23.7.09

Buy the Ticket, Take the Ride VI: Günter Wallraff

Serie Gonzo (6/9)


Buy the Ticket, Take the Ride VI




6. Günter Wallraff


Wallraff, librero y obrero antes que periodista, es seguramente el periodista gonzo con una carga ideológica y un compromiso social más consolidados, además de uno de los mejores reporteros de investigación jamás vistos. Su inmersión en la escena es absolutamente radical e íntegra, sin titubeos y con la finalidad de desenmascarar las injusticias. Un periodismo transitivo en toda regla. Al igual que el periodismo gonzo de HST, el punto de vista de Wallraff es el de narrador protagonista. Wallraff se enmascara y vive los hechos en primera persona suplantando identidades (Alí), sin embargo su voluntad es más testimonial y concienzuda. El periodista alemán a diferencia de HST no se muestra, sino que se enmascara y actúa para acceder a realidades que a través de su presencia como periodista serían maquilladas por los poderes o directamente vetadas. Su camuflaje también resulta efectivo para sortear la autocensura de los propios explotados, comúnmente asustadizos y poco proclives a comprometer su mísera estabilidad. Esto es, mientras HST no se oculta, Wallraff se ve forzado a silenciar su ejercicio profesional. Su implicación es absoluta y la preparación de sus proyectos laboriosa, como lo atestigua su desembarco en Soweto con el apartheid como telón de fondo, frustrado cuando Mandela fue liberado. Wallraff lo registra todo (grabaciones secretas, fotografías, fotocopias) con el propósito de salvaguardase lo mejor posible en futuros litigios. A su trabajo de campo, su puesta en escena y la redacción, se suma la dirección de orquesta donde hace frente a todas las amenazas y reacciones adversas que despiertan su trabajo, y que ayuda más, si cabe, a iluminar a las hienas. Las reediciones de algunos de sus reportajes, con algunos fragmentos eliminados a instancias de los tribunales, siendo substituidos estos por nuevos detalles, no es sino una parodia del sistema judicial y su servidumbre.

Wallarff habla en primera persona, pero conecta al lector con las experiencias de los sin voz y los o
lvidados por los grandes, medianos y pequeños titulares. Su prosa es sencilla y contundente, sin grandes ornamentos. Un punto de vista, el de narrador-testimonio, combinado con una cierta omnisciencia editorial y un amplio trabajo de campo. Así encontramos entre sus páginas informes, fotografías, recortes de prensa, al mismo tiempo que amplía la información en su narración, a menudo con fuentes especializadas siempre necesarias para comprender con más tino los riesgos y situaciones narradas. Además, Wallraff pone un gran esmero en la reproducción de diálogos combinando exhaustividad e inmediatez.

Hoy, aquel que quiere combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, debe vencer al menos cinco dificultades. Le hace falta el coraje de escribir la verdad, cuando en todas partes la ahogan; la inteligencia de descubrirla, cuando en todas partes la esconden; el arte hacerla manejable como un arma; el juicio para escoger aquellos en cuyas manos será eficaz; la astucia para propagarla entre ellos. Estas dificultades son grandes para los que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de libertad burguesa.


Cinco dificultades para escribir la verdad. Bertolt Brecht.

Muy a menudo Wallraff ha pleiteado con denuncias que ponían en cuestión la legalidad de su periodismo gonzo tan bien encubierto. Un periodismo que provoca auténtico pavor entre la patronal y los poderes públicos. El dilema planteado es el eterno: ¿El fin justifica los medios? ¿Es lícito y moral que un periodista mienta para llegar a los hechos? Quizás lo preocupante sea un contexto, tanto legal como humano, en el que el periodista no puede acceder jamás a las situaciones más denunciables y se ve obligado bajo su propio riesgo a franquear barreras custodiadas por la turbia legalidad. Por fortuna, la libertad de prensa y el interés público han prevalecido, y los métodos de investigación de Wallraff han sido decretados constitucionales. El ejercicio de explotación amparado por algunas leyes jamás puede prevalecer ni limitar los derechos fundamentales, al igual que el abuso de poder no puede camuflarse con la defensa del honor. Wallraff se adhiere al ideario brechtiano y nos dice: “Hay que enmascararse para desenmascarar a la sociedad, hay que engañar y fingir para averiguar la verdad”. Una categórica denuncia al andamio judicial, servicial con el capital y sordo con el oprimido. Quizás el periodista recorra en ocasiones a métodos ilegales, pero no ilegítimos. En una entrevista concedida a Julio Sierra para El País, Wallraff sentenciaba: “Si existiese en la RFA una verdadera libertad de expresión no tendría que recurrir a estos métodos de trabajo”.

También, como todo periodismo gonzo, Wallraff pone de manifiesto las pocas agallas del periodista contemporáneo, vocero de perfil administrativo e indiferente a la podredumbre laboral de miles de trabajadores: ellos siguen ufanos y sin miramientos con sus rutinas de ennoblecimiento de los propietarios de dichas fábricas o grupos empresariales. En definitiva: escritorzuelos integrados en el sistema y bien retribuidos. Destaca de sobremanera su infiltración durante 4 meses (Sobre el arte de los grandes titulares. Wallraff, alias Hans Esser, periodista en Bild) en el diario Bild, prototipo de la prensa amarilla, con el fin de exponer su forma de manipular y falsear los hechos.


En el compromiso y talento de Wallraff por arrancar de la sombras los hechos y hacerlos públicos, en su cruzada por denunciar el sistema de libre mercado basado en la opresión del capital, se percibe la influencia de periodistas como el checo Egon Erwin Kisch, conocido como Rasender reporter (el reportero atrevido) y amigo de Brecht, que ya utilizaba métodos que fregaban la ilegalidad. Sin embargo, en Walrraff confluyen dos antecedentes. En primer lugar su admirado Émile Zola y la literatura realista, pero sobre todo los muckrakers norteamericanos de finales del siglo XIX y principios de siglo XX, aglutinados muchos de ellos en la revista Collier’s Weekly y en especial bajo el liderazgo de Norman Hapgood como director. Los muckrackers son rebuscadores de estiércol y pioneros del periodismo de investigación y de denuncia. A principios de siglo XX acometieron con dureza contra las deficiencias del sistema capitalista, al igual que atacaron la corrupción de políticos y empresarios, las pésimas condiciones de los trabajadores y los inmigrantes, la prostitución infantil, el rol de la mujer… siempre con la etiqueta a cuestas de comunistas y socialistas en un país que los miraba con recelo. Upton Sinclair, Nellie Bly, Ida Tarbell, Lincoln Steffens, Ray Standard y Riis, o más contemporáneos como Ralph Nader, son algunos nombres. Todos ellos reportearon con vocación transformadora -- y, también, por qué no decirlo, con algo de sensacionalismo -- con el ánimo de sacudir a la sociedad y hacerla consciente de las desigualdades y las corruptelas que cobijaba en su seno. Un espíritu contestatario que hoy en día encontramos en el campo de las ideas y los ensayos, pero no de la acción periodística y los reportajes.

Realista quiere decir: que desvela la compleja casualidad de las relaciones sociales; que denuncia las ideas dominantes como las ideas de la clase dominante.

Bertolt Brecht

Su libro insigne es Cabeza de Turco, probablemente el mejor ejemplo de periodismo gonzo jamás escrito. A través de Ali, un joven turco ilegal en la República Federal Alemana, Wallraff nos conduce por el pasillo de los horrores hasta el comedor de la Europa civilizada y culta. Xenofobia, opresión y esclavismo silente, empresarios criminales en connivencia con la administración pública, proyectos mengelenianos, etc. “Explorador de los límites de la abyección humana, Wallraff nos obliga a sondear insospechables honduras y bajar entre risas a los intestinos nauseabundos de la Europa superior, culta y civilizada”, escribió Juan Goytisolo. Para sus enemigos (patronato, poderes públicos y periodistas envidiosos), Wallraff es un irresponsable por atizar el fuego de la lucha de clases, como así rezan algunos panfletos contrarios al periodista. No obstante, sus escritos tienen un gran valor documental y ponen rostro al sufrimiento esbozado en infografías y deslavazados párrafos en los libros de historia. Prueba del verdadero desafío que representan sus escritos es el hecho que haya sido sometido a espionaje ilegal, tales eran los esfuerzos de algunos poderes de paralizar su actividad periodística y revolucionaria.


En suma, Wallraff es el mejor periodista gonzo, pues sus reportajes son el paradigma del reporterismo de investigación, fruto de un trabajo de campo metódico y además con un sentido y orientación del progreso muy definidos. Wallraff no se lanza como HST, en ocasiones, a la aventura, a ver que caza al vuelo. Wallraff es un periodista con conciencia y denuncia para transformar, sin miramientos. Así mismo, su inmersión en la historia no se enquista en una cogorza del yo. Al contrario, son reportajes más plurales y su visión se deja traslucir a través de la presentación de escenas, en un estilo directo que antepone la crudeza a cualquier concesión estilística. El juego del yo-yo es arrumbado por el aplauso. El lector no puede escapar a la realidad, no puede ponerse a resguardo: lo dantesco y surrealista hiela la sangre. El periodista indeseable, título que también da nombre a una recopilación de artículos escritos entre 1966 y 1977, seguramente lo sea tanto para el poder como para unos lectores que únicamente aceptan ese periodismo sin destilar a parcos y relamidos sorbos.



3 comentarios:

Andreu dijo...

"(...) Un dia, un dels capatassos de Thyssen que controlen la nostra feina va dir a en Yüksel, que havia demanat una màscara protectora, perquè tossia cada cop més mentre treballava:
- Les màscares, no les tenim pas per a vosaltres. A més a més, la pols és molt sana. Fa sang. I si t'empasses pols de ferro durant una estona i després et poses un imant al pit, segur que t'hi quedes agafat.
En Yürkel, que no estava per bromes d'aquestes, pregunta al nostre cap de brigada si això de l'imant és cert i aquest, davant de tothom i sense mirament, se'n fot... i li diu: "Turc de merda! (...)"

Óscar García dijo...

Interesantísimos tus artículos aunque disiento de tu punto de partida, la definición de periodismo gonzo.

Thompson es gonzo, Wallraff es investigación. El primero se exhibe, el segundo se oculta; el primero utiliza el entorno para su mayor gloria, el segundo se utiliza para mostrar la miseria del entorno.

Son dos enfoques absolutamente contrarios, opuestos. Thompson fue el primero que se convirtió en personaje, en celebridad, Wallraff se diluye, se transparenta, desaparece.

En este caso, el fin no es que justifique los medios sino que diferencia a los autores. Los fines perseguidos por Thompson y Wallraff son noche y día.

Me quedo con Wallraff, por supuesto.

Seguiremos la serie, por supuesto.

¡Saludos!

Tomás dijo...

Podemos disentir.

Para mí no hay distinción. ¡Wallraff es gonzo! Todo periodismo conlleva (o debería) un trabajo de investigación (afán por entender desde diferentes sensibilidades). Gonzo es, por encima de todo, una actitud ideológica y ética, además de estilística, que impulsa a necesitar ser parte de algo para narrarlo, sentirlo para exponerlo (¿Qué mal pinta la profesión para que debamos presentar el periodismo en su esencia como algo alternativo y radical, no?) ... y, sobre todo, dejándose ver (punto de vista narrativo). Esto no excluye el periodismo encubierto, pues el sentimiento de pertenencia a la historia puede ser incluso mayor, ni tampoco los más variados enfoques y fines (el gonzo es una disciplina y, como tal, se puede acometer con mayor o menor agresividad, con mejor o peor táctica, con respeto o frivolidad). Además, Wallraff se oculta para intentar pincelar un paisaje sin alterarlo en exceso, sin que esas escenas de crueldad infinitas y mundanas se apacigüen, pero para el lector el periodista alemán está presente (¡punto de vista narrativo!, material gráfico, etc) y, en cierta manera, también se exhibe aunque se prive del baño de masas ulterior: "De ninguna manera conteste yo ( Alí)". La gloria siempre está ahí: Salinger vive en la gloria bajo sus parámetros. En suma, para mí ambos constituyen los dos polos del periodismo gonzo (con algunas obras y no la totalidad, en el caso de HST) y comparto tu inclinación en esa balanza.

HST no fue el primero que se convirtió en personaje célebre. La misma figura que él representó está visible en aventureros como Jack London o Kisch, pero cada época difiere en ostentaciones y el impacto de sus hits.

Una abraçada als dos (tots som turcs).