23.7.09

Buy the Ticket, Take the Ride V: Hunter.S.Thompson

Serie Gonzo (5/9)


Buy the Ticket, Take the Ride V






5. Hunter.S.Thompson

HST, profeta y principal baluarte de una visión reduccionista y poco histórica del gonzo, es el autor que más lejos ha llegado y él que más atención ha recibido. Su personalidad, verdadero polo de atracción, al igual que sus escritos, han eclipsado cualquier nuevo intento de asimilación y relanzamiento. Debilidad por las muñecas hinchables, grabaciones a todo trapo de animales gimiendo para atemorizar el vecindario, drogas y alcohol (“I hate to advocate drugs, alcohol, violence or insanity to anyone, but they’ve always worked for me.”), una pasión enfermiza por las armas que lo llevó a asociarse con la vilipendiada Asociación Nacional del Rifle, partidario de la legalización de todo tipo de drogas, obsesionado con Nixon (“es capaz de darte la mano y apuñalarte al mismo tiempo”) al que le dedica ácidos fragmentos, en especial en su artículo Presenting: The Richard Nixon Doll (Overhauled 1968 Model)… en definitiva, un personaje capaz de vender y atraer a nuevos públicos por disparidad de motivos. A pesar de su crítica corrosiva a Nixon, HST siente una atracción nostálgica y combativa hacia un personaje que lo incita, hasta en ocasiones hacerle caer en la desproporción (cuando compara la legislatura de Nixon con 1984 de Orwell). Sin embargo, su figura va más allá de un retablo de excentricidades con las que se deleitaba. Igualmente, HST va más allá del gonzo y también es un incisivo comentarista político de su era.

Bajo su tutela, y también la de su alter ego Raoul Duke, el gonzo alcanzó su versión más desequilibrada en Fear and Loathing in Las Vegas y su versión más focalizada con Hell’s Angels, su retrato de la famosa banda de motoristas: “Tensos para la acción, pelo largo al viento, barbas y pañuelos ondeando, pendientes, sobacos, cadenas, cruces gamadas y Harleys desguarnecidas mientras el tráfico se abre por la 101, nervioso, para dejar que pase la formación como el estallido de una tormenta de polvo”. HST se integró a ellos y compartió su estilo de vida como periodista participante. El resultado fue el libro que le encumbró y le dio notoriedad, un relato en el que el estilo de HST no había sido devorado por la fastuosidad de su way of life particular. HST tiene claro su objetivo inicial: reportear una realidad atractiva que está siendo edulcorada y mitificada por los grandes medios de comunicación con el objetivo de vender con titulares vistosos y amañados. HST, dentro de sus márgenes, está concentrado y no se deja llevar en su relato por la descripción de experiencias y sensaciones sin ton ni son. Los focos iluminan principalmente a Los Ángeles del Infierno bajo su mirada, siempre presente. Su primera persona todavía no estaba tan hambrienta como para devorar la historia y hacerla irreconocible. Tal y como expresa Chillón: “El reportero vive con Los Ángeles sólo porque tiene que hacerlo, pero no hastía al lector con la rememoración narcisista de su itinerario personal”.


¿Dónde deja todo esto a los Hell’s Angels y a los miles de estremecidos californianos que (según Time) están enfermos de preocupación por ellos? ¿Serán realmente estos forajidos atrapados y enrielados, como lo han propuesto las revistas noticiosas? ¿Podrán los honestos volver a caminar en paz por las calles? La respuesta es que nada ha cambiado, con la excepción de que algunas personas que se hacen llamar los Hell’s Angels tienen un nuevo sentido de dentidad e importancia.


The Motorcycle Gangs. Losers and Outsiders. Hunter S.Thompson

Hell’s Angels nació como articulo (The Motorcycle Gangs: Losers and Outsiders) en 1965 para The Nation. Su publicación atrajo el interés de algunas editoriales, entre ellas Random House que le propuso ampliar la experiencia y publicar un libro. Hell’s Angels es una novela-reportaje equilibrada entre El Nuevo Periodismo y el periodismo gonzo. Y sobre todo cercana a los valores del periodismo. HST se interroga sobre la realidad de unos hechos deformados por los grandes medios de comunicación y muestra un compromiso. Su autor advierte sobre el peligro de la construcción de una realidad decantada por imperativos económicos, del periodismo amarillento que sacrifica el rigor por el papanatismo informativo, del periodismo perezoso que privilegia una ficción quizás verdadera frente a la comprobación de los hechos in situ. El periodista al que replica HST ha presentado una postal con visos de verdad, una historia que criminaliza en base a apariencias y opiniones infundadas. Así mismo, HST pone en solfa a los jueces que sólo buscan notoriedad mediante la exaltación de los hechos y sus condenas.


When the much-quoted report was released, the local press—primarily the San Francisco Chronicle, which had earlier done a long and fairly objective series on the Hell’s Angels—made a point of saying that the Monterey charges against the Hell’s Angels had been dropped for lack of evidence. Newsweek was careful not to mention Monterey at all, but the New York Times referred to it as “the alleged gang rape” which, however, left no doubt in a reader’s mind that something savage had occurred. It remained for Time, though, to flatly ignore the fact that the Monterey rape charges had been dismissed. Its article leaned heavily on the hairiest and least factual sections of the report, and ignored the rest. It said, for instance, that the Hell’s Angels initiation rite “demands that any new member bring a woman or girl [called a ‘sheep’] who is willing to submit to sexual intercourse with each member of the club.” That is untrue, although, as one Angel explained, “Now and then you get a woman who likes to cover the crowd, and hell, I’m no prude. People don’t like to think women go for that stuff, but a lot of them do.” We were talking across a pool table about the rash of publicity and how it had affected the Angel’s activities. I was trying to explain to him that the bulk of the press in this country has such a vested interest in the status quo that it can’t afford to do much honest probing at the roots, for fear of what they might find. “Oh, I don’t know,” he said. “Of course I don’t like to read all this bullshit because it brings the heat down on us, but since we got famous we’ve had more rich fags and sex-hungry women come looking for us that we ever had before. Hell, these days we have more action than we can handle.


The Motorcycle Gangs. Losers and Outsiders. Hunter S.Thompson


Con su colorido y bizarro estilo, aderezado con su particular humor, HST desenmascara la hipocresía de los grandes medios de comunicación, aunque tampoco escapa de la tentación de embellecer su relato para ganar notoriedad y lectores. Ralph Hubert “Sonny” Barger, toda una institución de los Hell’s Angels y con el que convivió HST, relata en su biografía, Hell’s Angel: The Life and Times of Sonny Barger and the Hell’s Angels Motorcycle Club, esa faceta de HST, propensa a exagerar y situarse en el ojo del huracán. Según explica Sonny Barger, HST exageró bastante las situaciones hasta llegar a provocar su paliza como anzuelo para así mejorar las vendas de su libro: “He got beat up by us, but he set that up. After the book was all done he come around us and said can I go on a run with ya. He got in an argument with a guy, he caused a fight, he got beat up and the cover of the book said “I met. I lived with and I was almost killed by…” [...] What a guy ! You know, we’re gonna get in a fight with the cops and he jumps in the trunk of the car, but he’ll get his butt beat to sell a book”.


Años más tarde su faceta más ególatra, enloquecida y corrosiva se puso las botas con Fear and Loathing in Las Vegas, relato delirante y anárquico de las experiencias de HST en el paraíso artificial de Las Vegas. Un libro alucinógeno sin propósito periodístico evidente. Gonzo seguro, pero, ¿periodístico? Más bien novela picaresca. Aparecido en dos volúmenes en la revista Rolling Stone, HST simboliza la decadencia de la cultura popular y sus valores a través de una visión surrealista y contaminada por las drogas. Un relato decadente con ciertas similitudes de fondo con The Great Gatsby de Fitzgerald, escritor admirado por HST hasta el punto de haber trascrito The Great Gatsby durante sus años mozos. El estilo de HST se aleja del periodismo mientras que su corrosiva prosa poética y demente lo ensalza novelísticamente tras los pasos de la escritura automática. Me remito a las opiniones vertidas por cualquier estudiante o lector, en cualquier reseña, poniéndose siempre el énfasis en lo salvaje, la hilaridad de las situaciones o la locura de sus personajes. No hay duda en que, para bien o para mal, se trata de un relato carente de equilibrio y, me atrevo a decir, sin un sentido de despegue y aterrizaje, aunque el embudo crítico de la decadencia sirva a menudo tanto para un roto como para un descosido. Un paisaje, el norteamericano de la década de los 60-70, por sí mismo alucinógeno para un HST que usa la cáscara periodística para construir fantasías palpables mediante la parodia.

Su visión predatoria de la sociedad, donde la única motivación es la supervivencia, impregna sus escritos, al tiempo que convierte el sueño americano en un choteo, en la clásica tragedia americana que tantos escritores se han afanado por narrar. “This place is like the Army: the shark ethic prevails – eat the wounded. In a closed society where everybody’s guilty, the only crime is getting caught. In a world of thieves, the only final sin is stupidity”, escribe en Fear and Loathing in Las Vegas, un viaje irrelevante y poco transitivo que ni él mismo parece entender, con lo que poco a poco se va tejiendo una historia amarga sobre la irrealidad americana, sin aparente causa ni efecto, al igual que la vida misma y su naufragio.

Aunque el mensaje no sea imprescindible en una obra (siempre lo hay, pues para eso están los sesudos teóricos pariendo bobadas sobre libros ajenos que hacen suyos), si hablamos de periodismo no se puede escatimar y en este trabajo de HST la razón está enterrada en los escombros del egotismo del autor más preocupado en su propio itinerario personal que en iluminar alguna sombra. A la vez que denuncia los excesos en su epicentro, Las Vegas, él mismo cae en sus propios excesos. Y lo reconoce: “I should cut back and explain at this point, that Fear & Loathing in Las Vegas is a failed experiment in Gonzo Journalism. My idea was to buy a fat notebook and record the whole thing, as it happened, then send in the notebook for publication - without editing”. En efecto, su metodología consistía en enviar todo el material sin editar, páginas y páginas escritas bajo la inspiración del momento, siguiendo la estela del “first thought, best thought” de Allen Ginsberg: a diferencia de la paciencia en la construcción de antaño, Ginsberg aboga por mantener la mente constantemente preparada, en respiración y con grandes dosis de disciplina, para absorber los momentos e inmortalizarlos. De cualquier manera, el libro se alzó como un gran éxito, eclipsando a Hell’s Angels, descatalogado en España por Anagrama.


No obstante, gran parte del trabajo de HST para revistas y periódicos está recopilado en los cuatro volúmenes titulados The Gonzo Papers (The Great Shark Hunt, Generation of Swine, Songs of the Doomed, Better Than Sex). A través de sus artículos para The Nation, Scanlan’s Monthly, Playboy, Cycle World, National Observer, Rolling Steone, The San Francisco Examiner... se puede vislumbrar como HST cruza la frontera de un periodismo pre-gonzo, de perfil literario y más formal, hacia su propio universo más grotesco y confuso, donde el being there (sincero o no) contamina una visión periodística de cualquier índole. Con el paso del tiempo el evento se convierte para HST en el McGuffin, el pretexto para una descripción de la trastienda (crónica sobre la Super Bowl), o simplemente para dar rienda suelta a su particular universo de obsesiones. En cierta forma, HST bordea un metaperiodismo que ilumina el trabajo del periodista sobre la noticia, al tiempo que desvela sus rutinas de producción, a menudo irrisorias: el metaperiodismo entendido como una crítica a la profesión, poniendo sobre la mesa la honestidad, pues el periodista explica su acceso a la información y su percepción de los sucesos. La objetividad es desenmascarada. Frente a tantas realidades como testigos o supervivientes, HST desvela sus secretos y lanzas las octavillas: Express Yourself.



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