13.1.10

Éric Rohmer: el rayo verde se extinguió




Éric Rohmer: el rayo verde se extinguió (11/01/2010)





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Sin siquiera quererlo,
ella se burlaba de mi. Esta chica, por quien sólo
había llegado a sentir a lo largo del año una especie
de compasión avergonzada nos había adelantado
a todos en la línea de llegada. Nos hacía parecer unos
niños. Y lo éramos. Culpable o no, ingenua o astuta,
después de todo, ¿qué importaba? Al privarme del
derecho de compadecerla, Suzanne se había asegurado
una verdadera venganza.



Est Mort. Mort. Mort. A pesar de que uno tampoco se obliga ya a escribir sobre lo que no tiene interés más que para sus jefes, nada tiene interés más allá de sus recuerdos. Mort. Mort. Mort. Si persiste en amar a aquellas que ya dejaron de amarle y de despreciar a aquellas que creen amarle es asunto suyo, y de nadie más. Est Mort. Mort. Mort. El cineasta de las palabras, el taxidermista de las relaciones humanas, pónganle la etiqueta que más guste, y sin olvidar mencionar a la nouvelle vague, ese cine prêt-à-porter que tan bien viste cuando se experimenta una primera etapa de peligro. ¿De dónde extrajimos la creencia de que era inmortal? Lo es ahora, sí, pero ello no impidió que envejeciéramos de golpe con la noticia, derramásemos alguna lagrima y los días se hayan teñido con una melancolía lacerante... en la evocación de aquellos días en que su mano nos guiaba entre una telaraña de seducciones e ilusiones y engaños eternamente jóvenes, como este humanista de 89 años de una ola distinta, siempre tan discreto y tan poco amante de las excentricidades de algunos de su colegas de Cahiers. Eternamente joven, como nosotros lo éramos al salir de una cita en Méliès con Jean-Louis Trintignant y Françoise Fabian, a finales de septiembre cinco años atrás, con toda su verbosidad colgando de ecuaciones sin confrontar, e igualmente zagal pero algo más paleto tras los cantos de sirena de Haydée Politoff o buscando a Amanda Langlet entre unas páginas veraniegas sin atisbo alguno de destellos que confundir.

Cuentos y estaciones de diálogos donde sus personajes a menudo se enredan en palabras, se esconden tras ellas, se confunden en ellas, contradicen sus sentimientos por culpa de ellas y se proyectan sobre ellas sometidos al azar y víctimas de las apariencias. La incertidumbre perpetua, las dudas, la vulnerabilidad, la curiosidad, todo ello filmado a la altura de los ojos de los personajes y con luz natural, con unos presupuestos comedidos que le garantizaban su independencia creativa. Rohmer sobresalió por la audacia de sus postulados, su integridad hasta el último suspiro e incluso su temeridad, obligaciones todas de cualquier cultura que se precie. Si él, hombre de letras, situó la palabra en el centro de la narración, ello no debe deslustrar su aguda capacidad de observación de la ligereza y de la gravedad humana, que bajo una presentación austera y sin grandes artificios revelaba la insondable complejidad de las relaciones humanas, sus contradicciones y, sobre todo, su malsana autosatisfacción. Ahí quedan sus tres ciclos, cíclicos en sí mismos, casi siempre rodados sobre las mismas premisas en sus actos y epílogos, comedias y proverbios plagados de una logorrea exasperante para muchos, alejados del dictamen de la imagen moderna pero sin perder un ápice de modernidad. Jansenista y nada complaciente, no tenía prisa por iluminar aquello que otros calcaban con torpeza. ¡Y qué decir de su oído! Para concluir Le rayon vert tan sólo le faltaba el rayo, ese fenómeno óptico real y tan poco frecuente: según la leyenda un segundo mágico en el que dos personas descubren simultáneamente su amor, el verdadero mito. Sin trampas, invirtió más dinero en su búsqueda que en el resto del rodaje hasta que capturó (Las Palmas de Gran Canaria) el insólito momento. Est Mort. Mort. Mort. Rohmer no nos abandona con las manos vacías, también se lleva lo más preciado. Éric, à très bientôt.



Ah ! Que le temps vienne
Où les coeurs s'éprennent
Rimbaud



9 comentarios:

Jin dijo...

verborrea, sí, pero espléndida. gracias por este escrito tan bueno y sentido, Tomás

Lara Oliveau dijo...

Un bon homenatge a Rohmer, el mereixía.

Records des d'un altre costat de Barcelona.

Olvido dijo...

Me gusta este cálido homenaje. Hay una intimidad en tus palabras que te acercan más a él. “Est Mort. Mort. Mort.”
Un saludo
À bientôt

Ma.Ri.Na. dijo...

Sí, lo volátil triunfa... artificiosamente.

Mort. Mort. Mort.

El año concluía. Mientras yo estaba a punto de catear el curso y de perder a Sophie, Suzanne, en cambio, era feliz.

luisru dijo...

Preciosa la imagen de la Carrière de Suzanne que acompaña esta entrada. Y preciosa la peli.

MBI dijo...

El punto verde, fugaz y eterno.

Esa sensibilidad intima que contiene el arte, que se desplaza para todos en un instante, como ese punto verde que se derrama en tus palabras.

David Jack dijo...

Precioso homenaje

Salutacions desde Sydney, com sempre.

www.imaginajack.blogspot.com

MBI dijo...

Personajes escondidos...
todo me hace recordar esa frase que adoro del Cementerio Marino:
"La vie est vaste, étant ivre d´absence" de P.Valéry

(La vida es vasta en su ebriedad de ausencia)

Anónimo dijo...

post impresionante. Realmente disfruté la lectura de su blog.