17.9.09

Der Mann ohne Eigenschaften


Der Mann ohne Eigenschaften




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Me lo he hecho con...uno de Colombia, uno de Brasil, uno de Argentina... Uno de... Alemania cuando estaba en el instituto. Tengo un novio inglés...

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Sí que es romántico.


9 songs - Michael Winterbottom


“¡Y pensar que he desperdiciado años enteros de mi vida, que he querido morirme, que he sentido el amor más grande por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!”

Un amor de Swann. Marcel Proust.

No puedes matar al tiempo con el corazón. Todo ocupa tiempo. Las abejas tiene que moverse muy deprisa para permanecer quietas.

En lo alto para siempre. David Foster Wallace.




Yukio Mishima se preguntaba a los 24 años en Confesiones de una máscara: “¿Por qué llevamos todos la carga del deber de destruirlo todo, de cambiarlo todo, de entregarlo todo a la caducidad? ¿Será ese desagradable deber eso que la gente llama vida?”. Zygmunt Bauman ensancha el mapa de los sentidos: en estos tiempos líquidos todo unirse y separarse, todo hundirse y reflotar, toda muerte y resurrección simbólicas posibilitan “percibir la existencia simultánea del impulso hacía la libertad y el anhelo de pertenencia”. Pero siempre a medias tintas: ansiosos por una mano amiga y temerosos de la fuerza con la que nos puede asir mañana esa mano auxiliadora. Una ecuación desalentadora en la que mantenerse en movimiento es un deber agotador. ¿Confirma que desea mover a X y todos sus componentes a la papelera de reciclaje? ¿Desea actualizar y obtener la última versión de X ?

Si una empresa nos garantiza el reembolso en caso de quedar insatisfechos con el producto, ¿por qué no aspirar a lo mismo con X?, ironiza Bauman, mientras los medios siguen bombeando su advertencia: No lo olvide. ¡No hay nada peor que jugárselo todo a una carta! Las promesas a medio plazo no tienen sentido y usted no puede ni debe cerrarle la puerta a otras posibilidades gratificantes. ¡Usted mismo puede ser descartado en cualquier momento! No hay nada más fácil que apretar la tecla delete. Manténgase en línea, atento a nuevas redes. Es por ello que las relaciones virtuales, con su factor on/off, triunfan cada vez más. La cultura del hit single. Aunque claro, seguir esa senda líquida y prodigarse en la abundancia tampoco mitiga la angustia ni el deseo de pertenencia, ese “hasta que la muerte nos separe” tan neardenthal y sólo apto para espíritus indolentes, y tan propio de nuestra naturaleza domesticada. El sentimiento de inseguridad y el pavor a nuestra fragilidad son la espada entre nosotros y la pared: nos marcan el paso y tensan la relación entre la experiencia misma y el ritual. ¡Bendita liturgia! Una lógica colectiva y consensuada, como la de un turista más, donde el valor irrepetible del momento poco significa frente a la reproducción social de la ceremonia y su embotellamiento.

Un dilema perenne, pero no idéntico hoy que ayer. Lucano decía que el amor implica ser un rehén del destino. Quizás ahora el amor implica ser un rehén del último anuncio publicitario con música de Satie, de Kundera o Henry Miller, de Wong Kar-wai o Godard… y del tiempo que se agota, que se agota entre estas líneas. Rehén de infinitas representaciones que han desvalijado la realidad y mercantilizado lo humano, de relaciones mediatizadas por construcciones en la frontera entre el sueño y la vigilia, cuando nuestra impaciencia por recuperar el hilo de un sueño placentero en la inconsciencia desvelada nos conduce a la plena inconsciencia de la nada, al sueño más profundo: el despertar. “Todo lo que antes se vivía directamente, ahora se aleja en una representación”, escribió Debord. Vidas y más vidas asesinadas sigilosamente por modelos de vida sugestionados, más madera para la hoguera del capital. Etiquetado industrial de todos y todo, a fin de eludir el arduo trabajo de perforación, sin margen a la solidificación. ¿Quién garantiza que encontremos petróleo? ¡El futuro es seguir siendo humanos! ¡El mundo no se vuelve humano por el simple hecho que la voz humana resuene en él!


En todo consumo emocional hay que buscar la mejor relación costo-beneficio. Siempre abiertos a redimirnos con el cambio. Bauman no tiene piedad con las relaciones humanas, ensombrecidas por la esfera comercial. No tiene piedad. Ni con los hijos, principal objeto de consumo. Ni con los celulares, aparato que nos permite mantenernos conectados, pero siempre a distancia. Ni contigo, en tu campana de cristal y tu aire viciado. Y es que ni la victimización humaniza ni ser una víctima garantiza autoridad moral. Tan sólo el olvido se erige como condición del éxito. "Hay que estar siempre embriagado. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del tiempo, que os quiebra los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que emborracharos sin tregua. ¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis. Pero ¡embriagaros!", advierte Baudelaire.




En Mishima ningún acicate a la libertad y la pertenencia es tan enérgico, y también condenadamente egocéntrico, como la muerte, un hecho único e irrepetible del que no se aprende para el mañana. Y él sabia que morir no basta: hay que morir a tiempo, antes que la decadencia teja sus redes y antes que la invalidez se convierta en una probabilidad, y asiendo las riendas del destino. Así, un 25 de noviembre, el fecundo escritor le dejó a su editor La corrupción de un ángel, última novela de su tetralogía El mar de la fertilidad, y llevó a cabo su último y patético acto en defensa de la figura del emperador (Bunka boueiron) y las tradiciones niponas, según él gravemente amenazadas por las corrientes occidentales que soplaban en Japón. Atrás quedaba el imberbe Mishima que vivía la IIGM con
apatía política y hasta con cobardía al desertar de sus obligaciones con añagazas. Su suicidio es el ejemplo más patético, a tan elevados altares, de circuncisión entre arte y vida: una brutal disociación difícil de conciliar entre su sensibilidad artística y el personaje público, a lomos de un ultranacionalismo repleto de incoherencias. Y entonces, ¿por qué una persona con su talento e inteligencia escogió un pretexto tan fútil para el sacrificio con el que tanto...? Una contradicción más en un mar de contradicciones de un egomaníaco Mishima, siempre complejo, siempre exigente, que vivía a caballo entre dos culturas opuestas: la anglosajona y la japonesa ancestral. Sensible a sus dobles impactos, hasta que el deseo de representar su martirio y su narcisismo le empujaron al ritual con el que tanto había fantaseado, en vida y en obra.

“Toda mi vida he sido consciente de la contradicción que se da en la naturaleza de mi existencia. Durante cuarenta años, he luchado por solucionar ese dilema escribiendo obras de teatro y novelas. Cuanto más escribía, más descubrí que las palabras no son suficientes. Así que encontré otra forma de expresión”.

“Cuando un hombre alcanza los 40, no tiene la posibilidad de morir de forma bella. No importa lo que intente, morirá de decadencia. Se tiene que obligar a sí mismo a vivir”.

Desde pequeño Mishima idealizó la muerte, a través del arte, de la cotidianidad de los paisajes de un país en guerra o de su enfermiza abuela. Encadenado a un cuerpo enclenque, la muerte siempre lo acechó en sus pensamientos y él la saboreaba con morbosidad en los bombardeos, siempre bordeándola. Asimismo, desde muy joven su homosexualidad le hizo adoptar diversas máscaras en plena batalla por su afirmación, mientras jugaba desde la distancia a una normalidad convenida socialmente. Confesiones de una máscara, la primera obra de Mishima, escrita con tan sólo 24 años, narra su despertar homosexual y sus tendencias autodestructivas, su incontrolable atracción por la muerte, la belleza y la sangre, el constante andamiaje de su personalidad, su culto al cuerpo tan enfermizamente occidental, aunque de raíces clásicas y sensitivas...


Obra transgresora por su temática y transparencia, Confesiones de una máscara fue un éxito de ventas, y a ello contribuyó su prosa existencial y decadente, así como sus desnudos párrafos. También la franca exposición de sus incertidumbres y su abierta desconfianza a la voluntad y el carácter como guías de su comportamiento. Y su terror a la flaqueza, adosada a su vanidad, que le llevaría a convertirse en guerrero y culturista. “Formando parte de mi sistema de autodisciplina, adoptado desde la infancia, me decía constantemente que más valía morir que llegar a ser persona tibia, poco viril, que no sabe con claridad lo que agrada y lo que le desagrada, persona que sólo se desea ser amado y que no sabe amar” Tal era la encrucijada que jamás acabó de resolver. Agotó todas las palabras, vivió su ocaso. Cuanto más escribía más consciente era que las palabras estaban en decadencia, las mismas palabras que antaño le permitieron construir su mundo, construirse a sí mismo, pero que nada tenían ya que ver con el desbocado rumor del oleaje, con la invalidez que se aproximaba y con la oportunidad de un tardío y ridículo acto de heroísmo condenado al fracaso moral. Cayó la máscara y apareció el hombre.


“Todos dicen que la vida es un escenario. Pero la mayoría de las personas no llegan, al parecer, a obsesionarse por esta idea, o al menos no tan pronto como yo. Al finalizar mi infancia estaba firmemente convencido que así era, y que debía interpretar mi papel en ese escenario sin revelar jamás mi auténtica manera de ser. Como esa convicción iba acompañada de una tremenda ingenuidad, de una total falta de experiencia, pese a que existía la constante sombra de duda en mi mente que me hacía sospechar que quizá no estuviera en lo cierto, lo indudable es que todos los hombres enfocaban la vida exactamente como si de una interpretación teatral se tratara. Creía con optimismo que tan pronto como la interpretación hubiera terminado bajaría el telón y el público jamás vería al actor sin maquillaje. Mi presunción es que moriría joven era otro factor que colaboraba a mantener esa creencia. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese optimismo, o, mejor dicho, ese sueño en vigilia, concluiría en una cruel desilusión”.


Confesiones de una máscara. Yukio Mishima

8 comentarios:

Óscar García dijo...

¡Hombre! ¡Mishima! Jejeje.

No existe tal dilema porque es falso. No existe la necesidad de elección entre el amor para toda la vida y la aventura fútil. Porque no se ha de mirar desde el punto de vista de su final o de su duración en el tiempo. Lo único que explica una relación es lo que cada uno de los protagonistas consigue mientras dura.

Una relación que acaba no debe ser considerada un fracaso. Lo es si no ha valido la pena vivirla mientras duraba. ¿Amor para siempre? ¿Es que hay algo para siempre? ¡Si nosotros, pobres animales que desapareceremos en unos 60 años, si no antes, habitamos un planeta que también desaparecerá! ¿Por qué esa necesidad de trascendencia? ¿Por qué no aceptar nuestra insubstancialidad? ¿Por qué intentar fijar absolutos cuando no existen? ¿Por qué no vivir, sentir, gozar mientras nos sea dado en vez de intentar categorizar y establecer explicaciones, marcos teóricos, fronteras falaces?

Y mi querido Mishima es la muestra palpable de que ser un artista de las artes no implica ser un artista de la vida. Y que la inteligencia no te salva de la inadaptación. Mas bien al contrario.

Saludos.

Liquem Nuc dijo...

Siento ensuciarte esto con C&P pero me ha recordado a algo que leí de Zizek "ya no pasamos nuestras vidas en conformidad a la Naturaleza ni la Tradición; no hay un orden simbólico o código de ficciones aceptado (lo que Lacan llama el Gran Otro) para guiarnos en nuestro comportamiento social. Todos nuestros impulsos, desde la orientación sexual hasta la identificación étnica, son percibidos como cosas que elegimos." Magnífico post, en cualquier caso. No elegiremos no ser no deterministas. Saludos

David Flórez dijo...

Me ha resultado curioso que en un post titulado Der Mann ohne Eigenschaften, al final no haya aparecido Musil, entre otras cosas porque para mí es una novela/fetiche desde que la leyera a la misma edad que el personaje principal.

Y es que la novela es la mejor representación de la desorientación que se ha escrito, desde sus personajes, que deciden buscarse una razón para existir, pero esta no les lleva a ninguna parte sino a dar vueltas constantes en el círculo del infierno que ellos mismos han elegido, desde el propio momento de la acción, una sociedad que se cree en el culmen de su poder, pero que desconoce (aunque nosotros sí, espectadores del futuro) que en unos cuantos meses se derrumbará producto de la guerra mundial, hasta, en una última y definitiva ironía, una novela que crece y crece intentando contener al mundo entero y se convierte en inacabada, puesto que excede a las fuerzas de su propio creador.

En fin, magnífico post, en otro orden de cosas...

Clara dijo...

Seppuku...

MBI dijo...

LOST

Olvido dijo...

Me gusta venir a este lugar oscuro, tranquilo y distinto. Este post reúne muchos puntos para la reflexión incluso para indagar y rebuscar algún atributo propio. El resultado no deja de ser peligroso.
Tiene usted un magnífico rincón.
Un saludo

MBI dijo...

Vuelvo para oir la música y saber que apostar........pero no lo consigo.

Wilgefortis dijo...

Me ha gustado mucho. Me ha hecho pensar mucho, pero en plan bien. Es decir, de una forma extraña me ha hecho sonreir. He sentido alivio.