23.7.09

Buy the Ticket, Take the Ride IV: Je est un autre

Serie Gonzo (4/9)


Buy the Ticket, Take the Ride IV




4. Je est un autre

Si El Nuevo Periodismo ya provocaba el choque frontal entre dos conceptos, hasta entonces antagónicos, como la presunta realidad y la ficción, el periodismo gonzo dinamita todavía más cualquier frontera. Cualquier escuela de periodismo siempre incide en conceptos como la objetividad y la ponderación de fuentes y puntos de vistas. Sin embargo, volviendo a la idea de Faulkner (the best fiction is far more true than any kind of journalism) que HST empuña por bandera, muchos periodistas se han encontrado alguna vez en la tesitura de que después de entrevistar a alguien durante horas fracasan a la hora construir un diálogo coherente y fiel, sin cambiar algunas palabras. No sé puede negar que en ocasiones los hechos presentados como ficción ofrecen una visión más diáfana y contigua al lector, pero entonces se puede caer en la trampa de sustituir la entrevista por un coloquio y después redactar la entrevista que al periodista le parece más cercana a las sensaciones experimentadas y también aquella que más se asemeja a la imagen que desea proyectar el entrevistado y espera el lector.

Excepcionalmente, autores como Withman, Twain o Dreiser han admitido haberse inventando historias. Alastair Reid de The New Yorker admitió haberse inventado historias, personajes y escenas en sus reportajes: el periodista inevitablemente trafica en el mundo de los hechos y la ficción es un peaje inevitable. John Hersey dijo en una ocasión: “As to journalism, we may as well grant right away that there is such thing as absolute objectivity. It is imposible to present in words the truth or the whole story. Y concluyó que “a grat deal of harm has been done in recent years by the notion that something can be both a novel and journalism and the same time”. Mailer también creía que la ficción y los hechos se podían mezclar, sin embargo la ética periodística advierte sobre la diferencia entre la substracción de un dato y la invención de un dato. Algunos periodistas como Janet Cook en cruzaron la frontera, presentando una tipificación no advertida, un todo presente en pequeños fragmentos por un reverso ficticio: Jimmy, un niño de 8 años adicto a la heroína que despertó el interés de media América y que en realidad tan sólo era la construcción de los muchos Jimmy’s desatendidos. Un relato en formato periodístico, fabricado, pero extraído de un trabajo de campo con decenas de entrevistas a trabajadores sociales y la aproximación a casos similares. Una vez desvelada la inexistencia de Jimmy, ni el público ni el diario le perdonaron a la autora tal inmoralidad periodística, olvidando la infinidad de Jimmy’s existentes. El Pulitzer fue rechazado por The Washington Post. John Hersey salió mejor parado al advertirlo en su reportaje Joe is Home Now: “This story is in fiction form but is base on fact. It is distilled from the actual experiences of 43 different discharged soldiers“ .

Aunque la realidad literaria, invención o no, es un anunciado convenido a una verdad desde un punto de vista semiótico, ello siempre ha chocado con la deontología periodística. En el periodismo gonzo, expresión individualista y romántica, donde el yo tiene una gran importancia, los peligros de la subjetividad en el relato periodístico se acrecientan. HST es, por ejemplo, el paradigma de un individualista del Renacimiento: desea hacer las cosas a su manera y al margen de los demás, proyectando en muchas ocasiones un estilo de vida idealizado que convierte los hechos en fantasías. Mediante sus escritos va aclarando vagas intuiciones sobre lo que hace con su vida, al tiempo que se construye una con la complicidad del lector. La cita de Rimbaud Je est un autre le viene como anillo al dedo en ocasiones. Y es que el peligro principal, desde el punto de vista periodístico, del llamado periodismo gonzo es el juego del yo-yo. Si la caja de Pandora representa el subconsciente, sus demonios y sus cavernas, el periodismo siempre se ha inclinado a cerrar dicha caja a cal y canto. No dejar que esos demonios afloren y dejen su huella en el relato como sucede con Rimbaud. Escribe Alejandro Iñigo que jamás se puede convertir el reportaje periodístico en algo personal: “No es válido utilizar un espacio periodístico como válvula de escape para nuestros rencores y nuestras frustraciones ante la sociedad, corrientes ideológicas o sistemas políticos”. Según su opinión, hay que cerrar esa caja de Pandora para darle al trabajo un perfil más profesional, más periodístico, sin que jamás el periodista se crea más importante que la historia y sus personajes. En caso contrario estaría utilizando el periodismo como disfraz literario, quizás para tapar sus inseguridades como novelista.

Batiéndose entre la caja de Pandora y la hoguera de las vanidades, el periodismo gonzo lucha para ser reconocido como periodístico, con sus virtudes y defectos, aún mutando de personalidad como Wallraff: “El que se está contemplando en el espejo, ya no soy yo”.

Géneros

El punto de vista de narrador protagonista tiene una gran tradición en la literatura de yo y la memorialistíca, no confundir con la prosa o periodismo costumbrista de Larra, Ruano o Umbral. En ese sentido el periodismo gonzo está asociado a grandes ejes literarios y con una trayectoria en las letras todavía por explorar. El periodismo implicativo, de investigación y comprometido tampoco eran de nuevo cuño. No obstante, el periodismo gonzo no tiene un gran corpus como sí existe en otros géneros periodísticos y literarios. Así mismo, el periodismo gonzo es también periodismo de autor y, por tanto, en función del periodista y la finalidad con la que utiliza el punto de vista de narrador protagonista encontramos diversas tonalidades gonzo. No es lo mismo HST que Günter Wallraff, no son idénticas las metas que quieren alcanzar ni tampoco su visión del periodismo. Temáticamente el periodismo gonzo se caracteriza por su inmersión en situaciones relacionadas con el sexo, la violencia, las drogas, los deportes y la política. En definitiva, las obsesiones de Norteamérica y de la mayoría de culturas. El periodista gonzo se adentra en situaciones extremas con el objetivo de llevar a cabo un escrutinio de las mismas, conviviendo con grupos sociales, artistas o políticos en gira. La reivindicación puede ser o no habitual, si bien desde la tradición muckracker el periodismo gonzo no hace gala de una fuerte corriente al respecto, decantándose por un estilo que privilegia el reflejo de la realidad con humor y sarcasmo, es decir, atacando lo políticamente incorrecto por otros costados.

Volviendo a la literatura, seguramente el género literario más próximo al periodismo gonzo sea el género autobiográfico, ya de por si bastante espacioso, si bien en este caso no se evoca, más bien se narra. Y ello sería consecuencia directa de la implicación del periodista, ignorando las no pocas salvedades de construcción de la realidad y las verdades convenidas. Junto a la ficción, la autobiografía presenta un enunciado de la realidad donde el yo puede ser fruto de la invención, el sueño o la mentira. El yo autobiográfico busca además la transformación del yo, en ocasiones de forma lírica y épica, algo evidente en el esmero de la construcción de los personajes y el tratamiento mediático de los periodistas gonzo.

El periodismo gonzo no se asemeja a la clásica autobiografí
a o memorias consistentes en la acumulación exhaustiva (o no) de hechos vividos, sino que mezclaría su trabajo - el pretexto-, con su yo, en tiempo real. Quizás sea eso lo más interesante: la inmediatez. Experiencia y narración autobiográfica corren paralelas y al unísono. No se trata de una escritura autobiográfica calmada en el retiro, sino secuencial a medida que el periodista elabora los diferentes relatos y perfectamente compatible con una suerte de autobiografía más convencional. A fogonazos el periodista escribe su dietario, sin olvidar un trabajo periodístico complementario, sin olvidar las historias y personajes que urden su yo.

Por otra parte, las autobiografías contemporáneas ya no placen con la exhaustividad, sino que premian las memorias subjetivas. La autobiografía es un género literario que profundiza en el dominio del yo: es un genero mitificador, como los reportajes gonzo, heroico y en ocasiones ególatra. A menudo la persona se convierte en personaje tejiéndose un traje a la medida. ¿Cuando un persona decide contar su vida a otra? Cuando cree que tiene interés el autor pergeña una historia de su vida.

Con descaro, el género autobiográfico sobrevuela casi toda la literatura, directa o indirectamente. Toda la novela contemporánea se inscribe en la corriente autobiográfica, de la misma manera que toda obra de un autor es parte de una autobiografía. Toda novela es literatura del yo, o casi. No obstante, en este caso no se trata de la inclusión de aspectos en la novela que el crítico intenta verificar, sino que el periodista pisa con fuerza el escenario proclamando su papel de director y actor al unísono. Tampoco hay una visión panorámica nacida de la reflexión. El periodismo gonzo es más bien un autorretrato.


1 comentario:

WORKROOMFILMS dijo...

Generalmente de todos esos autoretratos, o esos intentos de crearse, las mentiras son lo más interesante y lo que más nos acercan al autor.
La mentira de Janet Cook a lo Juan Nadie es lo que mejor describe el alma/objetivo de su obra.

No puedo estar más en contra del señor Alejandro Iñigo. El periodismo yoista (y se podría extrapolar a cualquier manifestación más o menos narrativa)es exactamente eso, una válvula de escape, un psiquiatra de cómodos plazos.