además de las propias experiencias y vivencias, el buen periodista gonzo no desdeña el resto de fuentes complementarias en todo reportaje y noticia. Una información que puede intercalar o bien absorber como parte de su experiencia. Los informes de campo, las entrevistas, los artículos y narraciones ya publicadas, el off the record, las voces expertas…todo suma. El hecho de que el periodista participe en los hechos no lo exime - no debería- de un buen trabajo de campo. En caso contrario la experiencia sería el único aliciente del periodista, su finalidad y no el instrumento de conocimiento de una situación inaccesible de otro modo, y cuando
el periodista abusa de la convicción de su experiencia el reportaje suele ancorarse hacia la parálisis. Wallraff no cae en ese pozo y cuando se camufla ya nos lo advierte: “Hay que enmascararse para desenmascarar la sociedad, hay que fingir y engañar para averiguar la verdad”. Siempre con un objetivo claro, como el expuesto por Wallraff en el prólogo de su libro más inmejorable: hacernos saber y sentir que significa ser inmigrante, en Köln o en Terrassa.
[Gonzo journalism] is a style of reporting based on William Faulkner’s idea that the best fiction is far more true than any kind of journalism - and the best journalists have always known this. Which is not to say that fiction is necessarily more true than journalism - or vice versa - but that both ‘fiction’ and ‘journalism’ are artificial categories, and that both forms, at their best, are only two different means to the same end. True Gonzo reporting needs the talent of a master journalist, the eye of an artist/photographer, and the heavy balls of an actor. Because the writer must be a participant in the scene while he’s writing it - or at least taping it, or even sketching it. Or all three. Probably the closest analogy to the ideal would be a film director/producer who writes his own scripts, does his own camera work, and somehow manages to find himself in action, as the protagonist or at least the main character.


Hunter S.Thompson

Así justifica o fundamenta su estilo HST. Según él, tanto el periodismo como la ficción son categorías artificiales incapaces de aprehender la realidad, así pues, divirtámonos parece decirnos. Si la objetividad es una falacia, una meta inalcanzable que construye realidades encorsetadas, ¿por qué no abrazar el periodismo con honestidad desde la propia experiencia? Con un emisor claro y conciso, nunca agazapado bajo clichés periodísticos, y produciendo textos de consideración para el mañana, la posteridad. Dicha visión se entronca con los postulados de El Nuevo Periodismo de Wolfe, Capote y compañía. Admitida su condición de sujetos ya no se preocupan de borrar sus huellas, tal y como si hace el periodismo secular que busca la verosimilitud de la objetividad. La verdad es un consenso, un acuerdo, y la realidad adquiere sentido a medida que las situaciones son verbalizadas en enunciados lingüísticos. La pirámide invertida no es sinónimo de un acercamiento más veraz, sino una forma de construcción de la misma bajo determinados patrones, asépticos e higiénicos. El periodista gonzo se desembaraza pues de toda minimización de su trabajo, de la fácil suplantación de su oficio, para elevar la profesión a unos nuevos altares. Como dice HST el periodismo gonzo demanda “the talent of a master journalist, the eye of an artist/photographer, and the heavy balls of an actor”, cualidades difícilmente reconocibles en el periodista de hoy en día, donde cualquiera puede disfrazarse de periodista y ejercer como tal.


El periodismo gonzo, actitud crítica y extremista dentro de El Nuevo Periodismo, periodismo en su esencia más pura, expone una actitud contestaria contra las élites del poder y la industria de la comunicación. En cierta forma les acusa que usando como pretexto la objetividad dogmática y ortodoxa se suplante la realidad, se deforme y creen nuevas realidades bajo imperativos ideológicos o de impacto. En numerosas ocasiones, los medios de comunicación legitiman estereotipos mediante la creación de su imagen pública. HST denunciaba ese “montaje periodístico” y su réplica fueron 18 meses de convivencia con los moteros en Hell’s Angels para intentar desmontar una visión prefabricada desde la prensa indolente.


Si algo demostraba la “saga de Los Ángeles del Infierno”, era el poder sobrecogedor de la prensa neoyorquina. Los Ángeles del Infierno tal como existen hoy fueron prácticamente creados por Time, Newsweek y The New York Times.


Los Ángeles del infierno. Hunter S. Thompson.

1 comentario:

WORKROOMFILMS dijo...

Hola Tomas
Veo que el tren parte a toda mecha.
Más madera.

Estaba pensando en David Foster Wallace como un postgonzo. Sobretodo la historia de Lynch en Algunas entrevistas... y la novela (reportaje) corta, Algunas cosas que nunca (no me acuerdo del titulo entero)

Salvo excepciones (determinantes, sí) el gonzo se ha terminado por asentar como un genero americano.
Al igual que todo escritor busca su novela americana pasa algo parecido con el reportaje americano.

El gonzo pudo haber terminado siendo una subconjunto de los beatnicks.
Ha pasado el corte.

Incluirías a Michael Herr entre los gonzos?
Y Kapucinski?

Y me he quedado pensando en el final del texto de HST:
"Probably the closest analogy to the ideal would be a film director/producer who writes his own scripts, does his own camera work, and somehow manages to find himself in action, as the protagonist or at least the main character."
Más o menos eso es Jonas Mekas. Le falta la inquietud periodística (le sobra poesía)

Me apunto el nombre de Nellie Bly.
Y ya.