24.7.09

Buy the Ticket, Take the Ride VIII: Más gonzos

Serie Gonzo (8/9)


Buy the Ticket, Take the Ride VIII


8. Más gonzos


Más allá del triunvirato expuesto, el periodismo gonzo ha sido trazado por diversos periodistas y escritores, de forma puntual o regular. De hecho, el periodismo gonzo tiene una gran tradición, dentro del periodismo y de la novela, todavía por explorar (alguna pieza de Kapuściński apuntada por un lector de este blog, por ejemplo). Desde George Orwell a Terry Southern hay un gran trabajo de campo todavía por saldar. El propósito de este capítulo es, además de abrazar nuevos nombres y obras para futuras lecturas, es realizar una rauda panorámica por el universo gonzo y algunos de sus precursores y correligionarios. ¡Olvidemos a HST!

Entre la producción nonfiction del aventurero Jack London (1876-1926), escritor norteamericano de raíces socialistas y precursor del gonzo, destaca The People of the Abyss (1903), libro donde el autor relata las duras condiciones de vida en Londres a principios del siglo pasado (1902). El escritor vagabundeó durante varios meses, durmiendo en las calles o en workhouses, experimentando en primera persona todas las carencias y testimoniando sus efectos. En Jack London, como después en Wallraff, el periodismo gonzo es únicamente el medio a través del cual vehicular sus convicciones y darles sonoridad. No les atrae el riesgo, sino la voluntad de transformar y combatir las injusticias.


Civilisation has increased man’s producing power an hundred-fold, and through mismanagement the men of Civilisation live worse than the beasts, and have less to eat and wear and protect them from the elements than the savage Innuit in a frigid climate who lives to-day as he lived in the stone age ten thousand years ago. The experiences related in this volume fell to me in the summer of 1902. I went down into the under-world of London with an attitude of mind which I may best liken to that of the explorer. I was open to be convinced by the evidence of my eyes, rather than by the teachings of those who had not seen, or by the words of those who had seen and gone before. Further, I took with me certain simple criteria with which to measure the life of the under-world. That which made for more life, for physical and spiritual health, was good; that which made for less life, which hurt, and dwarfed, and distorted life, was bad.

The People of the Abyss
. Jack London

Inspirado por el trabajo del muckracker Jacob Riis, autor de How the Other Half Lives, el trabajo de London sirvió así mismo de inspiración a George Orwell para su primer libro Down and Out in Paris and London, también material gonzo a recuperar. En el primer capítulo, titulado The Descent, London realiza quizás la primera declaración gonzo:
“But I don’t want to see the police,” I protested. “What I wish to do is to go down into the East End and see things for myself. I wish to know how those people are living there, and why they are living there, and what they are living for. In short, I am going to live there myself.”

Egon Erwin Kisch (1885-1948), periodista checo conocido como Rasender reporter (el reportero veloz o furioso) es un antecedente europeo algo desconocido, pero siempre citado en relación a Wallraff debido a la utilización de métodos cercanos a la ilegalidad y el engaño como puente ineludible antes de reportear. Kisch se infiltraba en los cafés, tabernas populares, asilos, trababa conversación con vagabundos, policías y prostitutas, con un gran poder de convicción. De calles y noches de Praga (Ed. Minúscula), además del único libro traducido al castellano, es una recopilación de artículos sobre Praga, subterránea y desconocida, realizada en 1912 con el material publicado por el autor en su espacio dominical titulado Correrías por Praga. Pionero del periodismo de investigación e incluso policiaco, Kisch es el gran antecedente del periodismo gonzo europeo, caído en el olvido en las facultades de periodismo.

Sus dos obras más importantes son Der rasende Reporter (1924) y Markplatz der Sensationen (1942) (“El mercado de las sensaciones”), ambos no traducidos al castellano y únicamente uno al inglés. En ambos se pueden encontrar artículos gonzo escritos en impetuosa primera persona. En Abajo con los desahuciados de Whitechapel, Kisch se disfraza de indigente y pasa una noche en un albergue de mendigos sin casa de Londres. En Experimento con una propina exagerada, Kisch recorre diferentes rutas del tranvía en Berlín observando cómo reaccionan los encargados del tranvía y el resto de viajeros frente a una propina exagerada. En Tres semanas como recolector de cebada, Kisch hace precisamente eso, y en Tras las huellas del Golem examina el mito del Golem en Praga.

Otra leyenda del periodismo encubierto fue Elizabeth Jane Cochrane, más conocida con el seudónimo Nellie Bly (1864-1922). Nellie Bly se dio a conocer con sus artículos de espíritu combativo en el Pittsburgh Dispatch hasta que solicitó empleo en el periódico de Joseph Pulitzer, The New York World. Su primer encargo fue elaborar un reportaje sobre un asilo psiquiátrico para mujeres en Blackwell’s Island. Antes tuvo que ensayar su locura y hacer creer a todo el mundo que debía ser internada: un circo de película con reminiscencias ulteriores en Beyond the Reasonable Doubt de Fritz Lang y, sobre todo, Corredor sin retorno de Sam Fuller. Examinada por doctores, consiguió engañarlos y ser declarada demente e indudablemente insana. El caso atrajo la atención de los medios de comunicación. “Who Is This Insane Girl?” titulaba el New York Sun. Internada finalmente en el centro psiquiátrico para mujeres (manicomio, vaya), Bly pudo comprobar en primer persona el trato de las enfermeras (rígido y abusivo), las austeras instalaciones y lo más duro: hablando con otras residentes se convenció de que algunas de ellas estaban tan sanas como ella lo estaba en realidad.

What, excepting torture, would produce insanity quicker than this treatment? Here is a class of women sent to be cured. I would like the expert physicians who are condemning me for my action, which has proven their ability, to take a perfectly sane and healthy woman, shut her up and make her sit from 6 a.m. until 8 p.m. on straight-back benches, do not allow her to talk or move during these hours, give her no reading and let her know nothing of the world or its doings, give her bad food and harsh treatment, and see how long it will take to make her insane. Two months would make her a mental and physical wreck.

Ten Days in a Mad-House. Nellie Bly
Después de diez días Bly abandonó el manicomio y reporteo sus experiencias que más tarde se publicarían en forma de libro con el titulo Ten Days in a Mad-House (1887). El escándalo estalló y también la fama. Psiquíatras y jueces habían sido burlados, pero lo más importante fue que un juez lanzó su propia investigación sobre el centro psiquiátrico con fines correctores, tanto a nivel humano como presupuestario. Bly consiguió transformar una deplorable realidad: “I am happy to be able to state as a result of my visit to the asylum and the exposures consequent thereon, that the City of New York has appropriated $1,000,000 more per annum than ever before for the care of the insane. So I have at least the satisfaction of knowing that the poor unfortunates will be the better cared for because of my work”. Antes de retirarse para ejercer de empresaria, Nellie Bly dio la vuelta al mundo en 72 días batiendo el entonces récord del mundo. Su record duró meses, pero su viaje fue reporteado en el libro Around the World in Seventy-Two Days.

Lester Bangs (1948-1982), músico y periodista musical, es un referente del periodismo gonzo de temática musical. Afamado colaborador de revistas como Creem, Rolling Stone, NME o Village Voice, es reconocido como una de las plumas más combativas que ha existido en el periodismo musical. Bangs se caracteriza por su total implicación y su cercanía con los artistas, en contraposición a las visiones más frías y academicistas. Bangs compartía excesos, momentos de gloria y crisis, con músicos como Patti Smith o Lou Reed. Su inclinación al insulto y la confrontación en las entrevistas, su descaro para inventarse fragmentos de las entrevistas y así darles una nueva dimensión, son parte de la leyenda de un periodista que se marchó antes de tiempo, víctima de los abusos. Su testimonio está recopilado en Psychotic Reactions and Carburetor Dung: The Work of a Legendary Critic donde se vislumbra su afán por separar el producto del artista, con un lenguaje impúdico y punzante, pero siempre clarividente.

The first time I interviewed him I had no real plans for doing a story; I had been following his work for years, and just wanted to find out what kind of guy he was. I didn’t expect much, really, or rather what I expected was either some narcissistic twit or more likely a character whose head was permanently lodged in the scientific/cybernetic/conceptual art clouds. Somebody who might be nice enough but was just a little too... ethereal.

The person I did meet that day was relaxed, gracious, and, to use his favorite word, one of the most interesting conversationalists I’d run into in some time. Unlike most rock people, he was interesting in lots of things beyond music and kicks; unlike many academic types, he recognized that a lot of the things he was interested in were somewhat arcane or overly theoretical, and that the jargon some of these concerns inevitably arrived in was incredibly dry. “Most of what I do has been thought about rather than talked about,” he said at one point, “and my resources of information are kind of quasi-scientific, which means that the language that comes out is really objectionable in a way.” He seemed kind of amused by this, when not at pains to make sure he wasn’t boring his guests to death. One of his biggest problems seemed to be people who wanted to impress him and acted like they knew what he was talking about when they really didn’t, letting him go on and on and on when he knew he had the tendency to get carried away. The clincher came at the end of the interview; it was getting towards dinnertime, and suddenly I had this picture of a Britisher who for all I knew didn’t have that many friends here, sitting in his hotel room in Gramercy Park all night, so I asked him if he’d like to get something to eat and then come over and listen to some records. “Sure,” he said, and then “Uh, say… um… would you happen to know any nice girls you could introduce me to?


Brian Eno: A Sandbox In Alphaville. Lester Bangs

En el campo deportivo el referente es George Plimpton (1927-2003), multifacético personaje que desarrollo la mayoría de sus escritos para la revista literaria The Paris Review. Plimpton es un referente del periodismo encubierto gracias a sus reportajes en los que se internaba en el objeto de estudio con el propósito de relatar la experiencia en primera persona, vetada como mero testimonio. Así se hizo domador de leones; sparring del boxeador Archie Moore, campeón mundial de los semipesados y con el récord de peleas ganadas por KO con 145; durante una temporada hizo de quarterback de los Detroit Lions; portero ocasional de los Boston Bruins de hockey sobre hielo (Open Net); intentó jugar en el circuito profesional de golf (PGA Tour); fue un profano percusionista de la Filarmónica de Nueva York de Leonard Bernestein durante una gira por el Canadá; disputó una partida con Gari Kasparov; fue vapuleado por el ex nº1 del tenis Pancho Gonzales, etc. Plimpton, también actor de cine de escaso recorrido, era un especialista en adentrarse en los vericuetos del deporte profesional y narrar sus experiencias desde un punto de vista amateur, no tanto centrado en el deporte y sus reglas, sino más bien en las personalidades que poblaban los vestuarios, las gradas, los hoteles… con grandes dosis de humor. Dos de sus eximios libros son Out of My Game, basado en su paso por los campos de béisbol, y Paper Lion de su periplo con el equipo de fútbol americano de los Detroit Lions. Recientemente el ex jugador del Joventut de Badalona, Paul Shirley, acometió una experiencia literaria similar.

De todos ellos el más cercano a los postulados de HST es sin ninguna duda Matt Taibbi (1970-), que de hecho ocupa una sección similar a la de HST (y P.J. O’Rourke) en Rolling Stone, con su columna Road Rage, además de escribir para New York Press. Taibbi, hijo de un periodista de la NBC, posee un talento incisivo para el comentario político, al que tan aficionado era HST, y detenta una visión igual de escéptica del mundo del periodismo y la política. En ocasiones caótico, anecdótico, hilarante y cáustico, Taibii también ha practicado el periodismo encubierto (undercover journalism). En su reportaje Jesus Made Me Puke. Matt Taibbi Undercover with the Christian Right, Taibbi se camufla en la iglesia del pastor John Hagee, uno de los predicadores evangélicos más influyentes del país, con el objetivo de dar un vistazo al universo evangélico, tan influyente en los 8 años de reinado de George W. Bush. Otra de sus masterpieces gonzo se lleva a cabo cuando se infiltra en la fiesta de cumpleaños del senador Conrad Burns, haciéndose pasar por miembro de un lobby que representa a una empresa petrolera que quiere perforar en el Gran Cañón. Las peripecias del periodista político más salvaje y entretenido del país no se detienen aquí. Taibbi ha vagado en un bote por el apocalíptico New Orleans post-Katrina con Sean Penn, ha viajado a Irak como periodista empotrado (embedded) donde paso tres noches en Abui Ghraib, etc.

It was a drive of several hours back to the FOB in Mosul that night, and after we made it without incident, we sacked out for the night. While we were sleeping, another soldier got shot outside the wall, but he wasn’t with us. Moreover, word filtered back the next day that the first police station we’d visited in Tal Afar the day before had been shot up with AK fire. When we gassed the vehicles before leaving the FOB, we ran into another squad that had been hit; I talked to a twenty-year-old Californian named Anthony Matthews who was just coming back from medical leave after taking an IED in the face. Matthews looked just barely old enough to have a beard and reminded me of someone I’d see pumping Slurpees in a Georgia truck stop, but his face was already lightly scarred from the bomb fragments. Like most of the Iraq casualties of late, he was a gunner.


Fort Apache, Iraq. Matt.Taibbi
Taibbi es autor de varios libros y recopilaciones de artículos. Spanking the Donkey: Dispatches from the Dumb Season es una recopilación de enojados artículos escritos durante la cobertura de las elecciones presidenciales del 2004, infiltrado y crítico con ambos bandos contenciosos, al igual que con los periodistas estrella. Unos artículos en los que el periodista norteamericano despliega toda su agudeza, su gusto por los escenarios, personajes y situaciones excéntricas, entretenidas y apetitosas en los detalles. A pesar de que constantemente le cuelgan la etiqueta de thompsoniano, él siempre ha intentado desmarcarse “I’m so sick of it. People throw that term around, gonzo journalism, but it’s synonymous with Hunter Thompson. He is gonzo journalism. The guy I really grew up admiring was H.L. Mencken”. Aún así, la asociación es tan inevitable como evidente en los temas y su tratamiento, y también debido a que, como HST, posee una gran personalidad que deja huella en sus escritos y los lectores.

I paused, wincing inwardly. An outsider coming into this world will feel sure that the moment he coughs up one of those “God told me to put more English on my tee shot” lines, his dark game will be instantly visible to all, and he’ll be made the target of one of those Invasion of the Body Snatchers-style point-and-screech mob scenes. But nothing could be further from the truth. You simply cannot go wrong praising God in this world; overdoing it is literally impossible. I would understand this better by the end of the weekend. Maria smiled. “I feel the same way. Have you ever been to one of these Encounters?” “No, I haven’t,” I said. “Me neither,” she said. “I’m really excited.” “They’re wonderful,” said the matronly Mexican woman in front of me, turning around. “They really change you forever".


Jesus Made Me Puke. Matt.Taibbi

Otro de sus libros recopilatorios más afamados es Smells Like Dead Elephants: Dispatches from a Rotting Empire que incluye la historia de la fiesta del senador Conrad Burns (How to Be a Lobbyist Without Really Trying), su viaje a Irak y su estancia en Abu Ghraib, su paso por la Nueva Orleans post-Katrina o su crónica del juicio de California contra Michael Jackson que definen la trayectoria de un reportero político y social consumido por el espíritu gonzo. Otro de sus libros es The Great Derangement: A Terrifying True Story of War, Politics, and Religion at the Twilight of the American Empire, e incluye su incursión en la iglesia de John Hagee, además de crónicas desenfrenadas de las ruedas de prensa del Congreso -poniendo el énfasis en la corrupción y la desesperación creciente de América- y encuentros de organizaciones convencidas de que detrás del 9/11 se esconde una gran mentira, los conspiracionistas. Taibbi acaba por afirmar que entre los cristianos renacidos (Born-again-Christian) y los terroristas no existen grandes diferencias de fondo. Todo ello con un estilo, acusado infinitas veces de sensacionalista, cínico y gratuito.

Ahondando en la vertiente que ha abocado al periodismo gonzo a un estilo cercano al del humorista político, preocupado en venderse a sí mismo a través de cualquier historia y escándalo, destaca P.J. O’Rourke (1947-). Así como Michael Moore informa al más puro estilo muckracker, al tiempo que entretiene y manipula de vez en cuando hacia la izquierda, con Rourke la sensación es que no hay intención periodística alguna, más bien que se trata de un nuevo columnista que acomete situaciones de riesgo, que se expresa de forma sarcástica y fuera del lenguaje políticamente correcto, que lanza opiniones provocativas e incendiarias, con el único objetivo de crearse un coro de seguidores y detractores, que se hable de él. Un periodismo donde el contenido de la denuncia no es tan importante como el hecho de transgredir las normas y enorgullecerse por ello. Sus largos viajes (el río Olga, Líbano, etc) invitan más a la carcajada macarra que a la reflexión productiva, constituyendo un producto de escaso y ligero recorrido. O’Rourke empezó su controvertida singladura en la revista humorística National Lampoon, creada en 1971 como vástago de la revista Harvard Lampoom, con amplia difusión hacia mediados de los años 70 como resultado de su humor crudo y surrealista.

A comienzos de los años 80, O’Rourke empezaría sus colaboraciones con la revista Rolling Stone a las que seguirían diversos libros. El bizarro sentido del humor de O’Rourke se mezcla con un ideario político conservador en cuestiones económicas, excepto en cuestiones sexuales donde se manifiesta liberal. Con facilidad para el insulto contra aquellos que difieren de sus proclamas, O’Rourke argumenta que “God is a Republican and Santa Claus is a Democrat because God is a tough, unsentimental S.O.B. and Santa Claus is a sweet old fellow who doesn’t exist”. O’Rourke apuesta en algunos de sus textos por el libre mercado y la mínima intervención del estado. Su frivolidad llega al punto de afirmar que vivimos en el mejor momento de la historia y que los Estados Unidos son el mejor lugar para vivir, al tiempo aborda con humor (All The Trouble in the World) temas tan delicados como la sobrepoblación, el hambre, los problemas ecológicos, el multiculturalismo y la miseria del tercer mundo, sobre todo la de aquellos países cuyos dictadores han usado el socialismo como pretexto.
Now a lot of people say to me, “Hey, P.J., you like to drive fast. Why not join a responsible organization, such as the Sports Car Club of America, and enjoy participation in sports car racing? That way you could drive as fast as you wish while still engaging in a well-regulated spectator sport that is becoming more popular each year.” No thanks. In the first place, if you ask me, those guys are a bunch of tweedy old barf mats who like to talk about things like what necktie they wore to Alberto Ascari’s funeral. And in the second place, they won’t let me drive drunk. They expect me to go out there and smash into things and roll over on the roof and catch fire and burn to death when I’m sober. They must think I’m crazy. That stuff scares me. I have to get completely shit-faced to even think about driving fast. How can you have a lot of exciting thrills when you’re so terrified that you wet yourself all the time? That’s not fun. It’s just not fun to have exciting thrills when you’re scared. Take the heroes of the Iliad for instance – they really had some exciting thrills, and were they scared? No. They were drunk. Every chance they could get. And so am I, and I’m not going out there and have a horrible car wreck until somebody brings me a cocktail.

How to DRIVE FAST on DRUGS while getting your
WING-WANG SQUEEZED and not SPILL YOUR DRINK
. P.J. O’Rourke

Unos de sus artículos más conocidos es How to DRIVE FAST on DRUGS while getting your WING-WANG SQUEEZED and not SPILL YOUR DRINK o Ferrari refutes decline of the West, de su colección de artículos publicados bajo el titulo Republican Party Reptile. Sátiras provocativas y al límite de la irresponsabilidad, siempre con la motivación de la diversión (because it’s fun) y el riesgo, aunque en realidad él sólo sueña con escopetear a todos los Dennis Hopper y Peter Fonda del país.

El último fenómeno, ni literario ni periodístico pero auténtico best-seller, en asociarse con éxito al periodismo gonzo es Tucker Max (1975-). Fermentado en Internet, quizás sea la versión más enfermiza, desde el punto de vista periodístico, ligada por los mass media al gonzo. Considerado por muchos publicistas como el último gonzo, Tucker Max es el autor del libro I Hope They Serve Beer in Hell (2006), una recopilación de short-stories, publicadas en su web, donde la incorrección política y verbal, la promiscuidad, el humor de la saga American Pie y Sexo en Nueva York, el libertinaje, los embarazosos encuentros sexuales, las borracheras...han hecho un cóctel que le ha permitido vender 70.000 copias el primer año. Humorista, actor y personaje de entretenimiento, Tucker Max goza de una basta y vasta audiencia deseosa de leer sus peripecias narradas en primera persona, desde las sábanas. Su presentación, apocalíptica para la tradición gonzo, es cómica: “My name is Tucker Max, and I am an asshole. I get excessively drunk at inappropriate times, disregard social norms, indulge every whim, ignore the consequences of my actions, mock idiots and posers, sleep with more women than is safe or reasonable, and just generally act like a raging dickhead. But, I do contribute to humanity in one very important way. I share my adventures with the world. They are known as: The Tucker Max Stories”. Poco o nada que ver con el periodismo gonzo. El contenido que propone Tucker Max es algo sobre lo que los libros de periodismo pueden pasar página, aunque su lema es puro gonzo adulterado: “I hope you enjoy reading this as much as I enjoyed living it”.

Así mismo, hay una serie de periodistas relacionados con el periodismo gonzo (además de todos aquellos que he olvidado incluir en una lista muy ampliable) de los que no he encontrado trabajos ni tampoco referencias de peso. Periodistas, por ejemplo, como Alan Cabal, colaborador de la revista CounterPunch y antes de New York Press, famoso por su defensa de Ernst Zündel, neonazi canadiense. Cabal se autodefine como un “certified satanist”. Otros periodistas en la órbita son Jordan Kobos, John Birmingham, Tom Luffman y el reportero de investigación Greg Palast.

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