5.10.09

Jazz + Funk + Hip-Hop + R&B + Reggae… ¿Y por qué no?




Jazz + Funk + Hip-Hop + R&B + Reggae… ¿Y por qué no?




WTF Jam Sessions, un pulso por la experimentación en directo

Lunes tras lunes se libra una batalla en la sala Jamboree por la supervivencia de la música en directo, casi suicida si el jazz es cómplice, y más si la propuesta se autogestiona de forma popular, semana tras semana, con la venta de un exiguo precio de entrada y sin tutelas administrativas. Una inédita cara B de muchos músicos de nuestra escena donde la improvisación y la miscelánea de estilos son el leitmotiv de la noche.

Las What The Fuck Jam Sessions no viven de un producto etiquetado en una estantería del Fnac, sino de un brioso espíritu en los subterráneos de la Plaza Real, repletos de aullidos ginsbergianos y a galope tendido de una escena musical barcelonesa atestada de fanfarria. “Las WTF Jam Sessions surgen de las fiestas de cumpleaños que organizaba en mi casa, con amigos de todo el mundo que aportaban comida y música de donde provenían. En el momento en que se hicieron demasiado populares dejé de hacerlas en casa y las llevé a Jamboree”, explica Aurelio Santos, programador, presentador y alma máter. Y allí, al refugio del bullicio de la metrópolis, un 24 de junio del 2001 se reunieron entre amigos, poco más de 50 personas en el pistoletazo de salida de las WTF.

Ya consolidadas en la agenda musical, las What The Fuck Jam Sessions son un auténtico laboratorio de pruebas, certificado con la calidad indeleble de las afinidades electivas de los sospechosos habituales, así como de infinidad de trotamundos que han pisado su escenario, reunidos para improvisar a partir de estándares o alguna melodía tarareada al momento. “Cada lunes es una humilde aportación a la escena local de la música en vivo. Todo lo demás es lo que cada uno quiera aportar o representar, ya sean estos músicos afamados y de éxito, o músicos noveles, o recién llegados necesitados de reconocimiento y trabajo”, comenta Aurelio. Músicos, muy dispares, como Donald Harrison, Christian Scott, Avishai Cohen (trompetista), Avishai Cohen (contrabajo), Eric Harland, Neneh Cherry,Orishas, Cheikh Lo, Fishbone, Perico Sambeat, Seamus Blake, Gary Willis, Armand Sabal-lecco y muchos más que no lo dudaron ni un segundo antes de subir al escenario, además de los asiduos Guillermo Calliero, Raynald Colom, Guim Garcia-Balasch, Adriano Galante y un largo etcétera. La última sensación Félix Rossy, trompetista de 14 años, que compartió escenario, entre otros, con el genial saxofonista Chris Cheek, un sentido choque generacional que incendió el espíritu de los presentes.

La noche se inicia con la única certeza de un concierto de los artistas invitados y, de aquí en a
delante, barra libre para los músicos con agallas y discurso. Cuatro horas y media en total de música hasta bien entrada la noche, sinónimo de jazz y cobijo de las pasiones más espurias y los espíritus más indómitos, también al saxo o la trompeta. “La actitud que predomina es la de no prejuicios, dejar que la música canalice a través tuyo. Evidentemente, el ego también debes dejarlo aparcado fuera. Yo con ver las cabezas del público sacudiéndose arriba y abajo ya estoy contento”, confiesa Marc Ayza, adictivo a la batería. Y añade: “En ocasiones las jams asimilan el espíritu de una audición de final de curso con músicos nerviosos a la espera de su momento o frustrados por no haber tocado bien. Yo lo que busco en una jam session es que sea una fiesta donde se mezcle la creación, la amistad, la euforia…y las WTF son lo mas cercano a ello”. En opinión del contrabajista Thomas Kent Warburton, las WTF “tienen su propio perfil, más amplio que otras jams, con una fusión entre muchos estilos que no tiene la típica jam, algo más cerrada en general”.



“Es un lujo espectacular. Es como tocar en familia y son muchos años de educación mutua”, afirma LLibert Fortuny, l’enfant terrible del jazz europeo, capaz de releer un sábado a Mozart en clave de jazz y un lunes experimentar con los pedales de creación de loops en clave funky. Con licencia inexcusable para experimentar, el escenario se transforma en un laboratorio donde el músico testea libremente sus hipótesis, manipulando variables con el objetivo de cotejar la respuesta de los asistentes y, en definitiva, retroalimentarse recabando una información de primera mano. Un sentimiento imperceptible para el artista confinado en el estudio. Aunque, como advierte LLibert, “si el músico de creaciones propias se deja arrastrar por una tendencia quizás todos nos estemos perdiendo algo que podría ser más interesante”.

De espaldas a las discográficas y sin presión, los músicos arriesgan con sus propuestas llevándolas más allá de cualquier de canon, evolucionando por el contacto con una amalgama de estilos y, también, promocionándose para hacer de la trasgresión una convención que transgredir. “La actitud de las WTF ahuyenta los complejos y las manías. El ¿y por qué no?”, explica LLibert. Asimismo, las WTF también constituyen un sonoro ritual de iniciación equiparable al practicado por nuestros ancestros y donde sólo importan las ideas: cuando un músico empieza a repetirse pierde su audiencia entre los ruidos de las copas y los flirteos rítmicos. Las WTF son además un buen escaparate para los trotamundos, de la misma forma que en la época dorada del jazz los músicos recién llegados a la ciudad se dirigían a una jam en busca de un contrato. "Es una buena pista para aterrizar y, después, despegar”, reconoce Warburton, contrabajista de Kansas que aterrizó hace 7 años, y ahora convertido en un músico muy codiciado: “En las WTF yo conocí a mucha gente que me dio trabajo en sus formaciones. Demasiada gente para hacer recuento”.

“Improvisación sólo existe en el momento y hay que vivirlo, tanto el artista como el público. El momento es todo lo que tenemos, todo lo que compartimos, y el jazz lo comunica si estás atento”, opina Warburton. Y allí, sobre el escenario, una vez la jam da comienzo, se rinde un tributo a la improvisación como campo de batalla del músico. “El espíritu de los músicos de jazz es la improvisación y para ello nos preparamos, para entender un lenguaje y desarrollar ideas y conceptos musicales al momento, al igual que un MC hace con las letras o los trovadores en su época”, apunta LLibert. Un apetito por las distancias cortas que no es consecuencia de la reestructuración de la industria musical, ni sorprende al jazz: “Durante muchos años se hacían producciones de pop/rock que duraban meses. Ahora todo ha cambiado: no se venden discos, las grabaciones tienen una producción menor y los grupos tienen que sonar más en directo. El músico de jazz siempre ha sido un músico del directo, nunca de estudio, en parte debido a que jamás hemos tenido los recursos de producción y ventas necesarios”.


Orquestadas por Aurelio Santos, las What The Fuck Jam Session y sus cómplices son acusados de herejes en boca de críticos aferrados a la tradición jazzística más clásica, pero olvidadizos con la historia. “El escepticismo es muchas veces sinónimo de ignorancia”, sentencia LLibert. Cada pieza musical en las WTF constituye una versión definitiva de algo y, al mismo tiempo, una obra en progreso, sin nombre y quizás irrecuperable, al igual que muchos solos de Charlie Parker antes de la aparición de Dean Benedetti. Un producto sin envasar que los críticos no pueden precintar, pero que se vive en directo y de forma irrepetible, en visible anarquía. “Respecto a esta supuesta anarquía has de tener las orejas y la mente bien abierta. Hacer que una groove camine no tiene nada de anarquía”, advierte Ayza. Al igual que el jazz, impuro por naturaleza, las jam sessions de Jamboree absorben lo mejor de todos los roces, combinando jazz, funk, hip-hop, r&b, reggae, electrónica... “A mí me ha servido para conocer a músicos que por escena o estilo no estaban en mi camino. Ello me ha permitido ser consciente de diferentes realidades y eso me ha influido”, reconoce Ayza, uno de las baterías con más proyección y presente de la escena. En definitiva, una auténtica torre de Babel abandonada (afortunadamente) por los gerentes de la cultura en la que nacen infinidad de idiomas y melodías. “Siempre he dicho que es un gustazo tocar jazz con la energía de un concierto de rock”, golpea Ayza.

A pesar de que las WTF son las más concurridas, Barcelona tiene una gran tradición jazzística y son diversos los locales en la actualidad (Continental, Heliogábal, Harlem Jazz Club, Robadors 23 o la sala Monasterio) los que programan propuestas de jams. Sin embargo, si bien hay una gran oferta de música en vivo todos los días, en general se trata de “una oferta low cost, o sea, poco dinero para los músicos, alegalidad en las condiciones y precariedad en el equipamiento”, comenta Aurelio, si bien “tampoco hay una grandiosa cantidad de público como para pensar en que se pueden montar programaciones por doquier. Ni siquiera en lugares como en Nueva York o Londres hay una grandísima cantidad de público para los clubes, pero si mucho más hábito a la hora de acudir a los locales”.

Por consiguiente, algunos locales que programan jam sessions carecen de una programación estable y los festivales, a pesar de su éxito en taquilla, son un fogonazo sin una base sólida de público, una fallida correa de transmisión a corto plazo para una programación más arraigada. “Los festivales deberían ser la celebración de una escena boyante, pero todo ese público que va a los festivales suele dar la espalda generalmente a la escena regular de música en vivo. No les culpo, pero es reflejo del poco hábito a la hora de ir a ver música en los clubes, lugares donde se gesta la buena música en las distancias cortas”, apunta Aurelio, quien opina que todo nace del bajo concepto que se le atribuye al arte hoy en día: “La gente paga 10 y hasta 15 euros por entrar en una discoteca, pero a la vez se lo piensan mil veces antes de pagar 10 euros por acudir a ver un concierto de jazz”.

Si en la tan cacareada sociedad posmoderna reina la indiferencia de masa y un sentimiento de reiteración, que únicamente premia la experiencia reflejada en los grandes titulares, la música en directo y, sobre todo el jazz, vive aquejada por el refulgir de las grandes citas. Aquellas que abusan de la obcecación de nuestras instituciones por colocar Barcelona en la agenda cultural de la plena ocupación hotelera, construyendo castillos en el aire que una vez chalaneados por el mejor postor desvelan una planicie árida con cuatro matojos mal irrigados. “Siempre he dicho que los festivales de jazz funcionan por si solos como acontecimiento. El público, muchas veces, acude al acontecimiento y no al concierto”, reflexiona Ayza. ¿Y el músico? “Recuerdo una vez que en las noticias anunciaban el inicio de un festival. Me impacto ver cómo entrevistaban al organizador mientras los músicos estaban tocando al fondo. De los músicos que estaban tocando no se dijo ni pío. El mundo al revés”.


Según LLibert, el público acaba siendo esclavo de la publicidad. “Con dinero puedes hacer que 10.000 personas vayan a un campeonato de natación sin agua en la piscina. La realidad es que sin dinero la comunicación desparece y sólo funciona el boca a boca. Los festivales tienen una larga tradición en este país y también muchos camiones de cerveza recordándote las fechas del festival y aquel músico que suena tan bien y que dicen que es la hostia. Y puede que sea la hostia, pero también hay otra oferta que también es la hostia y que simplemente no llega al público. Es algo habitual en la programación estable de este país y ¡tenemos mucho trabajo que hacer¡ ”.












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Aurelio Santos







6 comentarios:

Félix dijo...

Música en estado salvaje, sin guardas ni parques protegidos, campando por sus derroteros siguiendo la única regla de la naturaleza: vivir.

Me anoto el Jamboree para mi próxima visita a Barcelona. Que siga el swing.

Esther* dijo...

Uyyy me han entrado ganas de Jamboree, que hace mucho que voy! lo mío son los jueves en Monasterio, es a la jam que más fiel soy, el blues que aiiiis...que tendrá! Me ha gustado mucho esta entrada al blog, sí señor :)

Aurelio Santos dijo...

De veras me ha emocionado tu capacidad para plasmar una conversación nocturna y bastante random.
Creo que esta pieza resume de una manera bastante fiel el sentir de unos cuantos apasionados por esta escena.
Como me gustaría que muchas de las cosas que se dicen se hicieran realidad, de verdad.
Un saludo.
aurelio

ESTHER dijo...

Estupendas fotos Tomás, así da gusto.

(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Me he ido (para no volver (Dios queriendo lo que le de la gana)) de Barcelona el lustro 2004 ad. y no había extrañado eso desde entonces, hasta que leí un cuarto de este texto (y eso que mi equipo Bolívar juega con el Barcelona el miércoles en un amistoso post-apocalíptico), ahora comprendo (además de despedirme del Pol) porque lloré en ese taxi al salir de Aglá 5-2... nido de coloridas ratas góticas...

No puedo seguir (leyendo)

VIVA EL JAZZ Y VIVAN LOS NEGROS: SU TIEMPO ESTÁ APENAS LLEGANDO

Fetish femina dijo...

Hará unos meses disfruté de su espectáculo (pienso que no hacen sólo música) en el CCCB y me dije aunque llegar y volver a BCN en lunes noche sea una odisea tengo que mover los hilos para que esto vuela a suceder. Tu texto me ha hecho recordar que tengo una cita ineludible.

Gracias :)